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Amazonas, pulmón del mundo, está en manos de un delincuente ecológico

Nuevos datos sobre el deshielo en los polos asustan a científicos

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Deforestación en el amazonas en un año es de casi un millón de canchas de fútbol (AFP)

Con el fusil al hombro y gesto triste, Tatji Arara carga enormes troncos en un tajo abierto en la selva por traficantes de madera del estado de Pará, en el corazón de la Amazonía brasileña, donde se multiplican los conflictos por la tierra, informa un cable internacional.

“Estoy aquí desde pequeño y nunca vi nada igual. Cada día cortan más árboles", lamenta este cacique indígena de 41 años, que asegura que la deforestación aumentó desde que el presidente de ultraderecha Jair Bolsonaro llegó al poder en Brasil el 1 de enero.

El mandatario dijo, alto y claro durante su campaña, que no entregaría "ni un centímetro más" de tierras para reservas indígenas.

Según la ONG Imazon, la deforestación en la Amazonía aumentó 54% en enero del 2019 -el primer mes de gobierno de Bolsonaro - respecto al mismo mes de 2018.

Antes de asumir la presidencia, Bolsonaro prometió que si era electo “ni un centímetro más de tierra” sería entregado a grupos indígenas y comparó a los que viven en reservas con animales enjaulados en zoológicos", y mientras esto ocurre en el pulmón del planeta, como lo es la selva del Amazonas, los científicos que estudian el deshielo en los polos dicen que los datos "dan miedo".

Aseguran que la medición del hielo en Groenlandia o en la Antártida hoy es un trabajo muy preciso gracias a un arsenal de satélites, de estaciones meteorológicas y otros recursos.

"Cuando uno mira hacia atrás durante varias décadas, es mejor sentarse antes de ver los resultados, porque da un poco de miedo ver lo rápido que cambia", dijo el glaciólogo francés Eric Rignot, de la Universidad de California.

El hielo se está derritiendo seis veces más rápido hoy que en la década de 1980, según los investigadores. Los glaciares de Groenlandia por sí solos han contribuido a un aumento de 13,7 milímetros del nivel del mar desde 1972.

Esos no son inventos, son datos reales que alarman, pero mientras esto ocurre locos que llegan al poder ponen en juego el destino de la humanidad como Jair Bolsonaro, un delincuente ecológico al que el resto del mundo debería enjaular o presionar para que entre en razón.

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