El novio estaba ansioso, la novia llegó tarde y cuando les pidieron darse un abrazo, ellos lo cambiaron por un beso.

Por: Franklin Arroyo 31 agosto, 2017

Alonso Peña dijo "sí, acepto" y se quitó de encima una hora de angustia. La boda debió iniciar a las 2 p.m. y a las 2:14 p.m. el novio estaba en una pura temblorina porque no sabía nada de su futura esposa. Preguntaba la hora, caminaba de aquí para allá, hasta nos pidió el teléfono para llamarla.

La novia, Maureen Esquivel, llegó a las 2:48 p.m. al improvisado salón de actos que sirvió como templo y que  fue testigo de un matrimonio en la cárcel La Reforma.

Ese fue el 'abrazo' que se dieron los novios cuando fueron esposos. De por sí, ni luna de miel pudieron tener. Foto: Rafael Pacheco.

La futura esposa llegó cargando cosas, sonriente y buscando a Alonso. Puso lo que llevaba en una mesa y se sentó frente al altar (que también era estrado) dispuesta a dar el sí lo antes posible.

Allí estaba ya Elizabeth Angulo, la abogada que casó a la pareja, y estaban los invitados, que llegaron todos en piña y fueron tomando asiento.

Pero el sí debía esperar. La abogada hizo una ceremonia llena de rituales, de simbolismos, de historias. Les habló del amor y del respeto que se deben tener, de la paciencia y de Dios como pilar fundamental de la boda. 

Los hizo apagar una velita, ponerse los anillos, improvisar algo el uno para el otro. Y el sí se retardó más, pero los novios escucharon atentos y con ojos vivaces.

Maureen a la hora de firmar el contrato que la vincula en matrimonio con Alonso Peña. Foto: Rafael Pacheco

Hubo queque, comidita. Testigos, ocho invitados, siete personas que trabajan en medios de comunicación  y algunos policías que (sin ser invitados) se tiraron la boda del año detrás de las rejas. Fueron muy respetuosos.

No hubo música y menos licor. Faltaron el pastor y el vínculo cristiano, faltó algún coro. Faltaron la noche de boda y la luna de miel, pero sobró amor (lo más importa). Ese amor se les desbordaba de las miradas y es el que se prometieron en el estrado. "Sí, acepto", dijo cada uno. "Son marido y mujer", dijo la abogada, "dense un abrazo". Pero, claro, la pareja cambió el abrazo por un beso (más rico) y el salón se llenó de aplausos.

Ver más!

Los padres de los novios se abrazaron con sus muchachos y lloraron. Les desearon suerte y felicidad. Invitaron a todos a comer del churrasco, de la pierna de cerdo, a beber del jugo de uva y de los pastelitos dulces y salados.

“Tengo sentimientos encontrados, es poco común ver una boda en la cárcel pero si ella está feliz, entonces yo lo estoy”, dijo Marvin Esquivel, el papá de la novia.

La cara de felicidad de los espsos no se las quita nadie. La boda estuvo sencilla, pero emotiva. Foto: Rafael Pacheco

Los padres de Alonso no hablaron, ni permitieron fotos, pero igual se identificaron con sus hijos. Igual se abrazaron, como una nueva familia. Igual lloraron.

La Teja se une a ese sentimiento y  les desea a la nueva famila mucha felicidad.

El quequito es infaltabla en cualqueir boda. Los esposos se tomaron la foto allí. Foto: Rafael Pacheco
Es difícil porque por mi situacion no disfruta uno de una luna de miel o un momento para compartir o aunque sea para hablar", Alonso Peña, esposo. 
"Por más difícil que sea una situción,  el amor y Dios van a lograr que uno supere cualquier cosa y lograr ser feliz", Maureen Esquivel, esposa.