Paola Marrero encontró una forma de ayudar a muchas familias con niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA) después de que su hijo, quien actualmente tiene 9 años, fuera diagnosticado.
Al comprender de primera mano cómo la sobreestimulación sensorial, el ruido excesivo de las máquinas, las luces intensas y el ambiente bullicioso de las barberías tradicionales afectan profundamente a estos pequeños, decidió tomar las tijeras por las manos.
Paola le dio la vuelta a la vida y al diagnóstico de su hijo.
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Hace casi dos años, esta joven de 35 años abrió una barbería a domicilio dirigida a niños y adultos con diferentes condiciones, además de adultos mayores y personas recién operadas.
Este proyecto fue pensado precisamente para ofrecerles un ambiente seguro, tranquilo y familiar, donde el corte de cabello deja de ser una experiencia traumática para convertirse en un momento de calma.
“Cuando él (su hijo) tenía 4 años lo diagnosticaron. Siempre fue complicado porque sí había barberos que le cortaban el cabello, pero no con paciencia. Había que esperar mucho con esa música escandalosa, las luces y la gente”, contó.
Ella le comentó esta preocupación a su suegra y ella le sugirió estudiar algo para ayudar a más personas con esta necesidad y de paso podía generar ingresos, por lo que llevó barbería y estilismo.
“Empecé a buscar modelos porque siempre nos pedían gente para practicar. Yo llevaba a mi hijo”, comentó con mucho orgullo.
Un ángel para muchos
Al graduarse, ofreció sus servicios en un grupo de mamás de niños con TEA. Una administradora la motivó a ayudar a otras familias que también habían vivido experiencias incómodas.
“Ellas me dijeron que me dedicara a los niños con alguna condición porque no encontraban quién pudiera ayudarles. Fueron mis primeros clientes”, dijo.
El negocio le permite generar ingresos mientras atiende a su hijo, lo lleva a terapias y lo acompaña con las tareas escolares.
Lo hace a domicilio
Paola se desplaza hasta las casas de sus clientes porque los niños se sienten más seguros en un ambiente conocido y junto a su familia.
“Siento que hay menos estrés cuando el niño está en un lugar que conoce. En una peluquería no puede estar con toda la familia ni viendo el programa que le gusta”, explicó.
Atiende a personas con TEA, síndrome de Down, parálisis cerebral e hiperactividad (TDAH), además de niños que desarrollaron miedo tras una mala experiencia en una barbería.
“Hay papás que necesitan cortarle el pelo al hijo porque en la escuela ya les dijeron que no veía por el cabello”.
Ella es toda una experta con su técnica: “A veces solo podemos trabajar en cinco o diez minutos, que es lo que el niño permite”, comentó.
En otros casos el corte tarda más porque deben hacer pausas cuando el pequeñito se estresa. No hay prisa.
“Todos los casos son diferentes. Con el tiempo y todo lo que aprendí cuando diagnosticaron a mi hijo, he ido aplicando técnicas”, afirmó.
Aunque la joven es de Coronado, ella visita diferentes lugares con ayuda de su papá y su pareja.
“He ido a Heredia, La Uruca, Pavas, Grecia, San Ramón, donde pueda ir”, explicó.
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Aunque normalmente no viaja a zonas lejanas, por ejemplo, la Zona Sur, está dispuesta a hacerlo si se coordina con tiempo, pues depende de su papá y su pareja para movilizarse a otros lugares. Lo de ella es ayudar.
Mamá a tiempo completo
Además de ser barbera, Paola dedica su vida al cuidado de su hijo.
Estudió imágenes médicas, pero no ejerce porque su hijo requiere de su atención. En estos años, toda su familia ha aprendido sobre el TEA.
“Antes mi hijo no hablaba mucho y yo pensaba qué bonito cuando los chiquitos llegan y cuentan cosas. Uno se preguntaba por qué pasaba, pero después aprende. Todos aprendimos”, contó.
Explicó que existen tres niveles de apoyo para personas con TEA. Su hijo está en el grado uno, por lo que es más independiente.
“El tres es un grado más severo, donde hay niños que no hablan, no comen muchas cosas y no toleran muchos sonidos”, explicó.
En sus ratos libres, Paola atiende a sus clientes.
“Mi hijo es todo. Siempre quise ser mamá y me costó mucho. Cuando quedé embarazada no tuve complicaciones, pero él estuvo una semana en cuidados intensivos”, recordó.
Familias le agradecen
Cuando Paola corta el cabello de los niños, muchas mamás terminan llorando al encontrar a una persona paciente y comprensiva.
“Me ha pasado varias veces que las mamás lloran porque encontraron a alguien que les tuviera paciencia a los hijos y que no le importara esperar”, contó.
Las palabras que le dedican la motivan a seguir ayudando a otras familias.
Quienes requieran sus servicios pueden contactarla al 7098-7969 o mediante Facebook e Instagram, Paola’s Hair House.





