Por: El Universal.   31 marzo
En cualquier lugar del mundo, las trabajadoras sexuales no tienen cómo bretear. Foto: Rafael Pacheco

El ir y venir de vehículos se ha reducido en los últimos días.

Los clientes también han dejado de hacerles la pregunta habitual (¿cuánto?) y las respuestas no se han escuchado tan seguido.

Diana, Vanessa y Mayra tal vez no se conozcan entre sí, pero tienen mucho en común. Las tres se dedican al sexoservicio en México.

Diana, con ojos grandes, está parada al lado de un hotel que quién sabe si tenga alguna estrella por su calidad. Entre nerviosa y desconfiada, sonríe a los pocos conductores que se detienen frente a ella.

La crisis por el Covid-19 también ha afectado a esta actividad.

“No los atendemos si vienen con un poco de gripita, les tenemos que decir que no, usamos gel antibacterial y si vienen con cubrebocas, no pasamos, estamos rechazando un poco de gente”, contó Diana.

“Casi no hay actividad, no hay muchos clientes y a mí me dijeron los federales que desde el lunes ya no nos dejarán ponernos por lo del coronavirus. No sé qué va a pasar, tal vez yo venga pero vestida de otra forma para poder trabajar porque tenemos que sacar para los gastos”, dijo Mayra.

Miedo en todo lado

Lo mismo ocurre en lugares bastantes famosos por esta actividad como el barrio Rojo de Amsterdam en Holanda o la ciudad de Berlín en Alemania.

El temor en estas ciudades europeas se apoderó de los clientes y de las trabajadoras.

Los primeros no pueden moverse de sus casas, ya que en su mayoría son mayores de 50 años, lo cual hace que sea un riesgo y las prostitutas temen contagiarse, por lo que han optado por no salir o por retirarse del todo de la profesión.