Franklin Arroyo.2 abril, 2018

Lilliana Cordero, de 38 años, se está desquitando de lo lindo de todo el bullying que le hicieron en la escuela y en el colegio, que la hizo sufrir montones.

Su extrema delgadez y gran estatura la hizo objeto de burlas de muchos de sus compañeros que le decían: "nada por delante y nada por detrás", entre otras cosas.

Pero la vecina de Ciruelas de Alajuela hoy se siente la mujer más bella del planeta, al punto que decidió meterse al concurso Señora Reina de las Américas en la categoría Clásica.

En La Teja ya hemos presentado otras historias de vida de las candidatas, quienes están ayudando al pequeño Luis Alonso Chaves, de 8 años, quien tiene parálisis cerebral.

“Empecé a ir al cole a los 13 años, pero no me iba bien. Mi autoestima estaba muy baja, hubo personas que me dañaron, chiquillos que decían cosas feas y uno se las creía”, dijo esta señora, mamá de tres hijos, Joel, María Celeste y Fátima Jazmín.

Liliana Cordero asegura que meterse al concurso fue un reto para mostrarse a sí misma que sí puede. Foto : Cortesía
Liliana Cordero asegura que meterse al concurso fue un reto para mostrarse a sí misma que sí puede. Foto : Cortesía

Hoy en día, dice que todavía no logra superar algunas cosas, pero ha ido ganando confianza y meterse al concurso fue un reto para mostrarse a sí misma que sí puede.

“Ahora me siento doña toda y me veo así. Dos compañeros que me molestaban ahora son amigos en 'feis'. Seguro que a otros les gustaba”, asegura.

Un gran reto.

Su familia le dijo que ¿para qué se iba a meter a un concurso de belleza?, que ella era una gran mujer, de hogar, de familia y no necesitaba demostrar nada a nadie.

“Un día se me quitaron las ganas de participar, porque es que la gente cree que es para mujeres muy liberales y ¿cómo voy a estar metida yo en esto? Mi esposo me apoya en el sentido de que respetó mi decisión, pero no está de acuerdo”.

Sin embargo, el marido le demostró su amor cuando la convenció de que no podía quitarse el tiro, luego de tanto esfuerzo. “Me dijo que ¿cómo me iba a salir?, que siguiera adelante, que ya esas alturas no valía la pena salirme”, añadió.

Y la valentía de esta alajuelense se complementa con el trabajato que tiene en una quesera, que hoy es lo que está dando de comer a su familia.

“Yo nunca he trabajado, pero hablé por un trabajo que había salido y me contrataron. A los ocho días, más o menos, despidieron a mi esposo. Diosito sabe por qué hace las cosas, Él lo hace todo perfecto. Mi esposo es muy luchador, muy pulseador, ahorita le sale algo”, dijo.

De momento, espera con ansias el sábado 14, día de la ceremonia de gala del certámen, cuando llegará como una triunfadora que dejó atrás el bullying.