AFP .15 septiembre
Los bomberos no dan abasto en la lucha contra las llamas. AFP
Los bomberos no dan abasto en la lucha contra las llamas. AFP

El teniente de bomberos M. Silva comanda un equipo de seis hombres que intentan, en vano, apagar varios focos de incendio monte adentro, en la región de Porto Jofre, en el Pantanal brasileño.

El Pantanal es un enorme humedal que mide 187.818 km2, o sea, es cuatro veces más grande que Costa Rica.

El fuego volverá a encenderse ante la mínima ráfaga de viento --como lo ha hecho numerosas veces--, debido a la presencia de hojas secas altamente combustibles, que esconden rescoldos de fuego subterráneos.

“Es necesario que llueva. Con esta combinación de humedad tan baja y calor tan intenso, solamente la lluvia puede resolverlo”, lamenta Silva junto al lugar donde surgen nuevas llamas, en el terreno de un pequeño hotel.

Antonio José da Silva, de 50 años, es un voluntario que batalla contra los incendios forestales. AFP
Antonio José da Silva, de 50 años, es un voluntario que batalla contra los incendios forestales. AFP

Los bomberos se internan unos 60 metros entre una densa vegetación carbonizada, pero las mangueras conectadas al camión no llegan tan lejos.

En vez de usar agua, uno de ellos dispersa la hojarasca con un soplador a motor, que extingue momentáneamente lo que arde en la superficie.

Pero Silva rápidamente desmoviliza a su tropa: es mejor concentrar los esfuerzos en crear un "corredor frío", mojando la vegetación junto al camino para evitar que las llamas "salten" al otro lado, donde se extiende un monte nativo intacto habitado normalmente por jaguares.

Un jaguar herido buscó la cercanía del agua para escapar de las llamas. AFP
Un jaguar herido buscó la cercanía del agua para escapar de las llamas. AFP

Desde el inicio de año el fuego ya ha consumido 23.500 km2 (la mitad de Costa Rica), casi 12% del Pantanal, una llanura regada por ríos que se extiende también por Bolivia y Paraguay y alberga una biodiversidad única.

Los bomberos, auxiliados por los lugareños de esta próspera área de ecoturismo, buscan ahora evitar que el fuego llegue a las construcciones o a los numerosos puentes de madera que dan continuidad a la ruta Transpantaneira, una accidentada vía de tierra, principal arteria del transporte terrestre de la región.

Hay agua para combatir el fuego, pero a veces las mangueras no dan. AFP
Hay agua para combatir el fuego, pero a veces las mangueras no dan. AFP

Antonio da Silva trabaja en una posada de turismo y actualmente integra una de las brigadas de vigilancia de los puentes: vistiendo un sombrero de vaquero y una mascarilla de protección tipo N95, contiene las llamas que avanzan a la orilla de la carretera.

Un breve vuelo de dron permite visualizar vastas superficies carbonizadas en las últimas semanas. Envuelto de humo blanco, Da Silva cuenta: “Soy de esta región, soy un hombre pantanero y nunca vi algo como esto”.

Los daños en la fauna son lamentables y el fuego nada que para. AFP
Los daños en la fauna son lamentables y el fuego nada que para. AFP