.14 junio
01/06/2018, San José, Sala Constitucional, audiencia con el ministro de presidencia Rodolfo Piza para darle seguimiento a la sentencia de la sala con respecto al sistema de contratación de empleados públicos. En la fotografía Paul Rueda. Fotografía José Cordero
01/06/2018, San José, Sala Constitucional, audiencia con el ministro de presidencia Rodolfo Piza para darle seguimiento a la sentencia de la sala con respecto al sistema de contratación de empleados públicos. En la fotografía Paul Rueda. Fotografía José Cordero

LLo primero que hacen los dictadores, como Daniel Ortega, en Nicaragua o Nicolás Maduro, en Venezuela, es poner a sus monos sin derecho a pensar en los distintos poderes para manejar el país como les da la gana. Me refiero al Congreso y Poder Judicial.

En una democracia como la nuestra, y con la que podemos rajar ante los ojos del mundo, es todo lo contrario. Cada poder, Ejecutivo, Legislativo y Judicial, son indepedientes, ninguno puede interferir en el otro.

Sin embargo, estamos en un peligrosísimo y bochornoso momento con la reelección, en la Sala Cuarta, del magistrado Paul Rueda a quien los diputados de la Comisión Permanente Especial de Nombramientos rechazan su permanencia en el cargo.

Al magistrado este grupo le investigó hasta el color de calzoncillos. Si hubieran tenido a mano gente de la CIA y de la desaparecida KGB, la hubieran contratado para averiguar si el magistrado alguna vez se agarró en el kinder con un compañerito.

A él lo castigan por el contenido de sus resoluciones, eso simple y sencillamente es la Asamblea Legislativa metiéndose en terreno peligroso y violando la independencia de poderes. Otros magistrados también le cobran a Rueda que les ha exigido transparencia en sus acciones.

Afortunadamente no todo está escrito y aunque la Comisión de Nombramientos lo rechaza, la reelección se determinará en el plenario, donde la única manera de que se quede sin el puesto es tener 38 votos en contra. Debemos exigir que el voto de los diputados sea público, no debajo de la mesa, como han querido manejar una reelección que debe ser totalmente transparente y limpia.