Redacción .17 julio, 2019
El norteamericano Buzz Aldrin camina por la superficie lunar, a la cual llamaron El mar de la tranquilidad. AP.
El norteamericano Buzz Aldrin camina por la superficie lunar, a la cual llamaron El mar de la tranquilidad. AP.

En el cuarto día de su jornada, el Apolo 11 arribó a la órbita lunar luego de superar la marca de 17.702 kilómetros. A esa altura Neil Armstrong, Michael Collins y Buzz Aldrin quedaron atónitos al contemplar el tamaño y la majestuosidad de la Luna.

Armstrong recordó “la vista es realmente espectacular. La Luna llena cerca de tres cuartas partes de la ventana y por supuesto, podemos ver su circunferencia completa, aún cuando parte de ella está en completa sombra y otra parte brillando. Es una vista que bien vale el viaje".

A las poéticas palabras de su comandante Collins añadió “nuestro primer shock llegó cuando de repente vimos la Luna. Teníamos casi un día de no verla y el cambio en su apariencia es dramático, espectacular y electrificante. La Luna que he conocido toda mi vida es un pequeño disco amarillo en el cielo que por ahora se ha ido a alguna parte y ha sido reemplazado por la más impresionante de las esferas.

“Es una vista que bien vale el viaje”. Neil Armstrong, primer hombre en pisar la Luna.

"Para empezar, es inmensa y además tiene tres dimensiones y casi siento que puedo alcanzarla y tocarla. Está entre nosotros y el Sol, creando la más espléndida de las condiciones de iluminación”, añadió Collins.

Cuando los viajeros terminaron su desayuno las ventanas se oscurecieron y entraron a la parte oscura del satélite. Todas las estrellas salieron. Poco antes de que llegaran a la parte escondida del satélite terrestre por primera vez y quedar fuera de vista desde la Tierra, de Houston les anunciaron que podían encender el motor adicional que los pondría en la órbita que necesitaban para alunizar.

Collins observa a sus compañeros acercarse a la superficie lunar. AP.
Collins observa a sus compañeros acercarse a la superficie lunar. AP.
Tocarla con la mano

A las 2:13 de la tarde del 19 de julio, la nave espacial desapareció tras la Luna, a una velocidad de 8.408 kilómetros por hora.

Collins, sin salir del asombro, comenta: “es maravillosa la precisión de nuestra ruta. Hemos llegado directamente hasta tres millas náuticas de la Luna, a una distancia cercana a un cuarto de millón de millas desde la Tierra, y no olvidemos que la Luna es un objetivo en movimiento y que estamos corriendo a través del cielo...”

“La Luna que he conocido toda mi vida es un pequeño disco amarillo en el cielo que por ahora se ha ido a alguna parte y ha sido reemplazado por la más impresionante de las esferas”. Michaell Collins, astronauta norteamericano.

Cuando la nave espacial salió del lado oculto de la Luna, la estación de rastreo en Madrid encontró la señal justo a tiempo cuando los astronautas trataban de alinear adecuadamente la antena para lograr el mejor ángulo hacia la Tierra.

Los especialistas en Houston inician la comunicación: "Apolo 11, este es Houston. ¿Cómo escuchan?".

Collins se adelanta a responder: “Escuchamos fuerte y claro, Houston”.

Conforme se acercan al mar de la tranquilidad, el sitio elegido para posarse sobre la Luna, Armstrong informa que “el sitio está muy oscuro. No creo que seamos capaces de ver alguna cosa en el sitio previsto a esta hora tan temprana”.

Los ojos de los controladores del Centro Espacial Kennedy no podían dejar de observar tan histórico momento. AP.
Los ojos de los controladores del Centro Espacial Kennedy no podían dejar de observar tan histórico momento. AP.
Primer gran paso

Los astronautas se habían preparado para el alunizaje durante unas tres horas. En la “noche” del cuarto día estaban dispuestos a dormir en la órbita lunar. Antes de cubrir las ventanas y apagar las luces alistaron toda la vestimenta y el equipo que iban a usar el día siguiente. Con la mente puesta en su gran vecina, les fue difícil dormir.

A las 8 de la mañana del domingo 20 de julio, el Centro de Control de la Misión en Houston estaba listo para la gran fecha.

El astronauta Charlie Duke es la única persona que tendrá comunicación directa con los hombres en la Luna.

Armstrong había pedido específicamente que Duke estuviera allí durante el alunizaje por su gran conocimiento de los sistemas del módulo lunar.

El director del vuelo, Gene Kranz, ordena que se cierren las puertas. En ese momento inicia el suspenso en todos los que estaban frente a las consolas y computadoras.

A las 2:46 de la tarde Collins activa el "switch" que libera al módulo lunar del módulo Columbia, el de comando. Segundos después, Armstrong hace que el módulo dé vueltas para que Collins supervise el estado de la nave.

En estos momentos están en el lado oscuro de la Luna y es imposible verlos desde la Tierra. Cuando reaparecen, ya hay dos naves: El módulo Columbia y el módulo Águila.

Michael Collins sigue en órbita a bordo del módulo de comando, al que debía cuidar para el regreso, si sus dos compañeros lograban volver.

Los tres astronautas inician un diálogo histórico...

Aldrin: “El Águila tiene alas”

Collins: "Pienso que ustedes tienen una bonita máquina voladora allí pese al hecho de que están `boca abajo'".

Armstrong: "¿Alguien está boca abajo?".

Collins: “Okey Águila, un minuto...cuídense muchachos..”

Armstrong: "Te veremos luego.."

Collins observa como el Águila se dirige hacia un punto a la distancia. Ahora está solo. Si algo les ocurre a sus compañeros él será la persona más sola en la historia de la humanidad.

Este fue el traje que utilizó Michael Collins durante la misión del Apolo 11. AFP.
Este fue el traje que utilizó Michael Collins durante la misión del Apolo 11. AFP.