AFP .13 enero
Cutii distrae a las personas cuando se sienten solas. AFP
Cutii distrae a las personas cuando se sienten solas. AFP

La pandemia agravó el aislamiento y la soledad de las personas mayores, pero reavivó el interés por los robots de compañía.

Eso sí, los fabricantes intentan moderar las expectativas de quienes buscan humanoides con ruedas y peluches animados cada vez más interactivos.

“La pandemia ha sido un acelerador para nosotros, ¡es casi nuestra razón de ser hoy!”, dice Antoine Bataille, creador de Cutii, un robot móvil de pantalla, presentado por segunda vez en el Consumer Electronics Show (CES) de Las Vegas, el gran evento de electrónica y tecnología que empezó el lunes en formato virtual.

Cutii permite a los usuarios participar en actividades a distancia (juegos, clases de gimnasia, etc.) y hablar con sus seres queridos por videoconferencia. Se le dan órdenes con la voz.

Se puede actualizar de forma remota y equiparse con funciones de asistencia o seguridad, alertando en caso de algún problema.

La empresa desplegó sus robots en Francia en 2020 en una treintena de residencias para ancianos. Los Cutii estaban destinados a la venta a particulares, pero el confinamiento cambió los planes.

“Gestionamos el aislamiento en lo colectivo”, dice Bataille.

Cutii gusta mucho a los ancianos. En Francia ha sido un pegue. AFP
Cutii gusta mucho a los ancianos. En Francia ha sido un pegue. AFP

La empresa ahora comprende mejor las necesidades de los acompañantes que trabajan en los hogares de ancianos. Cutii puede distraerlos mientras son aseados, por ejemplo, facilitando la labor al personal.

Buenos para el baile

Los especialistas en robótica de hoy son capaces de realizar hazañas: los robots de la empresa Boston Dynamics están causando revuelo en YouTube con su coreografía rítmica, mientras que los investigadores de la Universidad de Cornell están trabajando en robots microscópicos, capaces de inspeccionar el cuerpo humano por dentro, moviéndose a través de tejidos y vasos sanguíneos.

Pero los robots de compañía deben superar obstáculos más psicológicos que tecnológicos.

"Cuanto más dependientes son las personas o más dificultades tienen, más lo aprecian", apunta Bataille. "Las personas con Alzheimer aceptan muy bien al robot. A aquellos que están más alerta les apetece menos".

Esta experiencia a gran escala ha hecho que Cutii evolucione para satisfacer mejor las necesidades.

"Todo es posible", explica el fundador de Cutii. "Pero lo esencial es poder comunicarse con su familia, realizar actividades que las acerquen a otras personas".

En tiempos de seres humanos con mascarillas y distanciados, los robots son vistos como una forma de hacer que ciertas interacciones sean más cálidas.

“Es más agradable que una tableta”, dice Tim Enwall, director de Misty Robotics, un robot programable que puede ser recepcionista, acompañante o asistente del hogar.

Misty es para uso personal y se puede programar. AFP
Misty es para uso personal y se puede programar. AFP

Con la pandemia, "la demanda de las empresas de herramientas confiables y sin contacto disponibles las 24 horas del día, los siete días de la semana, aumentó", señala.

"Pero los robots aún no son capaces de gestionar cientos de asuntos diferentes como los humanos", admite. "Puede generar frustración, por ejemplo, si el dispositivo responde 'Lo siento, no entendí' a una persona con discapacidad auditiva".

Una ternura

En el CES 2020, el robot de compañía japonés Lovot conmovió a la multitud con sus grandes ojos de búho, su mirada de oso de peluche y lindas reacciones cuando se le habla o acaricia.

No sirve más que para dar cariño. Como Paro, un robot terapéutico en forma de cría de foca, también japonés, utilizado desde hace más de quince años para la atención de pacientes con enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.

“Cuando una persona mayor sufre de senilidad, es posible que tenga dificultades para comunicarse y ya no pueda cuidar de un animal”, señala Barbara Klein, profesora de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Frankfurt.

El robot para reconfortar ocupa el lugar de un perro o un gato “sin las obligaciones”.