AFP .24 enero
Los familiares de enfermos van y vienen por la ciudad en busca del oxígeno. AFP
Los familiares de enfermos van y vienen por la ciudad en busca del oxígeno. AFP

Habitantes de Manaos, en Brasil, batallan con todo lo que pueden contra la segunda ola de covid-19, pero las muertes no paran.

Se sabe que más de 50 personas han muerto asfixiadas en hospitales locales y la lista podría seguir creciendo.

La pandemia ha hecho nacer un mercado negro de oxígeno. Hay empresas que venden oxígeno a quien tuviese cilindros, para llenarlos por entre 300 y 600 reales (34.000 colones a 68.000 colones), según el tamaño. Pero muchos no tienen cilindros, así que el primer obstáculo que muchos deben superar es hallar uno.

Muchas personas buscan el oxígeno para improvisar unidades de cuidados intensivos en casa, donde creen que sus seres queridos tienen más chance de sobrevivir que en los hospitales de la capital de la Amazonía brasileña, desbordados por una segunda ola.

“Todos aquí tienen un familiar tratándose en casa. Prefieren eso a dejarlos morir en los hospitales”, dice Fernando Marcelino mientras señala a decenas de personas que, como él, esperan bajo un calor de 30º y desde hace más de doce horas una carga de oxígeno en un punto de venta.

Muchos pacientes hospitalizados, no solo por el nuevo coronavirus, murieron en las últimas semanas por la escasez de oxígeno, sumiendo en la pesadilla a una de las ciudades que había sido una de las más golpeadas por la primera ola de la pandemia, que ya dejó 210.000 muertos en Brasil.

Las muertes por el virus no se detienen. La segunda ola golpea con todo en Manaos. AFP
Las muertes por el virus no se detienen. La segunda ola golpea con todo en Manaos. AFP

Amazonas, estado en el que recientemente se ha encontrado una nueva cepa del coronavirus que se sospecha es más contagiosa, es proporcionalmente el segundo de los 27 estados brasileños más afectado, con 149 muertos por 100.000 habitantes.

El gobierno, acusado de pasividad ante la catástrofe, acelera desde el fin de semana los envíos de oxígeno a esta ciudad conectada con el resto de Brasil principalmente por vía aérea o fluvial. Y ayuda a evacuar pacientes hacia otros estados.

Una persona muestra a la AFP videos filmados en un hospital público, donde tiene internado a un familiar. "Esto es inhumano", dice, señalando la pantalla del teléfono donde se ven pacientes en camas alineadas en los pasillos.

Se hizo necesario ampliar el cementerio. Ya la parte vieja no daba abasto. AFP
Se hizo necesario ampliar el cementerio. Ya la parte vieja no daba abasto. AFP

Con más de 3.000 entierros en enero, Manaos no recuerda un mes más terrible. Los trágicos récords de la segunda ola de la pandemia y el colapso sanitario aceleran la expansión del mayor cementerio local.

Las obras de ampliación no paran en el camposanto Nossa Senhora Aparecida, cerca del río Negro.

Bajo el agobiante sol del trópico, los obreros abren nuevos lotes y empiezan a levantar estructuras verticales, que acogerán de 2.000 a 3.000 cuerpos.

Los obreros trabajan contrarreloj para tener listas más bóvedas. AFP
Los obreros trabajan contrarreloj para tener listas más bóvedas. AFP

Desde su habilitación hace seis décadas, Nossa Senhora Aparecida alberga a unos 130.000 difuntos, según datos de la Alcaldía de esta ciudad de 2,2 millones de habitantes.

En las últimas dos semanas, Manaos registra un promedio de más de 100 entierros de víctimas de covid-19 por día, con un récord de 213 el 15 de enero.

Aunque casi la mitad (1.419) de los 3.165 entierros en Manaos hasta el 22 de enero se debieron oficialmente a la pandemia, esa alta cifra muestra también la crisis del sistema de salud.

Hasta ahora, el peor mes desde la primera ola, que había obligado a abrir fosas comunes, era abril de 2020, con 2.809 entierros en la ciudad.