Erick Quirós.11 agosto
La familia ya está bien acomodada en su nueva casita Fotografía: John Durán
La familia ya está bien acomodada en su nueva casita Fotografía: John Durán

Doña Kelia Cruz celebrará este Día de la Madre acompañada de sus cuatro hijos, con la satisfacción de saber que todos están muy bien, creciendo pochotones y que tienen un lugarcito donde dormir y vivir cómodamente gracias a ella.

Esta familia es una de las 64 beneficiadas por el proyecto social de vivienda condominio La Arboleda, en la ciudadela León XIII, en Tibás. Un lugar precioso, seguro y bien equipado para que todos estén contentos y orgullosos de su casita.

La historia de esta madre es admirable y digna de contar, pues arriesgó su vida para salvar a sus pequeños Kelian, Frania, Anderson y Génesis (en ese momento de 14, 11, 5 y 2 años) luego de un terrible incendio que azotó la localidad y que consumió el ranchito donde vivían en el 2016.

En total fueron 72 viviendas destruidas y más de 200 personas lo perdieron todo y quedaron en la calle.

El fuego fue ocasionado por un hombre de apellido Jiménez y cobró la vida de cinco personas. Fue una verdadera tragedia y un crimen que impactó al país.

Esa noche fue lo más parecido al infierno para Kelia Fotos: Wilbert Hernández.
Esa noche fue lo más parecido al infierno para Kelia Fotos: Wilbert Hernández.
La tragedia

La pesadilla que vivió la familia de doña Kelia inició pasadas las once de la noche del sábado 26 de noviembre del 2016.

En ese momento, ella y sus hijos estaban durmiendo cuando escuchó un estruendo afuera de su casa que la despertó de golpe. Se levantó a revisar y la fuerza de las llamas la hicieron tirada para adentro. Era imposible salir por la puerta principal del hogar.

Escuchaba gritos y otros sonidos que hacían que los segundos se hicieran eternos.

El miedo y la desesperación de que algo le podía pasar a sus hijos se apoderó de ella. Pero la adrenalina y el amor de madre pudieron más y en dos toques agarró a los dos más chiquitillos, que estaban dormidos, y los sacó alzados del cuarto.

Luego se fue a donde estaban las más grandes, pero como estas tenían la puerta cerrada no había manera de sacarlas.

Por más que muchos la pulsearon, no hubo manera de recuperar nada. Fotos: Wilbert Hernández.
Por más que muchos la pulsearon, no hubo manera de recuperar nada. Fotos: Wilbert Hernández.

En eso apareció un amigo de la familia, Álvaro Montoya y reventó la puerta a patadas. Era la única manera de salir vivos.

“Le dije a mis hijas que salieron rápido y la mayor me decía 'tenga paz’”, recordó de manera jocosa.

La única opción de salir del lugar era por el patio, que daba directamente al cauce del río Virilla, el cual es uno de los más contaminados del país y que en ese momento estaba un poco más lleno que de costumbre, ya que el país era azotado por el huracán Otto.

Como si fuera poco, el río estaba lleno de piedras que podrían causar una fatal herida a cualquiera. A pesar de eso, doña Kelia le pidió fuerzas a Dios y se lanzaron.

“Saqué a mis hijos, nos abrazamos y nos tiramos, era altísimo y el río estaba muy sucio, pero había que hacerlo o íbamos a quemarnos.

"Cuando caímos mi hija mayor se desmayó porque pegó con una piedra y mientras yo estaba viendo cómo la sacaba para que no se ahogara, tenía que estar poniendo la mano entre otra piedra y mi hija menor para que ella no se golpeara, terminé con la mano toda rota”, dijo.

A la hija mayor la salvó su amigo y ella se preocupó por salir lo más rápido posible del lugar porque el peligro no había pasado.

“Era como lava, sentía mucho calor y me ardía demasiado la cara, pero no me imaginaba que mi hija se me quemara”, comentó.

Ya después de tanto sufrimiento apareció la pareja de Kelia y las ayudó a subir por La Peregrina, en La Uruca.

La familia no olvida lo que vivieron. Fotos: Wilbert Hernández.
La familia no olvida lo que vivieron. Fotos: Wilbert Hernández.

“De tanto luchar la única ropa que teníamos quedó destrozada. Llegamos a la Pere y me fui, Dios me dio fuerzas para sacarlos, pero ya después no pude más y me desmayé”, aseguró.

La madrugada la pasaron en la calle porque no tenían donde ir. Una vecina les dio ropita y al siguiente día se fueron al albergue de León XIII, donde estaban los demás afectados.

Cuando pensaron que ya las malas noticias habían acabado, doña Kelia se dio cuenta que un amigo cercano a la familia era una de las víctimas del incendio.

Al parecer, su vecino Oswaldo logró sacar a su esposa, pero se devolvió a la casa para ver si podía recuperar un pedacito de lotería que estaba premiado, pero murió trágicamente luego de que una lata le cortara su cabeza.

“Quedé traumada cuando me enteré lo que le había pasado a él, era amigo nuestro y pasé como mes y medio llorando, me tuvo bastante mal”. agregó.

Tanto a ella como a su familia les ha costado muchísimo olvidar esa terrible noche.

“Génesis, que es la menor, cada vez que mira el humo se acuerda y se tapa la cara. También mi hijo, tenía una colección de muñecos de Los Vengadores y todavía los recuerda y los llora porque para él era lo máximo”, señaló.

Aún así, agradece que todo ahora es solo un mal recuerdo.

“Yo no me imagino si a uno de mis hijos le hubiera pasado algo, con solo pensar en que tuvieran un puntito me parte el alma”, aseguró.

Para Cruz y su familia el sol salió después de tanto tiempo / Fotografía: John Durán
Para Cruz y su familia el sol salió después de tanto tiempo / Fotografía: John Durán
Sueño cumplido

Los durísimos momentos que vivieron poco a poco fueron quedando atrás y el sol empezó a salir para su familia.

Por suerte, contaron con el apoyo del IMAS, que durante este tiempo les dio para el alquiler y para los electrodomésticos.

Doña Kelia había escuchado del proyecto social impulsado por el Gobierno antes de que sucediera lo del incendio y por eso hizo todas las vueltas para formar parte de los beneficiados.

Pero tampoco fue algo fácil, la familia sobrevive con un salario de 250 mil al mes que recibe su pareja y necesitaban juntar 350 mil para los gastos de formalización del abogado y otros detalles.

“Mis hijos durante este tiempo se olvidaron del cereal, de la leche y los tuve comiendo puro arroz y frijoles con huevo. Tuvimos que ir sacando esa plata de a poquitos porque no la teníamos y no había forma de tenerla de una vez”, explicó.

También se tuvieron que poner las pilas y ayudar a la hora la construcción del condominio donde ya llevan poco más de tres semanas de vivir.

“Hicimos bingos, ventas de todo, pegué adoquines, zacate, jalamos arena, todos hemos trabajado muy duro para que esto sea realidad. El primer día dormí profundamente, sin el olor a marihuana que había en el lugar donde estábamos antes”, dijo.

Aún así, dice que todo esfuerzo vale mucho la pena al estar ya en casita.

“Es un regalo que no se compara con ningún otro, no hay nada como tener casa propia, sé que si me muero ya mis hijos tienen dónde quedarse y aunque espero que eso no pase pronto, por lo menos da mucha tranquilidad”, afirmó.

(Video) Kelia Cruz salvó a sus cuatro hijos de un terrible incendio en León XIII