Por: Yenci Aguilar Arroyo.   17 agosto, 2019
Johnny traga grueso cada vez que ve algún recuerdo de sus mascotas. Para él, la pérdida de ambos perros es irrecuperable. Albert Marín.

En la comodidad de su casa, Johnny Cooper toma la computadora y mira en silencio la última foto que se tomó con sus perros Dumbito y Mono Patas, en noviembre del año pasado, durante un paseo a Jacó.

Esa foto es ahora parte de los recuerdos que conserva de los animalitos pues en abril falleció Dumbito y en julio Mono Patas. Ese golpe doble obligó a Cooper, de 48 años, a buscar ayuda y fue así como participó en los talleres de duelo que organiza el Centro Nacional del Dolor.

Esos talleres duran 10 semanas y los más recientes finalizaron el 9 de agosto pasado.

Y es que para este vecino de San José centro, el perder a sus mascotas, con las que convivió durante 14 años es un dolor irremediable.

“La muerte de mis perros se me ha dado mucho. La gente subestima el dolor que puede sentirse por la pérdida de un animal, pero considero que eso lo entiende solo la gente que ha tenido una relación tan cercana con sus mascotas”, dijo Johnny.

Regalos del cielo

Johnny colaboraba como voluntario en la Fundación Camila, dedicada a rescatar animales. Un día se encontró a un perrito, lo rescató y lo bautizó Dumbito por las orejotas.

“Tenía tres meses y a los días mi mamá me regaló a Mono Patas, de dos meses. Mono Patas se llamaba Scrappy, pero un día viendo el programa Mundo animal salió un mono que se me pareció él y le cambié el nombre”, comenta.

Johnny había tenidos dos mascotas, pero cuando comenzó a convivir con su pareja, en barrio Aranjuez, terminó de entender que el cariño por los animales era único.

“Hace dos años falleció mi pareja y ellos se volvieron mi sostén. Tal vez la gente me decía viejo loco, pero es que yo hablaba con ellos y me entendían y a veces con solo que me vieran ya sabían si íbamos a salir o si les iba a dar de comer", explica.

Él ya hasta tenía una rutina para pasar el día con sus mascotas. Salían a pasear, dormían con él, los alimentaba dos veces al día y a diario los llevaba al parque en la mañana.

" Me he esforzado por tener gatos, pero no he podido, ya que para mí los perros buscan más cariño, mientras que los gatos son más independientes". Johnny Cooper.

“Si tenía que salir, procuraba no durar mucho en la calle, sabía que necesitaban de mí. Cuando falleció mi pareja me vine a vivir con mi hermana y en esta casa no hay mucho espacio, entonces siempre trataba de que saliéramos para que no acumularan su energía”.

A pesar de la diaria convivencia, Dumbito y Mono Patas nunca se llevaron.

“Si por Dumbito hubiera sido, ambos se la hubieran pasado jugando toda la vida, pero Mono Patas estaba como celoso de él. Mono Patas se llevaba bien con las perritas, Dumbito era el perro más llevadero del mundo”, contó.

Todo cambió de repente...

Johnny es consciente de que el envejecimiento de los perros se da de forma acelerada, sobre todo en los últimos dos años antes de morir.

“Dumbito enfermó primero, de la noche a la mañana dejó de comer. En esos días estaba mal de plata y tuve que dejar como prenda dos aparatos en la veterinaria para que me lo pudieran atender. Según el veterinario, tenía un problema en los riñones y otros males salieron a relucir y en eso se invertirían unos quinientos mil. A la semana siguiente de haberlo llevado al hospital falleció”.

Además de la pérdida, le dolió ver algo que le pareció indignante y es lo que califica como indiferencia de parte del hospital donde atendieron al perrito.

Ambos perritos estaban bien chineados. Johnny conserva los peluches de Dumbito (con suéter negro) y el de Mono Patas. Además, guarda la tasa en la que les daba el alimento y el agua. Albert Marín.

Mono Patas tenía ceguera desde hacía unos años, pero tres meses después de la muerte de Dumbito su salud se comenzó a complicar.

“A como podía le ayudaba a mejorar su calidad de vida. Comenzó a tener problemas respiratorios y una noche lo vi muy mal y por eso al día siguiente decidí pagar para que se durmiera. Obviamente no quería perderlo, pero no iba a repetir el mismo error que con Dumbito. Sin embargo, esta experiencia fue diferente, ya que lo llevé a otra veterinaria y el trato fue muy especial”.

Las dos mascotas están enterradas en el mismo sitio, pero dice que si hubiera contado con los recursos los hubiera cremado para tenerlos en casa.

Una manita

Johnny recibe atención médica en el Hospital Calderón Guardia, donde se enteró de los talleres de duelo que da el Centro Nacional del Dolor.

Esos talleres están dirigidos, en principio, a quienes pierden seres queridos.

“Pensé que en algo me podría ayudar y decidí participar”, dijo.

Empezó con los talleres y allí se reabrió la herida por la muerte de su pareja.

“La gente se asombró cuando en la primera sesión dije que asistía por la pérdida de mi mascota, pero a mí se me ha dado igual que si se hubiera muerto una persona. Todo lo que recibí de ellos es incalculable y yo siempre intenté darles lo mejor que pude”.

En noviembre, Jonhny se fue con sus peluditos de paseo a playa Jacó. Fue el último viaje que hicieron juntos. Cortesía.

Los talleres de duelo le ayudaron a resignarse. Ahora lo piensa seriamente para volver a tener una mascota.

“Cuando estaba llevando los talleres Mono Patas se puso mal y gracias a eso logré dormirlo. Con el dolor de mi alma preferí hacer eso para no verlo sufrir, ya sabía cómo sería el final”, manifestó.

Pese al dolor, Johnny va para adelante. “Quisiera hacer algo por los perros viejos. Es que ellos por sus enfermedades sufren mucho y a veces son despreciados. Creo que ellos merecen recibir lo mejor para que sus últimos días sean más llevaderos”, finalizó.