.23 diciembre, 2019
Toca dormir donde sea, incluso en las peores condiciones. AFP
Toca dormir donde sea, incluso en las peores condiciones. AFP

Cientos de kilómetros por delante, con la piel curtida y los pies en llagas por las úlceras. Algunos de los migrantes venezolanos en Colombia volvieron a tomar camino para pasar Navidad en casa.

Sin embargo, lamentan, será un viaje de ida y vuelta. “Por mi familia yo voy hasta el fin del mundo”, dice Nicolás Muñoz, un albañil de 28 años que salió de la ciudad colombiana de Bucaramanga con una bandera tricolor amarrada a la cintura.

Su esposa Ariana (23 años), con cinco meses de embarazo, lo mira recostada sobre una señal de tránsito que anticipa la cuesta que les espera, rumbo a la fronteriza ciudad de Cúcuta, a unos 200 kilómetros de distancia.

La Cruz Roja se ha movido para atender a los caminantes. AFP
La Cruz Roja se ha movido para atender a los caminantes. AFP

Cuando llegaron a Colombia, hace tres años, su hijo Ramón acababa de nacer. Desde entonces cada diciembre van a Venezuela, aunque nunca habían hecho el viaje a pie.

Muñoz quiere llegar “de sorpresa” a Maracay (norte) para estar con su madre, todavía afectada por la muerte de su esposo. “Esta será la primera Navidad sin mi papá”, dice a punto de llorar.

"En enero me devuelvo" porque en Venezuela "ya no hay trabajo", lamenta. No sabe si regresará caminando.

De los cerca de 4,5 millones de personas que abandonaron Venezuela en los últimos años, 1,5 millones están en Colombia.

Por toda Bucaramanga se ven personas camino a Venezuela. AFP
Por toda Bucaramanga se ven personas camino a Venezuela. AFP

La mayoría pasaron por estas carreteras huyendo de una crisis que vació sus bolsillos y ahora no tienen con qué pagar un pasaje de autobús.

Aunque el flujo normal de los llamados "caminantes" va en dirección a Colombia, Ecuador, Perú, Chile o Argentina, los hijos pródigos regresan en Navidad a Venezuela. Aunque sea por unos pocos días.

Ilusión y miedo

Sandalias de plástico y tenis rotos son el calzado básico de los “caminantes”. José Contreras lleva 17 días de travesía desde la capital de Perú hasta Bucaramanga y no sabe cuántos le faltan para encontrarse con los suyos.

“Quiero llegar a Venezuela lo más pronto posible porque extraño a mi familia, quiero ver a mis hijos, a mi esposa, abrazarla, pasar una Navidad con ellos y llevarles un regalo”, suplica este albañil de 25 años.

Es la segunda vez que hace el recorrido a punta de esporádicos aventones y a pie.

No hay plata para bus ni para zapatos cómodos. AFP
No hay plata para bus ni para zapatos cómodos. AFP

A pesar de que en Venezuela hay una percepción de leve mejoría, el éxodo migratorio no cede. La inflación, estimada en 200.000% por el FMI para 2019, se desaceleró. La escasez también retrocedió y la Navidad en Caracas se celebra con luces, ferias de comidas, conciertos y mercados surtidos. Pero los migrantes venezolanos no van para quedarse.

Contreras viaja con un puñado de "caminantes" con quienes se ha ido encontrando, pero sabe que no llegará a Cúcuta con los mismos. A veces alguno se queda por la fatiga y a veces él amanece con ánimo para acelerar el paso lo que implica dejar al grupo atrás.

Poco saben del trayecto, aunque hay tramos con mala fama. Les han dicho “no crucen el páramo de Berlín en la noche”, un frío territorio que supera los 4.000 metros sobre el nivel del mar, con temperaturas nocturnas de cero grados.

Hay riesgos en todo el camino, pero no queda más que descansar donde sea. AFP
Hay riesgos en todo el camino, pero no queda más que descansar donde sea. AFP

Mientras esperan un aventón que alivie la travesía, un equipo de la Cruz Roja Colombiana pasa y les deja utensilios de aseo, alimentos y abrigo.

Solo en 2019 con corte al 30 de noviembre, la organización ha atendido a 9.758 "caminantes" en las vías del departamento de Santander. Muchas veces sanan sus pies, llenos de laceraciones, raspaduras y heridas abiertas por el tormentoso viaje.

Algunos cargan con sus pertenencias, aunque el esfuerzo sea muy grande. AFP
Algunos cargan con sus pertenencias, aunque el esfuerzo sea muy grande. AFP
Con regalos

La mayoría viaja sin regalos. La plata ahorrada lo envían a su familia en Venezuela y luego se lanzan a un periplo que exige andar ligero de equipaje.

Pero Yorman Rodríguez (27) no se aguantó. El albañil lleva un teléfono celular que en el 2020 promete atenuar la distancia que lo separa de su esposa y su hijo de cinco meses.

"Cuando yo me vine se sintieron muy tristes porque los dejé solos allá (...) Mi anhelo es llegar a Venezuela y darles la sorpresa", que les permitirá comunicarse tras su regreso en enero a Colombia.

Richard Alvarez va camino a su tierra, quiere verse con su gente. AFP
Richard Alvarez va camino a su tierra, quiere verse con su gente. AFP

Más adelante va Flavio Arias, un recolector de café de 47 años que salió hace cuatro días de Santa Marta (norte).

Tres años han pasado desde que se despidió de su familia: “Mi mamá está desesperada esperando verme otra vez. Ella ya está mayor y no se sabe cuándo se termina la vida”, lamenta.

Otra imagen de Richard Alvarez en la copa del árbol donde pasó unos días. AFP
Otra imagen de Richard Alvarez en la copa del árbol donde pasó unos días. AFP

Arias solo pide llegar rápido y que en Venezuela el otro año “todo se mejore”. “Que no solamente cambien al presidente [Nicolás Maduro] sino que cambiemos como personas para que no pasen las mismas cosas”, concluye así su plegaria de Navidad.

El movimiento es constante. Todos corren para estar este 24 con su familia. AFP
El movimiento es constante. Todos corren para estar este 24 con su familia. AFP