María Schenkel cumplió 40 años pensando que los cambios que estaba experimentando en su cuerpo eran consecuencia del cansancio de la maternidad o simplemente de la edad.
Uno de los síntomas que más le llamó la atención fue un fuerte mal olor corporal que no desaparecía, pese a que se bañaba varias veces al día.
Schenkel, quien actualmente tiene 41 años y vive en Greenville, Carolina del Sur, Estados Unidos, contó al medio británico The Sun que nunca imaginó que detrás de esas señales podía haber una enfermedad grave.
“Recuerdo haber pensado: ‘¿Por qué huelo tan mal?’, porque me acababa de duchar, no había sudado nada y luego olía fatal. Pero, como estaba ocupada trabajando y criando a mi familia, lo ignoré todo”, relató.
Con el paso del tiempo también comenzó a sentir las piernas pesadas y mucho sueño, a pesar de dormir entre ocho y nueve horas.
“Sinceramente, pensé que así era como se sentía al cumplir 40 años. Me salían moretones con mucha facilidad. También sentía una opresión constante en el pecho que me hacía pensar que necesitaba estirar más o tal vez consultar a un quiropráctico, porque suponía que el dolor venía de la espalda”, explicó.
Schenkel estaba tan concentrada en sus dos hijos y en el bienestar de su familia que dejó en segundo plano las señales que le estaba dando su cuerpo.
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“Si me sentaba al sol, no podía quedarme allí; siempre sentía que tenía que levantarme y hacer algo. Simplemente me dije a mí misma que era una madre joven y cansada. Me descuidé porque estaba centrada en mantener a mi familia”, aseguró.
Un momento con su hijo cambió todo
En 2024, mientras jugaba con uno de sus hijos, ocurrió algo que finalmente la llevó a consultar al médico.
El niño presionó accidentalmente su cuerpo contra el pecho de su mamá y ella sintió dolor en el seno izquierdo. Al revisarse, Schenkel descubrió un bulto.
Aunque no pensó que se tratara de algo grave, decidió acudir al médico para que lo revisaran.
Después de una ecografía, una mamografía y una biopsia, recibió una noticia que la tomó por sorpresa: tenía carcinoma ductal invasivo, el tipo más común de cáncer de mama.
Esta enfermedad ocurre cuando las células cancerosas crecen a través del revestimiento de los conductos mamarios y llegan al tejido que los rodea.
Entre las señales que pueden presentarse están la aparición de un bulto en el seno o la axila, cambios en la piel, alteraciones en el pezón, enrojecimiento o una erupción.
“Pensé que simplemente era tejido mamario denso. La verdad es que no pensé que fuera cáncer, pero, de todas formas, creí que debía hacérmelo revisar”, contó.
El diagnóstico también fue difícil de asimilar porque Schenkel llevaba, según explicó, un estilo de vida saludable y no tenía antecedentes familiares de cáncer.
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“Fue una sorpresa total. No podía creerlo. Llevaba un estilo de vida saludable. Hacía ejercicio, seguía una dieta basada en plantas, no fumaba ni bebía y no había antecedentes de cáncer en mi familia”, manifestó.
Pide escuchar las señales del cuerpo
Después del diagnóstico, Schenkel comenzó a investigar sobre el cáncer y las diferentes alternativas de tratamiento para tomar decisiones informadas sobre su proceso.
Ahora utiliza su experiencia para hacer un llamado a las personas a no ignorar aquellos cambios en el cuerpo que persisten o parecen fuera de lo normal.
“Simplemente quiero que la gente defienda sus propios intereses y tome decisiones informadas. Si algo no te parece bien, ya sea en tu cuerpo o con los resultados o las soluciones que te ofrecen, haz preguntas”, afirmó.
A casi dos años de conocer su diagnóstico, insiste en la importancia de consultar cuando aparece una señal que genera preocupación.
“Durante este proceso he conocido a mucha gente que decía haber ignorado los síntomas porque estaba ocupada cuidando de los demás. No asumas que estás exagerando si algo te sigue molestando o no te parece normal. Haz que te lo revisen. Escuchar a tu cuerpo puede marcar la diferencia”, concluyó.



