José Mario Rodríguez hasta que peló los ojos y el corazón se le aceleró cuando su amigo el estadígrafo de los toros Álvaro Zamora le contó cuál es la ganadería que llevará a los cachudos este sábado en el inicio del Verano Toreado en Palmares.
Esas sensaciones se dan porque será el reencuentro del experimentado improvisado con El Violador, de la finca Chinchilla. Ese es el toro que lo agarró a traición el pasado 5 de enero y que le mandó directo al Hospital Calderón Guardia.
Aunque no es la primera vez que es levantado por un torito, el vecino de San Ramón nunca olvidará a este animalote, de 480 kilos, debido al daño que la causó en las costillas, ya que el golpe estuvo a punto de perforarle un pulmón.
A partir de las 4 p. m. de este sábado, el mocheño tendrá la oportunidad de desquitarse y demostrar todo lo que ha aprendido en sus cinco años como improvisado.
Por eso hablamos con José Mario para que nos contara cómo se siente y si cuenta las horas para tener de frente al Violador.
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–¿Qué siente al saber que estará de nuevo frente al toro que lo levantó tan feo?
Apenas supe que era la ganadería Chinchilla la que va a llevar los toros a Palmares me sentí como ansioso. Llevo varios días recuperándome y qué mejor manera que volver a una corrida en la que estará ese toro.
–¿Le genera algún tipo de miedo?
Miedo no, porque sé que lo que me pasó en Zapote fue un descuido. Esta vez voy con más ganas de enfrentarlo, es una revancha para mí y no puede existir el miedo.
–¿Cómo se imagina ese momento?
Uno lo que menos quiere es salir golpeado y cuando pasa, se busca que la revancha sea inmediata, pero este toro sí me dejó muy golpeado entonces no pude. Yo espero no darle chance y poder enfrentarlo cuando se venga.
–¿Qué características ha estudiado del toro?
Es un toro grande, se cuida mucho en la arena y sabe atacar en el momento indicado, al que encuentra fácil se lo lleva, que fue lo que me pasó en aquel momento.
–¿Por qué se descuidó?
Yo había ido a la corrida de la tarde y a la de la noche entonces ya estaba un poco cansado. Vi que el toro iba detrás de un muchacho y le quité la vista, cuando lo vi fue que se dio media vuelta y no pude reaccionar.
–¿Cuál consejo les da a los demás improvisados para evitar que el toro los agarre?
Mi recomendación es que siempre tienen que estar atentos, no desconcentrarse porque esto es un deporte extremo y ya el toro demostró que no es de fiar.
–¿Cómo ha estado usted de salud?
Bien, pero todavía tengo dolor. Ese golpe fue viernes y estuve en recuperación sábado y domingo porque ya el lunes tenía que volver a trabajar, entonces he pasado empastillado porque hay mucho dolor, estuve que hasta respirar me dolía porque el golpe fue cerca del pulmón. Ahorita estoy a un 80%, siento dolor pero depende del movimiento.
–¿No ha pensado en descansar más antes de volver al ruedo?
No, uno sabe que cuando anda metido en esto de los toros siempre va a sentir dolor, ya sea por un levantín o porque cayó mal o porque una regla te golpea. Hay que acostumbrarse a andar adolorido.
–¿Qué le dice su familia de que se vaya a meter de nuevo a pesar del bombazo que le pegó ese toro?
Mis papás todavía no saben, seguro se van a dar cuenta por esta entrevista, pero ellos saben que es mi pasión.
–¿No es muy cansado estar yendo cada fin de semana a meterse a los redondeles?
Uno no siente eso, lo hacemos por el gusto por los toros y porque al final los improvisados nos convertimos como en una familia. Es como la gente a la que le gusta el fútbol y va a ver gente corriendo detrás de la bola, a uno le pasa lo mismo con los toros. Como negocio no es rentable porque apenas se sale con los gastos, pero uno siente bonito si hace alguna jugada y le queda algún recuerdo como una foto o un video de lo que uno hizo



