Karen Fernández.26 octubre, 2020

El ingenio y chispa del tico es una de sus principales características y por eso a lo largo de los años hemos acuñado una gran cantidad de frases que dejan más perdido que al chiquito de la Llorona a todo aquel extranjero que nos escuche.

Para que no lo coloreen por amarra perros, mejor pague todas sus deudas. Foto Rebeca Arias
Para que no lo coloreen por amarra perros, mejor pague todas sus deudas. Foto Rebeca Arias

El economista Dennis Meléndez Howell se ha dedicado, por gusto, a encontrar el origen de algunas de esas expresiones que vuelven tan rico nuestro lenguaje.

Uno muy apegado a su profesión es el famoso “perro amarrado” y según Meléndez, hay versiones muy criollas y anecdóticas.

Según la investigación hecha por don Dennis, una versión dice que el dicho nació de un tibaseño pensionado a quien se le conocía por su gusto por el ron fino.

El doncito tenía un perro bravo para que le cuidara la casa y también a él, en especial cuando salía a echarse los tamarindos por las noches.

Como tenía fama de buena paga, el pulpero, el carnicero y el cantinero le vendían fiado y cuando cobraba la pensión pasaba a pagar puntualmente. La inflación comenzó a aparecer y la pensión se hizo insuficiente para mantener su gusto por el ron extranjero.

El hombre se fue endeudando y los comerciantes comenzaron a ir a buscarlo a la casa para que al menos les hiciera un abonito.

El señor jalaba de la casa cuando veía que le iban a llegaban a cobrar, hasta que se le ocurrió amarrar a su perro al portón para que nadie pudiera ni acercarse.

El hijo del cantinero, a quien mandaban a cobrar, se devolvía donde su papá y le decía: “¡qué va, pa!, no pude cobrarle, no ve que tiene el perro amarrado” y se corrió la voz de que cuando el tibaseño estaba limpio, amarraba el perro al frente y sabían que era mejor no ir a cobrarle.

Otra versión dice que a un señor al que también le gustaba echarse los tapis, no pudo pagar la cuenta un día y dejó a su perro amarrado afuera de la cantina como señal de que regresaría a pagar y por el peludito, pero nunca lo hizo.

La última es la que se basa en una moneda española a la que llamaban perra, aunque en realidad lo que tenía grabado era la figura de un león (tenían la perra chica de 5 céntimos y la perra gorda, de 10 céntimos).

En Aragón, España, se acostumbraba a usar la expresión no soltar la perra a quienes no pagaban y con la inmigración de los españoles, en tiempos de la dictadura de Francisco Franco (entre 1936 y 1975), llegó a nuestro país y se adaptó a como la conocemos hoy en día.

Gracias a Rafael Yglesias

Todos nos hemos comido un gallito, pero, ¿sabe por qué le pusieron así a la comida que va en una tortilla?

Con pollo, picadillo, queso, huevo, frijoles o cualquier otra cosa, los gallitos ticos son una delicia a cualquier hora. Foto: Mayela López
Con pollo, picadillo, queso, huevo, frijoles o cualquier otra cosa, los gallitos ticos son una delicia a cualquier hora. Foto: Mayela López

En 1898, durante la campaña política para la reelección del expresidente Rafael Yglesias, a quien se le conocía como el Gallo, a una de las cocineras se le ocurrió una idea para adornar la comida que le ofrecía a los votantes.

En una reunión organizada en las afueras de Chepe, donde actualmente se ubica San Sebastián, se juntaron los simpatizantes del presidente para convencer a más gente, pero en aquellos tiempos el camino no era tan accesible como ahora, se acostumbraba a ofrecer comida y una bebida de guaro con sirope, para recargar energías.

La comida más común eran las tortillas palmeadas con alguito encima, por lo que a una de las cocineras se le ocurrió echarle a una tortilla frijol molido, la cerró y le puso encima un frijol entero cocinado, por lo que dijeron que aquello parecía un gallo, y de ahí pasó a gallito.

Otra característica es que llevara un poco de ensalada de repollo con tomate, pero esto se ha ido cambiando con el tiempo a chimichurri, típico de Argentina, o el pico de gallo, que es mexicano.

En el campo, es común que a un poquito de comida (arroz, frijoles, ensalada y algo más), aunque no lleve tortilla, se le diga gallito.

Chunches chinos

La otra expresión que escogimos fue chunche y según le dijo don Jesús Acuña, excompañero de trabajo, a don Dennis, se la debemos a los chinos.

Este quizás es el Chunche más conocido de nuestro país, aunque no tenga nada de chino. Foto: John Durán
Este quizás es el Chunche más conocido de nuestro país, aunque no tenga nada de chino. Foto: John Durán

Los primeros asiáticos que llegaron a nuestro país para la construcción del ferrocarril tenían la barrera del idioma y cuando iban a los comisariatos a hacer sus compras debían señalar o tocar lo que querían y decían algo así como “chung chong” y no pasó mucho tiempo para que empezaran a vacilarlos.

Además, todos empezaron a llamar cualquier cosa como un chunchón, lo que por comodidad cambió a chunche.

Eso sí, según Constantino Láscaris, en su libro “El costarricense”, no le llamamos chunche a aquellos objetos que consideramos valiosos o preciados.