AFP .12 febrero
Lo primero que hizo Guzmán tras escuchar el veredicto y antes de ser sacado de la corte fue saludar a su esposa. AP
Lo primero que hizo Guzmán tras escuchar el veredicto y antes de ser sacado de la corte fue saludar a su esposa. AP

Joaquín “el Chapo” Guzmán fue declarado culpable por los 10 cargos que se le acusaban.

Al escuchar la decisión del jurado, el exjefe del cártel de Sinaloa, que vestía traje gris oscuro y camisa beige, miró a su joven esposa, Emma Coronel, madre de sus hijas mellizas de siete años, sonrió levemente como para tranquilizarla y se puso la mano derecha en el corazón.

Coronel, de 29 años, vestida con pantalones ajustados negros y una chaqueta verde, le levantó el pulgar de la mano derecha, se cruzó las manos en el pecho y le sopló un beso antes de que los alguaciles retiraran al Chapo rápidamente de la sala.

Luego de un juicio de tres meses y 35 horas de deliberaciones a lo largo de seis días, el jurado halló que Guzmán, de 61 años y considerado el mayor narcotraficante del planeta tras la muerte del colombiano Pablo Escobar, es culpable de los 10 delitos de narcotráfico, posesión de armas y lavado de dinero de los que fue acusado.

La ley estadounidense señala que, por la gravedad de los cargos, debe ser sentenciado a cadena perpetua.

El juez Brian Cogan fijó su sentencia para el 25 de junio, pero la defensa anunció que apelará el veredicto.

El Chapo “esperaba este resultado”, dijo su abogado Bill Purpura, en una conferencia de prensa bajo el granizo y la nieve frente a la corte de Brooklyn, Nueva York.

"Es un hombre fuerte. Para bien o para mal, este es un tipo que nunca se da por vencido", añadió.

“Luchamos hasta el final. Dejamos todo en la cancha por Joaquín Guzmán, pero las pruebas eran literalmente una avalancha”, afirmó otro de sus abogados, Jeffrey Lichtman.

En los próximos días, Guzmán será trasladado a una cárcel de Colorado, llamada ADX Florence, conocida como la “Alcatraz de las Montañas Rocosas” y considerada la prisión más segura de Estados Unidos.

Fiscales, jefes de la agencia antidrogas DEA, del FBI y otras agencias federales, destacaron en una conferencia de prensa frente a la corte, que la condena del Chapo es una gran “victoria” para el gobierno estadounidense, que nunca consiguió extraditar y juzgar a Pablo Escobar, el exjefe del cártel de Medellín que murió en una operación policial en 1993.

Emma Coronel levantó su pulgar y le tiró un beso a su marido. AP
Emma Coronel levantó su pulgar y le tiró un beso a su marido. AP

El juicio de Guzmán fue un fascinante viaje a uno de los mayores y más despiadados carteles de la droga y a la vida cotidiana del capo en la clandestinidad de las sierras de Sinaloa, su estado natal, un drama con un casting impresionante: sus propios protagonistas.

La fiscalía convocó al proceso a 56 testigos, desde exsocios del Chapo hasta agentes del FBI, la DEA y otras agencias del gobierno, así como a funcionarios de varios países latinoamericanos.

Los miembros del jurado escucharon conversaciones del capo con sus socios grabadas por soplones a escondidas y otras interceptadas por el gobierno, leyeron decenas de sus mensajes de texto, así como cartas que le envió a su mano derecha desde la cárcel.

Pero sobre todo, escuchó innumerables relatos de la vida y obra del Chapo contados por 14 de sus exsocios: secretarios, pilotos, un sicario, un gerente, un contable, sus mayores proveedores de cocaína en Colombia, su mayor traficante en Estados Unidos, su jefe de comunicaciones y hasta una examante que se escapó con él desnudo por un túnel.

Estos testigos relataron cómo el capo compraba toneladas de cocaína en Colombia a 3.000 dólares el kilo, y las transportaba hasta México en submarinos semisumergibles, aviones, barcos pesqueros o contenedores comerciales.

Y cómo la droga llegaba finalmente a Estados Unidos por túneles, escondida en latas de jalapeños en trenes, en camiones de gasolina o en compartimentos secretos en automóviles.