Columnista.9 noviembre

Todos los días es lo mismo, una y otra vez los problemas aparecen y no hay soluciones, no hay diálogo, ya que es una relación abiertamente desgastante. ¿Va a seguir ahí?.

¿Por qué terminar si hay mucho amor para dar y tenemos mucho que recordar? Pero, ¿qué pasa sí en medio de los bellos momentos hay ciclos que se repiten sobre un mismo tema o por conductas problemáticas? No hay crecimiento, no hay reacciones, no hay soluciones, es decir, son relaciones con dos temporadas de paz en el que los problemas se convierten en huracanes cuando aparecen. Si esto es así, es una relación disfuncional.

Tomar la decisión de terminar nunca es fácil y antes de llegar a este punto, toda pareja, debe tener muy claro que se deben agotar todas las posibilidades de reconstrucción y para conseguirlo se requiere de:

– Buscar mediaciones terapéuticas.

– Desarrollar la capacidad individual para reconocer áreas de desarrollo que posibiliten cambios positivos.

– Modificar patrones de comunicación que permitan un acercamiento propositivo, orientado a la búsqueda de soluciones.

– Procurar procesos de ayuda basados en la convicción de estar bien, bajo la premisa de compromiso, determinación y apertura al cambio.

Si todo esto falla, si el amor se murió, si no hay nada más que hacer, la salida debe de plantearse bajo un esquema de negociación sobre todo cuando hay hijos o compromisos financieros de por medio para que sea un acuerdo emocional y legalmente justo.

Es importante considerar que siempre hay culpas y contradicción emocional que deben de estar asociada a los hechos, las cosas son como son, no se puede esperar que algo mágico suceda, sobre todo si la historia ha sido negativa.

– Si los factores de dependencia impiden tomar decisiones se debe buscar ayuda.

– Mantener círculos de disfuncionalidad solo crea mayores dolores emocionales.

– Una decisión a este nivel tiene que ser firme, clara y basada en hechos, no en probabilidades.

– Si no se puede continuar, postergar el dolor es un proceso de autoengaño por parte de ambos que no tiene resultados positivos desde ninguna perspectiva.

Hay quienes pasan años esperando que algo mágico suceda, pero esperan a una persona que solo vive en sus fantasías e ilusiones.

Lo que pasa es que el tiempo pasa, mientras los círculos de dolor se agravan y se hacen cada vez más severos, por lo que se pierde la paz, se mueren los detalles, desaparece el deseo, ya no hay motivación, no hay comunicación y ninguno de los dos pone de su parte.

En este punto vale la pena preguntarse: ¿será que puede funcionar? Siempre es importante ver qué pasa, cómo pasa, en qué frecuencia sucede, cuáles son las consecuencias, cómo afecta y si el resultado es negativo. Si la felicidad se agota y se pierde la paz no vale la pena desgastarse.

Hay momentos que luego de una historia de dolor es más importante el amor a sí mismo, que el amor a una persona que causa ese dolor no puede llamarse amor.