En medio del dolor más grande de su vida, Jennifer Pazos, de 38 años, encontró una luz pequeñita, de apenas 2 kilos y 400 gramos, que hoy le devuelve la sonrisa todos los días.
Se llama Betty, es una chihuahua de un año, y en esta familia de San Francisco de Dos Ríos no tienen dudas: llegó con una misión muy especial.
“Mi hermano falleció en enero del año pasado. Él fue como mi papá, él me crió, y fue un golpe durísimo. La familia me buscó un apoyo emocional… y así llegó Betty”, recordó Jennifer con el corazón en la mano.
Amor que cayó del cielo
Jennifer no estaba convencida de tener otra perrita. Ya había vivido el duelo de Nela, su chihuahua de 16 años que murió hace poco más de cuatro años, sin embargo, aceptó ir a ver una perrita que la familia le había escogido. “Iba sin convencer, yo no quería otra responsabilidad emocional tan grande”, confesó.
LEA MÁS: Tres gallinas son las mascotas que cacarean alegría y amor en un hogar de Cartago
Un domingo fueron a Heredia a conocer a la cachorrita. Betty tenía apenas 2 meses y tres semanas cuando ocurrió el flechazo.
“En el momento en que la vi se me tiró encima, del lado del corazón, e inmediatamente se me durmió. Mi familia me preguntó qué pensaba y yo dije: ‘¿Qué voy a pensar? Vean que se me tiró encima y se me durmió en el pecho’. Ella me escogió”, recordó para confirmar que desde ese instante fue amor puro.
Una promesa cumplida
La historia tiene un detalle que a Jennifer todavía le eriza la piel. El mismo 27 de diciembre en que internaron a su hermano en el hospital San Juan de Dios… nació Betty. Un mes después, el 27 de enero, él falleció.
“La gente cercana me decía que en esa perrita había algo de mi hermano. El sábado antes de morir hablamos y me dijo que no me iba a abandonar. Una amiga me dijo: ‘Te cumplió, porque está en Betty’”, reconoce.
Y algo sí tiene claro. “Con Betty volví a reír sin sentir culpa. Me pude volver a reír de corazón viéndola jugar y hacer monadas”, aseguró.
La jefa de la casa
Aunque es dulce y “muy princesa”, Betty también llegó a poner orden. “Es excesivamente pega. Donde estoy yo, está ella. Si estoy trabajando, está en mis piernas. Ella vino a poner orden en mi casa, regaña a los perros y gatos. Es lo que ella quiere y punto”, dijo entre risas.
Eso sí, rompe el estereotipo chihuahua. “No tiene la típica personalidad brava. Es de carácter muy dulce”, explicó su mamá humana.
La pequeña convive con sus dos “abuelitos”: Sammy, una pincher de 11 años que rejuveneció con su llegada, y Cooper, un perrito rescatado que todas las mañanas le lame la cabecita para saludarla.
Curita para el corazón
En casa también está la mamá de Jennifer, una adulta mayor, de 73 años, que perdió a su hijo. Ahí es donde Betty demuestra su sensibilidad.
“Uno se da cuenta que ella percibe los sentimientos. Si mi mamá está triste, se va con ella; si soy yo, se me tira encima. Como que sabe su misión en el mundo. Es una perrita medicinal”, afirmó Jennifer.
Nació modelo
La ternura de Betty no se quedó solo en la casa. La mamita humana abrió el Instagram “Betty la chihuahua” el 14 de julio del 2025, motivada por una amiga que le decía que la perrita era “demasiado diva”.
Y no se equivocó. “A ella no hubo que enseñarle a modelar, ella nació modelo. Cuando ve que le voy a tomar una foto, posa”, contó orgullosa.
Betty incluso se volvió la imagen del negocito de bisutería de Jennifer, “Alma y pata”, nombre que nació del duelo por su hermano y de la patita que la ayudó a recomponer el alma.
“Cuando promociono algo y la uso de modelo, se vende rapidísimo. La gente cuando la ve siente algo diferente”, aseguró.
Pequeña, pero mandona
Hoy Betty pesa 2,4 kilos (cuando llegó pesaba apenas 900 gramos), tiene más de 20 peluches que identifica por nombre y es toda una chineada.
Eso sí, tiene gustos finos. “Le encanta el salchichón, el jamón de pavo, el pollo y el huevito. El alimento no le gusta para nada, es bien viva”, dijo Jennifer entre risas.
Y aunque es diminuta, en esta casa saben que su huellita es gigante. Porque a veces, cuando el corazón se rompe, basta una patita pequeña para volverlo a armar.






