AFP .16 julio

El rocambolesco juicio de Joaquín "Chapo" Guzmán en Nueva York fue una zambullida surrealista en el interior de uno de los mayores carteles de la droga, una ventana a la hasta entonces misteriosa vida del capo mexicano famoso por los túneles construidos para traficar droga a Estados Unidos o para fugarse de prisión.

Como si de una narconovela se tratara, decenas de personajes reales, incluidos 56 testigos del gobierno estadounidense, entre ellos viejos socios del Chapo, rivales y hasta una examante, a agentes del FBI, la agencia antidrogas DEA o la Patrulla Fronteriza, relataron la historia del capo.

The Rocky Mountains can be seen in the distance behind the Federal Correctional Complex near Florence, Colo. Within the complex is Supermax, where Mexican drug kingpin Joaquin
The Rocky Mountains can be seen in the distance behind the Federal Correctional Complex near Florence, Colo. Within the complex is Supermax, where Mexican drug kingpin Joaquin "El Chapo" Guzman will be serving his prison sentence. Known as the "Alcatraz of the Rockies," the Administrative Maximum Security facility, also referred to as Supermax, houses some of the most notorious criminals to set foot in an American courtroom. (Jerilee Bennett/The Gazette via AP)

Luego de tres meses donde la acusación presentó una montaña de pruebas, el 12 de febrero, un jurado declaró al Chapo culpable de traficar o intentar traficar más de 1.250 toneladas de drogas a Estados Unidos, sobre todo cocaína. Un juez de Nueva York se apresta a sentenciarlo a cadena perpetua este miércoles.

Estos fueron los momentos más increíbles del proceso:

Un exsicario del Chapo, Isaías "Memín" Valdez Ríos, aseguró que vio al propio Chapo torturar y ejecutar a tres narcos rivales. A uno de ellos lo enterraron vivo después de que el Chapo le disparara, a otros dos los molió a palos antes de ejecutarlos y lanzarlos a una hoguera.

La fiscalía asegura que el Chapo ordenó matar o torturó y mató él mismo al menos 26 personas o grupos de personas.

Dos exsocios del Chapo contaron cómo sobornaban con millones de dólares en efectivo a altos funcionarios del gobierno mexicano para hallar a rivales, ampliar el negocio y evadir a las autoridades, así como a la policía judicial, federal y municipal, a militares y hasta a la Interpol.

Y según el abogado del Chapo, Jeffrey Lichtman, también a dos expresidentes de México, Enrique Peña Nieto y Felipe Calderón, que negaron las acusaciones.

Con la cara desfigurada por innumerables cirugías para modificar sus ojos, nariz, mandíbula, pómulos y orejas, el exjefe del cartel colombiano Norte del Valle Juan Carlos "Chupeta" Ramírez contó cómo con la ayuda del Chapo pudo exportar más de 400 toneladas de cocaína a Estados Unidos desde 1989 hasta su arresto en 2007.

Chupeta, que confesó haber ordenado la muerte de unas 150 personas y fue uno de los principal proveedores de cocaína del Chapo, dijo que contrató sus servicios (pagándole en droga) porque pasaba la mercancía a Estados Unidos "superrápido".

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FILE - In this Saturday, Feb. 22, 2014 file photo, Joaquin "El Chapo" Guzman, center, is escorted to a helicopter in handcuffs by Mexican navy marines at a hanger in Mexico City, after he was captured overnight in the beach resort town of Mazatlan. The New York trial of Guzman is drawing to a close, but the question of controlling the corruption that allowed the Sinaloa cartel to flourish in Mexico will live on even after jurors reach a verdict. DEA agent Victor Vazquez told jurors he would only work with the Mexican marines when trying to capture Guzman and other leaders of the Sinaloa cartel, because that wing of the armed forced were viewed as less susceptible to corruption. (AP Photo/Eduardo Verdugo, File)

El excontador del Chapo, Jesús "Rey" Zambada, hermano del cofundador del cartel de Sinaloa Ismael "Mayo" Zambada, relató que el Chapo compraba cocaína colombiana a 3.000 dólares el kilogramo y la vendía en Nueva York a 35.000. "El 100%" de la droga -entre 80 y 100 toneladas anuales- se enviaba a Estados Unidos, aseguró.

Tratamientos de rejuvenecimiento en clínicas suizas, una mansión frente al mar en Acapulco con un yate llamado "Chapito" en la puerta, ranchos en todos los estados, cuatro jets, un puñado de mujeres y un zoológico privado con leones y panteras, por el cual se paseaba en un trencito.

En la década de 1990, la cocaína "era el mejor negocio del mundo", y el Chapo era el rey de México, relató su extesorero, Miguel Ángel "Gordo" Martínez, a quien el capo intentó matar en cuatro veces.

"Viajábamos por todo el mundo (...) a Brasil, Argentina, Aruba, por toda Europa, a Japón, Hong Kong, Tailandia, Perú, Cuba, Colombia, Panamá", enumeró. Y a Macao "para apostar".

Una examante y exsocia del Chapo, Lucero Guadalupe Sánchez López, contó frente a la esposa del Chapo, Emma Coronel, cómo en una madrugada de 2014 ambos se libraron por un pelo de ser capturados por marines mexicanos al escapar por un túnel construido debajo de una bañera, en una casa de Culiacán.

El Chapo estaba totalmente desnudo y corrió delante de ella, dejándola atrás.

El Chapo quería hacer una película sobre su vida y dirigirla él mismo, y trabajó varios años para ello, relató su ex mano derecha, el narco colombiano Alex Cifuentes.

Deseaba que la actriz Kate Del Castillo, con quien se comunicaba por teléfono, lo asesorara en la película y actuase en ella. También contrató a un productor colombiano para que lo ayudara con el guion.

El capo mexicano y Alejandro Edda, el actor que lo interpretó en la serie de Netflix "Narcos: México", cruzaron saludos en el juicio.

Edda dijo que fue "a estudiar a un señor que de cierta manera es como un mito, una leyenda". El Chapo le sonrió y dijo a su abogado que pensaba que su doble sería más alto.

Emma Coronel, la esposa del Chapo de 30 años, madre de sus pequeñas hijas mellizas, asistió casi cada día al proceso, mirando y sonriendo a su marido de 62 años desde el banco del público.

Las autoridades no dejan que la exreina de belleza que gusta vestir ropa ajustada y altos tacones visite al Chapo o le hable por teléfono. Tampoco pudo tocarlo en el juicio.