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Terremotos en Venezuela también destruyeron el sustento de miles de familias

Las repercusiones económicas le suman una preocupación más a los venezolanos en medio de tanta muerte y destrucción

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“¿Dónde voy a sacar dinero?”, se lamenta Faisuris Álvarez frente a la solitaria costa de La Guaira, zona cero de los terremotos en Venezuela. La frenética actividad típica de este balneario se detuvo de golpe con el desastre que ha dejado más de 4.000 muertos.

Las playas del estado La Guaira son las favoritas de quienes viven en Caracas, ya que se encuentra a unos 40 minutos en auto. Familias, surfistas y turistas colmaban los fines de semana la larga costa frente al mar Caribe.

Pero el doble sismo del 24 de junio borró aquella imagen de postal veraniega con miles de personas que mueven la economía de la zona. Ahora todo es escombros e improvisados albergues para personas sin viviendas.

La Guaira en Venezuela, es la zona con daños por los terremotos en Venezuela el 24 de junio del 2026. Foto: Cruz Roja Costa Rica
La Guaira en Venezuela, es la zona con daños por los terremotos en Venezuela el 24 de junio del 2026. Foto: Cruz Roja (Cruz Roja Costa Rica/Cruz Roja Costa Rica)

En playa Escondida reina la desolación: kioskos en hilera cerrados, sombrillas solas. Faisuris Álvarez está llena de interrogantes. “¿Qué voy a hacer? ¿Dónde voy a trabajar? ¿Qué voy a conseguir?”, dice esta vendedora de pescado frito.

Para animarla, sus compañeros le aseguran que en un año volverán los bañistas. “¡¿Cómo vivir un año sin hacer nada?!”, les responde. Su negocio es su única fuente de ingresos, como ocurre con las más de 70 familias que trabajan en esa playa.

“El que vende la pepitona (almeja), el que vende el huevo sancochado (hervido), el que vende mango verde con sal, el de la oblea, el del helado... ¿Qué es de la vida de esas personas?”, cuestiona la mujer de 39 años.

Desde abastos hasta restaurantes, los negocios de La Guaira están en su gran mayoría cerrados, o hechos ruinas, al igual que decenas de edificios residenciales, por los potentes terremotos de magnitud 7,2 y 7,5.

La Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres estima pérdidas cercanas a 37.000 millones de dólares solo en daños materiales.

“Además de las pérdidas directas, suelen presentarse efectos indirectos sobre el comercio, el transporte, las cadenas de suministro, el empleo y el consumo”, explica el economista Asdrúbal Oliveros.

La tragedia fue terreno fértil para saqueos en distintos puntos de La Guaira. Luis Baena perdió toda la mercancía de su almacén. Él mismo grabó el saqueo la mañana siguiente a los sismos y denunció en redes sociales cómo decenas de personas se llevaban más de seis contenedores de productos de iluminación.

Luego un incendio terminó de convertir en cenizas más de 11 años de trabajo. Contempla ensimismado las paredes chamuscadas y fierros retorcidos de lo que solía ser “Bilight”, un negocio del que dependen otras 60 familias más.

Playas vacías, comercios cerrados y edificios en ruinas reflejan el impacto económico que dejaron los terremotos en La Guaira, Venezuela, donde cientos de familias aún no saben cuándo podrán recuperar su fuente de ingresos.
Playas vacías, comercios cerrados y edificios en ruinas reflejan el impacto económico que dejaron los terremotos en La Guaira, Venezuela, donde cientos de familias aún no saben cuándo podrán recuperar su fuente de ingresos. (MARTIN BERNETTI/AFP)

“El esfuerzo de tantas familias y de tantas personas que dependemos de acá se ve comprometido en este momento”, lamenta conmovido el empresario de 52 años.

Los Baena se arraigaron en La Guaira hace 100 años. Su abuelo fue el primer conductor de autobús del estado y su padre el primer posadero en el este de la zona. El legado familiar, que mantiene junto a su hermano Daniel, pende ahora de un hilo.

“Duro, duro, es fuerte”, dice con ojos llorosos frente a su almacén en ruinas.

En Maiquetía, eje económico de La Guaira donde se encuentra el aeropuerto internacional parcialmente cerrado, algunos negocios han reabierto sus puertas.

Anabel Delgado, de 56 años, espera clientes frente a la peluquería donde trabaja. La afluencia es tenue aún, pero empiezan a notarse brotes de la reactivación económica en la zona.

“Yo pienso que si Dios nos dejó, es para consolar, para continuar y seguir luchando por los que quedamos”, reflexiona.

“Esto es algo que lleva tiempo, recuperar la normalidad, pero todo se va a enrumbar”, confía por su parte Enio Fernández, de 49 años, dueño de un pequeño abasto.

La reconstrucción de este golpeado estado “puede convertirse en un motor de actividad económica, pero solo si existen recursos suficientes, instituciones capaces de ejecutarla y reglas que generen confianza para la inversión”, advierte Oliveros.

Venezuela
La muerte se apoderó de La Guaira, debido a los dos terremotos. AFP (MARTIN BERNETTI/AFP)

En tanto, las calles se quedan cada vez más solas sin los cientos de rescatistas extranjeros que viajaron a salvar vidas. El desastre ha espantado a los bañistas, sin una fecha clara de su regreso, y muchos locales prevén partir también por la mermada economía... y por el trauma.

“Esta población que va a luchar por La Guaira, por su recuperación, requiere y va a demandar bienes y servicios”, se convence, no obstante, Baena. “Juntos recuperamos el estado, juntos hacemos que esto sea vivible”, confía.

AFP

AFP

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