Farándula

“Las grandes crisis de la vida tienen una particularidad”

Rafael Ramos, psicólogo

Las grandes crisis suceden por algo que no estamos esperando, por cosas que llegan de un momento a otro y desacomodan nuestra historia. Las crisis tienen la particularidad de movernos el piso, hacernos creer que perdemos el control sobre aquellos ejes que siempre hemos considerado fundamentales.

Por supuesto, que hay temas que mueven todas nuestras emociones en una primera etapa, que disparan la angustia, la tensión y la preocupación. Es válido permitirse este conjunto emocional porque nos ayuda a sentir, llorar y descargar lo que sentimos.

También nos lleva a pensar y a hablar, pero el reto es vivir la crisis, abiertos a escuchar y comprender todo lo sucedido sin rechazarlo, todo lo contrario se debe vivir procurando entenderla para poder enfrentarla.

Es posible que desarrollemos herramientas de enfrentamiento una vez que nos damos a la tarea de sentirnos capaces de seguir adelante.

Una de las características de manejo emocional ante una crisis es la tendencia a aislarnos, a no expresarnos y callarnos, pero esto genera una sensación de agobio y soledad innecesaria.

En medio de las crisis debemos estar acompañados por otras personas que quizá no tengan claridad absoluta para orientarnos, pero que nos generan una sensación de acompañamiento y que pueden calmar nuestro corazón. Esto contribuye a que los demás sepan qué nos pasa, cómo nos estamos sintiendo, qué necesidades tenemos, cuáles situaciones estamos enfrentando.

Los otros pueden convertirse en ejes de apoyo, solidaridad y nos podríamos sorprender de lo que vamos a recibir de los demás, aunque nos toca hablarlo y expresarlo.

Las crisis no se manejan solos, así quee estamos en la obligación de hablar, de retarnos y confrontar todo lo vivido. Puede que con una actitud de apertura y disposición encontremos un apoyo con el que no contábamos de personas que están ahí para nosotros, haciendo nuestra carga más liviana.