Para la creadora de contenido Melissa Solano, andar en moto va mucho más allá de conducir. Es una forma de conocer lugares, disfrutar de la libertad y encontrar una comunidad con la que compartir el camino.
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La Teja conversó con ella durante el Motoberfest, actividad que reúne a motociclistas de todo el país en Red Motors, en La Uruca. Allí contó cómo nació Furia Femenina, una iniciativa que comenzó entre tres amigas y que hoy reúne a más de 130 mujeres.
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Esta vecina de San José tiene 32 años y casi nueve años de experiencia sobre dos ruedas. Comenzó con una Freedom 150, luego tuvo una Pulsar 150 y actualmente conduce una Kawasaki KLR 650 del 2013.
“Para mí andar en moto es la libertad y eso sola la moto la da. Realmente es una pasión, el conocer lugares”, expresó.
De una idea de negocio a un grupo de motociclistas
Furia Femenina nació hace un año cuando Solano y sus amigas Andrea Gómez y Kenia Rojas decidieron impulsar un proyecto juntas.
Inicialmente, las tres querían crear una marca de ropa para mujeres motociclistas, pero no consiguieron la inversión necesaria. Entonces optaron por aprovechar el nombre y crear un grupo para reunir a mujeres que compartieran esa afición.
“Un día a mí se me ocurrió: ¿por qué no nos mandamos a hacer esto ya de una vez?”, recordó Melissa.
Uno de los momentos más significativos para la agrupación llegó con una actividad por el Día de la Mujer, en la que participaron alrededor de 50 motociclistas. La organización recibió ayuda con fotógrafos, comida y premios, pero lo que más emocionó a su fundadora fue ver el respaldo entre las participantes.
“Lo más chiva fue ver el apoyo entre tantas mujeres”, relató.
El miedo no la detuvo
Antes de acumular casi nueve años de experiencia, Meli también sintió temor a andar en moto. Por eso, cuando otras mujeres le cuentan que les gustaría intentarlo, pero les da miedo, las anima a dar el paso.
“Lo que yo le puedo decir a las chicas es que se manden. O sea, el miedo te puede paralizar y te puede privar de muchísimas cosas chivas que uno puede tener en la vida andando en moto”, aconsejó.
Parte de ese temor, considera, está relacionado con los prejuicios sobre la capacidad de las mujeres para conducir o resolver dificultades en carretera.
“Hay demasiados estigmas por el hecho de que, por ser mujer, no podés o no vas a poder resolver”, señaló.
En su caso, ha tenido que solucionar problemas por cuenta propia, pero también ha recibido ayuda de otros motociclistas cuando se ha quedado varada.
“Me ha pasado tocar resolver sola, pero también he tenido mucha ayuda de gente linda, motorizada en la calle, que me ha ayudado cuando me he quedado botada”, contó.
Su mensaje para quienes todavía dudan es que no permitan que el miedo les impida intentarlo.
“Es hacerlo con miedo, hacerlo con susto, hacerlo sin ganas y demostrarse que sí se puede”, manifestó.
De Guanacaste a Limón sobre dos ruedas
Entre los recorridos más largos que Solano recuerda están los viajes desde Guanacaste hasta Limón, con visitas a lugares como El Coco y Manzanillo.
La posibilidad de conocer el país forma parte de lo que le gusta de esta afición, pero también fue una de las razones por las que quiso impulsar una comunidad de mujeres.
Solano y sus dos amigas fundadoras se conocieron en otro grupo de motociclistas, llamado Litas. A partir de esa experiencia, quisieron que más mujeres tuvieran la oportunidad de crear vínculos similares, especialmente quienes acostumbran salir solas o acompañadas principalmente por hombres.
“Queríamos que las chicas que andan en moto, que solo andan con hombres o andan solas, conozcan esas amigas para salir, para rodar, para conocer el país y para que tengan esa libertad que muchas hoy no conocen”, concluyó.







