AFP .6 enero
Los críticos dicen que no pide las consecuencias de sus actos. AP
Los críticos dicen que no pide las consecuencias de sus actos. AP

Como magnate de bienes raíces y político, Donald Trump siempre ha querido romper las reglas y dar un espectáculo. Ahora en el caso de Irán sigue el mismo patrón, solo que esta vez como comandante en jefe de la mayor fuerza militar del mundo.

Ya sea en el campo de negocios de rascacielos o conduciendo una guerra comercial con China, Trump se asemeja a un extravagante y altamente impredecible jugador de póquer.

Como dijo en su libro autobiográfico El arte del trato, representar ese papel lo emociona.

"El dinero nunca fue una gran motivación para mí, sino como una forma de mantener la puntuación. La verdadera emoción está en disputar el juego", escribió.

La diferencia ahora es que está jugando con aviones no tripulados, aviones de combate, misiles crucero y otros naipes letales en un juego que amenaza con sumir a Estados Unidos en otra guerra en Medio Oriente.

Qasem Soleimani era un fuerte enemigo de Estados Unidos. AFP
Qasem Soleimani era un fuerte enemigo de Estados Unidos. AFP

Con el sorpresivo ataque aéreo del viernes pasado contra una figura clave de Irán, el general Qasem Soleimani, fuera del aeropuerto de la capital iraquí, Bagdad, Trump pateó una vez más el tablero y ha disparado la alarma en sus críticos.

Mala decisión

Ese ataque fue "tremendamente contraproducente", según John Mueller, un experto en política exterior de la Universidad Estatal de Ohio.

Soleimani ha sido uno de los principales enemigos de Estados Unidos durante dos décadas de conflicto en la región.

Sin embargo, se dice que los predecesores de Trump, Barack Obama y George W. Bush, desecharon la idea de matar al jefe de la fuerza Al Quds de los Guardianes de la Revolución por temor a las consecuencias.

Como hombre clave de Teherán para la red regional de amplio alcance de sus alianzas militares oficiales y encubiertas, mucho más que un general Soleimani era una de las figuras más importantes de Irán.

Su asesinato, dijo Mueller, “va a unificar a la gente del lado de los mulás” (líderes religiosos) justo cuando su régimen teocrático, profundamente anti-Estados Unidos, es cada vez más impopular.

Trump, como siempre, se declaró libre de tales preocupaciones.

"¡Debería haberlo eliminado hace muchos años!", expresó el presidente en su cuenta de Twitter poco después del asesinato.

“El general Qasem Soleimani ha matado o herido gravemente a miles de estadounidenses durante un período prolongado de tiempo, y estaba conspirando para matar a muchos más... ¡pero fue atrapado!”.

Los soldados en Iraq se encuentran en alerta.
Los soldados en Iraq se encuentran en alerta.

Los detractores de Trump están nerviosos de que los lleve hacia un desastre.

"El momento que todos temíamos es probable que ya esté sobre nosotros", tuiteó el senador demócrata Chris Murphy el fin de semana.

La principal líder demócrata en el Congreso, Nancy Pelosi, ha anunciado planes para votar un proyecto de resolución sobre poderes bélicos destinada a controlar las acciones militares de Trump para así evitar una "escalada grave" con Irán.

Sin embargo, los partidarios del presidente dicen que su estilo contundente y sus políticas de toma de riesgos son exactamente lo que Estados Unidos necesita.

"Esto se había retrasado mucho", dijo Thomas Spoehr, un teniente general retirado del Ejército que dirige estudios de defensa en el grupo de expertos Heritage Foundation.

Tras los recientes ataques contra las tropas estadounidenses en Irak y la embajada en Bagdad, Trump tuvo que contraatacar con fuerza o terminaría arruinando la credibilidad de Estados Unidos, argumentó.

“La reputación de Estados Unidos, su respeto en lugares como Oriente Medio, depende de nuestra capacidad para defendernos”, dijo. “Cuando las personas cruzan las líneas rojas estadounidenses... saben que habrá una respuesta”, argumentó.