Redacción .31 agosto, 2019

Todos los días, desde hace 51 años, los pasillos del Hospital de San Carlos se llenan de amor, de pasitos lentos, pero felices, de ese perfecto olor a abuelita que reconforta, que sana y que carga el alma de energía positiva. Son los pasos de doña Olga Aguilar González, quien a sus 92 años nunca falta a las visitas.

“Alegría es lo que me da, porque durante todo el tiempo que hice el bien no tuve ningún interés económico” dijo entre pequeñas sonrisas y lágrimas esta vecina de San Antonio de Ciudad Quesada y mamá de 12 hijos.

Amor y palabras de aliento es lo que ha repartido en 51 doña Olga, en el Hospital de San Carlos. Cortesía.
Amor y palabras de aliento es lo que ha repartido en 51 doña Olga, en el Hospital de San Carlos. Cortesía.

“Me levantaba muy temprano a hacer el oficio de la casa para no tener atrasos y estar puntual a la hora de la visita en el hospital. Era la primera que llegaba y la última que salía, muchas veces me quedé hasta tres horas ayudando, por dicha mi esposo me apoyaba siempre y los funcionarios también”, recordó este ángel sancarleño.

Puro amor

Por esa misión de solidaridad desinteresada, por su profundo amor y su incondicional entrega, el hospital de San Carlos la homenajeó con un arreglo de girasoles, que representan la admiración y la buena fe.

“A Doña Olga le dimos girasoles porque estas flores simbolizan el amor puro, un corazón agradecido que no olvida y que expresan la fidelidad al prójimo, en este caso a los enfermos”, explicó el doctor Edgar Carrillo Rojas, director general del hospi de San Carlos.

Después de cinco décadas de atenciones y chineos a los pacientes, las experiencias son muchas así como las preguntas.

–¿Qué fue lo que la motivó a visitar pacientes?

–Bueno, inicié en el hospital viejo y como había poco personal me fui quedando y quedando, me empecé a encariñar con los pacientes y los empleados también”.

–¿Qué le hacía a los pacientes?

–Yo cobijaba a los enfermos que estaban descobijados, daba de comer a los que no lo hacían por sus propios medios y como me gusta hablar mucho les daba palabras de aliento¨.

Óscar Vargas, director administrativo, fue parte del personal del hospital que homenajeó los 51 años de entrega desinteresada de este ángel sancarleño. Cortesía.
Óscar Vargas, director administrativo, fue parte del personal del hospital que homenajeó los 51 años de entrega desinteresada de este ángel sancarleño. Cortesía.

–¿Qué significa para usted compartir con los enfermos?

–Es una alegría que viene de Dios, me sentía muy útil e identificada con los pacientes.

–¿Qué siente cuando no podía visitar el hospital?

–Me dan ganas de llorar. Me ponía a pensar en los enfermos y me preocupaba, pero fueron muy pocos los días que no he asistido en estos cincuenta y un años. Ahora casi no vengo porque me cuesta, pero cada vez que puedo escaparme lo hago.

¿Su mayor dolor en el hospital San Carlos?

–La erupción del volcán Arenal en 1968, fue devastadora. No conocía a ninguna de las personas que llegaban quemadas, pero era como si se tratara de mi familia; niños solos, abuelos heridos, jóvenes desorientados. Dios me ayudaba a socorrer a más de uno y me daba la fuerza, yo me desahogaba en los rincones porque era terrible…. La tristeza inundó el hospital, se veía por todo lado.

Nunca los abandona. A sus 92, doña Olga ya no puede ir todos los días porque sus fuerzas no son las mismas; sin embargo, advierte que jamás abandona a sus pacientes, el día que no va, se pone a orar bien concentradita para que quienes están en las camillas se sanen pronto, eso la mantiene alegre porque de una u otra forma acompaña a los enfermitos.

–¿No cree que pudo hacer otra cosa con su tiempo?

–Si volviera a nacer haría lo mismo y más…porque me duele ver a la gente con hambre, con frío, con dolor”

Yadira Salas, una de los doce hijos de doña Olga, recordó que sin importar el día su mamita siempre iba al hospital.

“No había Día de la Madre, Semana Santa, Navidad, Año Nuevo, que faltara. A veces hacíamos fiestecitas y ella decía ‘ya casi vuelvo, voy al hospital y regreso, si quiere empiezan y yo me uno al rato’”, recordó la hija.

El jefe de cirugía, Carlos Quirós, se concentra en como doña Olga con su amor de abuelita, pudo haber sanado a cientos de pacientes.

“No logro imaginar el impacto positivo que tuvieron los pacientes al escuchar la voz de doña Olga. Esta sencilla mujer nos da una cátedra de lo que es el verdadero amor al prójimo. Muchas gracias por cuanto ha hecho por los enfermos”.