Bryan Castillo.13 enero
Don Mauricio arregla frenos sin depender de su vista. Foto: Albert Marín.
Don Mauricio arregla frenos sin depender de su vista. Foto: Albert Marín.

“Cuando me llega un cliente le pregunto: ¿Está seguro que un ciego le arregle los frenos del carro?” Con esta pregunta don Mauricio Bustamante nos contó a qué se dedica para ganarse la vida y mantener a su familia.

A Mauricio, de 47 años, le quitaron la vista el 22 de diciembre del 2001 cuando se movilizaba en su carro cerca del puente de Los Anonos en Escazú. En ese momento, por razones que todavía desconoce, dos sujetos que viajaban en otro carro le tiraron ácido de batería en la cara. Lamentablemente para Bustamante eso fue lo último que vio y tampoco se pudo hacer justicia porque nunca detuvieron a sus atacantes.

Para esa época Mau tenía 30 años y laboraba en un taller reparando frenos, todos lo conocían por ser rápido en lo que hacía, pero sobre todo por dejar los frenos a cachete.

Tras el ataque, este valiente mecánico tuvo que pasar tres años en terapia, ya que tenía que adaptarse a su nueva vida. Él nos confesó que había descartado la posibilidad de retomar su trabajo ya que no se sentía capacitado para hacerlo.

Pero con el tiempo reaccionó y tomó la situación como un reto que Dios le puso, eso lo motivó a darse una nueva oportunidad para ponerse a trabajar una vez que terminó su terapia.

“A finales del 2004 teníamos que llevar nuestro carro a la revisión, había que revisar los frenos y no había nadie, entonces yo le dije a mi papá que los iba a revisar porque pensaba que el carro no pasaría la revisión. Entonces me cuadré y a como pude lo hice. El carro pasó la revisión y de los frenos salió bien”, detalló entre risas.

Ahí se dio cuenta que las limitaciones estaban en su mente, claro, no negó que le costó mucho y que se llevó más de un golpe mientras se adaptaba nuevamente a su trabajo.

“Prácticamente desde ese momento empecé a trabajar en mi casa, en Hatillo 2. Al principio me golpeaba con llantas, se me perdían partes de los frenos y hacía escándalos con las herramientas, pero con el tiempo uno hace un mapa mental y ya sabe en donde está cada cosa, dependiendo del trabajo, puedo durar entre tres y cuatro horas con unos frenos”, explicó.

Mauricio dice que ahora ve más que antes, pues sus ojos está en el alma. Foto: Albert Marín.
Mauricio dice que ahora ve más que antes, pues sus ojos está en el alma. Foto: Albert Marín.

En La Teja decidimos ver a Mauricio en plena acción y nos dimos cuenta que este pulseador no hablaba paja, a pesar de su discapacidad, sabía muy bien cuáles piezas tocaba y nos explicaba su funcionamiento, Además tenía clarito qué herramientas usar para quitarlas o ajustarlas.

A diferencia de otros no videntes que al menos perciben sombras, Mauricio no percibe nada, pero eso no ha sido un impedimento, al contrario, ahora es más perfeccionista.

“Siempre le digo a la gente que yo veo con los ojos del corazón, después de lo que me pasó me hice más cuidadoso, antes ajustaba un tornillo una vez, ahora lo hago tres veces, hasta la fecha todos los carros que he revisado han pasado Riteve”, nos comentó mientras arreglaba un carrito.

Algunos llegan con miedo

Don Mauricio toma con humor cuando le cuestionan si es cierto que arregla frenos porque como él mismo lo dijo, no es normal que un no vidente se dedique a esa labor.

“Una vez vino un señor y me dijo que le arreglara los frenos, me comentó que el carrito era de la esposa, entonces yo le dije: ‘Ah no, lo que usted quiere es que yo falle para que a su señora le pase algo’”, mencionó.

Casi todos sus clientes llegan por recomendación de otros, la mayoría le deja el pichirilo porque confían en su trabajo.

“Cuando prueban el carro los clientes notan que es un buen trabajo y por eso vuelven a venir, he tenido clientes que han ido a todo lado y les dejan los frenos mal, por dicha me visitan y le llego al problema, lo que les digo es que los que otros no ven, yo sí lo veo”, comentó.

Se casó y lleva una vida normal

Cuando quedó ciego pensó que el mundo se le iba a venir abajo, ya que se quedó sin trabajo y con muchos sueños por cumplir.

A mediados del 2004 conoció a su ahora esposa, Laura Badilla, quien ha sido su fiel compañera y ha estado con él en las buenas y en las malas.

“Nos conocimos en una iglesia, Dios puso en ella un sueño, en el que mi papá llegó a ella con una carta, pero cuando ella la iba a leer no lo pudo hacer, luego en ese mismo sueño se vio conmigo en un salón”, explicó.

Se casaron en el 2005 y todavía siguen escribiendo su historia de amor, tienen dos hijos de 16 y 9 años que aunque no los ve, los conoce como la palma de su mano.

“Soy muy feliz, he tenido mis complicaciones en la vida como cualquier otra persona, pero no he tenido impedimentos para llevar una vida normal, uso WhatsApp, tengo Facebook y una familia hermosa. Tengo a Dios en el corazón y todo eso es muy lindo para mí”, añadió.

Su hijo Fabián le ayuda a pasar herramientas. Foto: Albert Marín.
Su hijo Fabián le ayuda a pasar herramientas. Foto: Albert Marín.
Dura tarea

Carlos Ocampo, colega de don Mau y quien tiene un tallercito de frenos en Pavas reconoció que este trabajo es muy complicado, incluso para él que si puede ver.

“Yo admiro a este señor porque entre nosotros (los que arreglan frenos) hemos comentado que el trabajo que hace es muy bueno y de calidad porque a pesar de que no puede ver, siempre entrega los frenos en el punto exacto”, explicó.

Si usted quiere contactar a don Mauricio lo puede hacer llamando al número 8872-1154.