Eduardo Vega.6 mayo

“Las bollas de queso con azúcar son las que más busca la gente. No las he terminado de hornear cuando ya se las están llevando, no duran nada, han sido un éxito entre los vecinos y qué dicha porque se hacen para que sirvan de ayuda a los más necesitados”.

El padre panadero sancarleño ha sido todo un éxito. Cortesía.
El padre panadero sancarleño ha sido todo un éxito. Cortesía.

Esa frase no es de un panadero cualquiera, sino del padre Geison Ortiz Marín, cura párroco de la parroquia de Santa Rosa de Lima, en Pocosol de San Carlos, quien se puso una panadería improvisada en la casa cural para hornear cositas sabrosas para vender y con la platica que genere, ayudar a familias necesitadas de la zona.

Pero, ¿cómo aprendió a hornear el padrecito Ortiz?

“Así actúa el Señor. Antes de ser sacerdote fui panadero y me hice panadero por necesidad, porque en casa se vino una gran crisis y tuve que dejar los estudios para trabajar y lo primero que apareció, bueno, a donde me mandó Dios, fue a una panadería", dijo Ortiz.

La panadería que le sirvió de escuela ya desapareció, se llamaba Panes San Carlos y estaba en el puritico corazón de Ciudad Quesada.

Mínimo diez horas le pone bonito el padre a la horneada en estos tiempos de pandemia. Cortesía.
Mínimo diez horas le pone bonito el padre a la horneada en estos tiempos de pandemia. Cortesía.
El llamado

El sacerdote dice que ahí le ensañaron a hacer todo tipo de panes y repostería y como dice el dicho, lo que bien se aprende, nunca se olvida.

Geison recuerda que después de trabajar durante cinco años como panadero, Dios lo despabiló para que no olvidara lo que le decía la llama que llevaba encendida en su corazón.

“Siempre quise ser sacerdote, por eso con veinte años comencé el proceso vocacional. Fue en ese momento que me dijeron que para entrar al seminario tenía que ser bachiller, entonces, muy seguro de lo que quería, me metí a bachillerato por madurez, me gradué y ahora sí entré al seminario”.

Nada más vean las deliciosuras que hace el curita, con razón se vende todo. Cortesía.
Nada más vean las deliciosuras que hace el curita, con razón se vende todo. Cortesía.

Una vez que comenzó el camino sacerdotal no tuvo tiempo para nada más que para prepararse para ser padre y una vez que lo logró, la panadería quedó de lado.

De vuelta al horno

El 18 de marzo los obispos de la Conferencia Episcopal del país no habían terminado de comunicar que a partir del 19 de marzo se cerraban totalmente las puertas de iglesias, capillas y oratorios por culpa del coronavirus, cuando el padrecito ya estaba prendiendo el horno.

“No lo pensé dos veces. Entendí que teníamos la necesidad de sostener la parroquia y mantener las ayudas. De una vez busqué el delantal y le dije a mis compañeros sacerdotes de la parroquia, yo soy panadero, así que vamos a hacer pan y Dios nos va a ayudar a venderlo”, comentó.

El padre amasa la masa con gran experiencia y con mucha alegría. Cortesía.
El padre amasa la masa con gran experiencia y con mucha alegría. Cortesía.

Los padres Omar Francisco Solís Villalobos y Gustavo Adolfo Solís Araya, compañeros de parroquia de Ortiz, pelaron las guayabas porque nunca habían visto al colega con un delantal puesto, pero una vez que salió la primera tanda comprendieron, a puro gusto, que la idea podía ser un pegue.

Bien fajados

Los moldes quedan limpios a las seis p. m. porque al otro día la horneada comienza a las 6 a. m.

La bolla de pan la venden en 1.500 colones y la gente llega, toca el timbre de la casa cural y ya sea el padre Omar o el padre Adolfo, salen con el pedido, eso sí, la gente debe respetar los protocolos de higiene del Ministerio de Salud, o sea, hacer fila con dos metros de distancia y lavárselas manos antes de llevarse el pedido.

La noticia de la panadería parroquial inundó las redes sociales y por eso a la casa cural no dejan de llegar los clientes.

“El dinero recogido con las ventas nos ha servido para ayudar a la comunidad, porque si bien las puertas de las iglesias se cerraron, las necesidades crecieron, el timbre no deja de sonar con familias enteras que nos piden algún tipo de ayuda, pues bien, con la platica de las ventas de los panes estamos ayudando a comprar víveres".

A las seis de la tarde pa fuera el delantal y venga la sotana porque hay que celebrar misa de siete de la noche. Cortesía.
A las seis de la tarde pa fuera el delantal y venga la sotana porque hay que celebrar misa de siete de la noche. Cortesía.
Rojito y medio. Eso vale la bolsita con las sabrosuras que hornea el padre Ortiz, la más famosa y buscada es la bolla de queso con azúcar, sin embargo, también se venden muy bien las trenzas de guayaba y de chiverre, el pan casero, las empanadas de piña y el pan de yuca. La parroquia, junto con la Asociación de Desarrollo de la zona y a otras iglesias no católicas, así como los síndicos comunales, han entregado más de 120 diarios a familias que la están pasando mal por el coronavirus.

“Santa Rosa de Pocosol es uno de los distritos más pobres del cantón de San Carlos, es por eso que nosotros los sacerdotes no nos podíamos quedar de brazos cruzados a ver qué nos caía del cielo, nos pusimos a hacer, a generar ingresos”, explicó el sacerdote.

“Hornear ha sido pura salud mental para mí, paso motivado todo el día, además ayudo, incluso comparto las recetas con quien quiera”, Geison Ortiz, sacerdote.

Esos sí, ni crean que abandona sus labores sacerdotales ya que después de dejar todo bien lavadito cuelga el delantal y se pone la sotana porque a las siete de la noche, todos los días, la parroquia celebra misa, la cual transmiten por el Facebook "Parroquia Santa Rosa de Lima, Pocosol”.