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Conozca cómo son los refugios antibombas del volcán Poás

Estructuras se hicieron con un cemento reforzado, por si acaso, el gigante se pone a escupir piedras con fuego

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Turistas nacionales, estadounidenses y españoles fueron los primeros afortunados en ingresar al Parque Nacional Volcán Poás. Fotos Diana Méndez.

Al paisaje al que estábamos acostumbrados en el volcán Poás se le sumaron cuatro estructuras de concreto reforzado que parecen un búnker de la Segunda Guerra Mundial, pero necesarios para evitar que, en caso de una emergencia, alguien se muera por una pedrada.

Hasta el techo está hecho de cemento ya que, una lata de zinc no podría aguantar la fuerza y ni la velocidad con la que salen disparadas las rocas incandescentes.

De los cuatro, hay tres refugios más pequeños y están repartidos en los cuatro niveles del mirador para permitirle a la gente protegerse rápido mientras los equipos de rescate llegan a sacarlos.

“Estos tres son los nuevos, el más grande era la caseta del guardaparques que se amplió y es en donde se guardan las mascarillas, de los cuatro este el único que tiene pequeñas ventanas para que se pueda vigilar la actividad”, explicó Mahyar Shirazinia Riggioni administrador del parque.

Shirazinia explicó que debido a la distancia que alcanzaron las erupciones anteriores hasta a los baños que están a la mitad del sendero que lleva al mirador se les hizo una chorrea de loza para protección.

¿Cómo son?

Las estructuras son como cajones que están a espaldas de la dirección del cráter para retener el avance de la ceniza o del material, la idea es que la gente no saque el celular para tomar fotos sino que pueda estar segura mientras pasa la emergencia.

Los tres búnker pequeños miden casi cuatro metros de alto y el techo tiene metro y medio de concreto, por lo que prácticamente son indestructibles. De largo y de fondo miden dos metros y caben 16 personas.

En cada búnker caben 16 personas bien apretadas.Fotos de Diana Méndez (Diana Mendez)

Estos cajones están acompañados de las estrictas medidas de seguridad con las que empezaron a operar este viernes en el parque nacional y que se mantendrán así mientras el gigante alajuelense dé “permiso” de visitarlo.

Otro elemento de seguridad es el sensor de gases, si se llega a un nivel peligroso de dióxido de azufre se reparten las mascarillas entre los turistas y se les saca inmediatamente del parque.

"Este gas crea una partícula alrededor de los pulmones que disminuye la capacidad de pasar oxígeno a la sangre, por eso, se siente la falta de aire y si a eso se suma la falta de altura y el esfuerzo físico no se debe tomar a la ligera”, explicó José Pablo Sibaja, director general científico del Laboratorio de Química de la Atmósfera de la Universidad Nacional.

Para evitar que alguna persona sufra una crisis mientras espera que lo trasladen a Poacito, tienen un equipo de la Cruz Roja que se financia con lo que se paga de parqueo.

En el reglamento del parque se prohíbe la entrada a niños menores de 12 años, pero si un papá llega con niños e insiste en entrar porque ya compró las entradas por internet, debe firmar un documento donde diga que se hace responsable de lo que le pueda pasar al niño dentro del parque.

Según explicó Sibaja recomiendan que no entren niños porque las mascarillas tienen medidas para adultos.

El plan no se hizo al azar, todo se diseñó con ayuda del Comité Asesor Técnico de Vulcanología, Comisión Nacional de Emergencias, Ovsicori y la Red Sismológica Nacional.

“Esta seguridad es necesaria porque una erupción se podría predecir con los equipos de monitoreo de las universidades y la comisión de emergencias, y todos estamos en comunicación para que a la más mínima sospecha de una erupción evacuar de inmediato”, explicó Shirazinia.

El refugio más grande era antes la caseta de los guardaparques. Fotos de Diana Méndez (Diana Mendez)

Primeros afortunados

Los dos primeros grupos que se animaron a visitar el volcán este viernes no superaban las 20 personas, aunque al mirador del cráter pueden subir en grupos de 56 personas máximo.

En el parque reparten cascos de tres colores, blancos, rojos y amarillos y son para distinguir a cual grupo le estar en el mirador, si se encuentran un casco blanco y era el turno de los rojos va para abajo.

Cada grupo puede estar en el mirador 20 minutos y los que andan el casco verde son guardaparques.

Los colores de los cascos sirven para saber a cual grupo le toca subir al mirador.Fotos de Diana Méndez (Diana Mendez)

Los turistas llegaron a partir de las 7 de la mañana. Muchos de los que se estrenaban en el lugar salían asombrados de la belleza, pero decepcionados del poco tiempo que tenían para tomarse fotos y disfrutar del paisaje.

Los ticos también salían asombrados, pero, en su caso era por el cambio que sufrió el coloso que nos pegó un susto el 7 de abril, cuando empezó a despertar y el 13 de ese mismo mes cuando hizo la primera erupción.

Don José Mora fue uno de los que salió con sentimientos encontrados porque llegó a pasear con la hija y los nietos que vinieron a visitarlo en Alemania.

El paseo que les permitieron hacer fue al mirador que está a 300 metros del cráter y donde se encuentran los refugios disponibles para esconderse de las piedras ante una erupción.

Ellos toparon con la mala suerte de estar entre los primeros grupos que no pudieron ver el cráter despejado.

"Los refugios me parecen bien pero que limiten el tiempo solo hace pensar que se adelantaron para abrirlo porque si uno quiere esperarse al que se despeje el cráter no podemos porque solo nos dejan quedarnos 20 minutos”, aseguró Mora.

Esta familia topó con la mala suerte de estar entre los primeros grupos que no pudieron ver el cráter despejado.

Los encargados del parque no aguantan nada y a los turistas que reservaron a una hora y llegan tarde los hacen devueltos, igual a los que llegan sin apartar un campito por internet, así que ni la pulsee porque se llevará un colerón.

Este viernes, día de la reapertura, el volcán estuvo despejadito, una salvada para los visitantes. Fotos de Diana Méndez (Diana Mendez)

A turistas como don José Mora le preocupa que tantas medidas de seguridad espante a los turistas.

“Yo no pude conseguir las entradas y mi hija tuvo que entrar tres veces para lograrlo, además nos vinimos temprano y nos hicieron esperar afuera de los límites, pero, ¿dónde has visto que un tico sea puntual? Más de uno va a perder la plata porque llegará tarde”, explicó Mora.

Eso le paso a un grupo de españoles que llegaron media hora tarde y perdieron la oportunidad y jalaron chivísimas porque no los dejaron esperar para ver si sobraba campo.

Estos son algunos de los daños que dejaron las pasadas erupciones. Fotos de Diana Méndez (Diana Mendez)

Pero los encargados prefieren lidiar con un turista molesto en lugar de uno muerto porque no se siguió con el plan de emergencia que se diseño para convivir con un volcán activo.

“Hay muchas condiciones del clima y en ambiente que puede hacer una concentración de gases que si no se están monitoreando nos pueden costar la vida a todos”, aseguró Sibaja.

Estas son las mascarillas por si se da una erupción o sube el nivel de gases. Fotos de Diana Méndez (Diana Mendez)

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