Eduardo Vega.1 diciembre, 2020

El símbolo de la muerte del ejército tico fue el golpe que José Figueres Ferrer le dio a uno de los muros del cuartel Bellavista el 1 de diciembre de 1948.

Ya pasaron 72 años desde aquel momento y el país pelea una guerra contra un enemigo invisible que ha matado hasta este lunes a 1726 personas y ha sacudido todos los campos de nuestras vidas.

En un momento de crisis como este, en el que miles de millones de colones se han destinado a luchar contra el covid-19 se hace presente la pregunta ¿cómo estaríamos si, además de enfrentar al coronavirus, tuviéramos que mantener unas fuerzas armadas?

La decisión de abolir el ejército, tomada en 1948, le cambió todo el rumbo al desarrollo del país. Archivo.
La decisión de abolir el ejército, tomada en 1948, le cambió todo el rumbo al desarrollo del país. Archivo.

Para responderla buscamos la ayuda de Lina Barrantes, directora ejecutiva de la Fundación Arias para la Paz, y de Ana Yancy Espinoza, de la misma fundación.

Lo primero que nos preguntaron fue ¿qué tipo de ejército quiere?, ¿de choque o de defensa?, ¿terrestre, marino, aéreo?

Respondimos que de defensa, que necesitamos cuidar las fronteras, pero también nuestros mares, y bueno, es importante vigilar el espacio aéreo.

“Hagamos el ejercicio de pensar que tendríamos un ejército pequeñito como el de Nueva Zelanda, entonces hablamos de casi seis mil millones de dólares anuales en el presupuesto inicial militar muy básico”, explica doña Lina.

Nueva Zelanda tiene 4.584 tropas de tiempo completo y 1.671 de tiempo parcial.

Nuestro presupuesto nacional para este 2020 fue de 10.509.607 billones de colones, un año en el que hemos debido hacer de tripas corazón para buscar más plata por los efectos de la pandemia.

Este ejército de de estudiantes, posiblemente, no tendrían la educación gratuita si tuviésemos brazo militar. Archivo.
Este ejército de de estudiantes, posiblemente, no tendrían la educación gratuita si tuviésemos brazo militar. Archivo.

Y nos explica más doña Lina: “Nos vamos a ahorrar la fuerza aérea, vigilaremos con drones; un dron militar, sin capacidad de portar misiles, anda por los ₵10 mil millones y ocuparíamos unos tres, mínimo.

“Un tanque de guerra vale 58 millones de dólares. Un sistema de defensa aérea, sin los cohetes, vale unos ₵4 mil millones. Darle un arma militar de verdad, una AK-47, a cada efectivo, estamos hablando de casi un millón de colones por arma, sin balas”.

En abril de este año hubo un escándalo en España porque frente a los primeros golpes del covid-19 en aquel país, el Gobierno compró un tanque de guerra cuyo precio era el mismo que el de 44 respiradores.

Un ejército es un chorro de plata para cualquier país, más para uno que debe raspar la olla o pedir prestado.

Bueno, y los militares van vestidos, ¿cuánto cuesta un uniforme militar?

“Anda por los dos millones de colones el de uso diario, faltan dos más”, añade la directora ejecutiva.

Arrasa con todo

Buscamos también a alguien formado como militar, don Roberto Samcam, ya retirado y quien tuvo el rango de mayor.

Este experto nicaragüense nos ayudó a entender qué sería de nuestra Tiquicia si la Junta Fundadora de la Segunda República hubiera mantenido vivo el ejército.

“Al abolir el ejército todo el dinero que consumía la milicia se dedicó a salud y a educación. Los ejércitos consumen millones de dólares en recursos y fomentan la corrupción militar, algo que este país no experimenta”, dice con firmeza.

Roberto Samcam, exmilitar de Nicaragua
Roberto Samcam, exmilitar de Nicaragua

“Hoy Costa Rica tiene más de mil ebáis, pues quiero decirles que si el ejército hubiese seguido desde el 48 no tendrían ni uno. La máquina militar consume demasiado, eso significa que el covid-19 les habría pegado directo y entonces habría arrasado el país. Por supuesto, ni pensar en bono Proteger”, explica don Roberto.

¿Cómo piensa él que estaríamos? Es sencillo: “Si acaso tendrían los hospitales que tienen, nada más, cuidado y no menos. La educación no creo que sería gratuita y obligatoria, no alcanza la plata, mucho menos para comedores escolares, ni lo piensen. El que puede pagar los estudios, va a las aulas, los que no se quedan sin educación”, añade.

Este paisaje es parecido al de algunos países centroamericanos...

Casi un sueño hubiese sido tener comedores escolares para llenar pancitas, porque lo militar ocupa millones de dólares al año. Archivo.
Casi un sueño hubiese sido tener comedores escolares para llenar pancitas, porque lo militar ocupa millones de dólares al año. Archivo.

“El presupuesto del año en comedores escolares se lo puede llevar fácil la compra de uniformes de gala para los militares de alto rango y el brazo militar no va a preferir la comida de los niños, ellos se compran sus uniformes y listo”, explica don Roberto.

Los ejércitos son bocas hambrientas que todo lo consumen, cuerpos sin alma.

Golpes de Estado. Roberto Samcam, exmilitar nicaragüense nos recuerda que la historia tica antes de 1948 estuvo llena de golpes de Estado, asesinatos a líderes políticos y dictadores. Los militares se vuelven una casta especial y quien no está de acuerdo con ellos, lo quitan y ya.

Cuando le hablamos al exmilitar nicaragüense del Instituto Mixto de Ayuda Social (Imas), el Banco Hipotecario de la Vivienda (Banhvi), el Instituto Nacional de Vivienda y Urbanismo (Invu) o ser líderes latinoamericanos en medicina gracias a la Caja, reaccionó con estas palabras: “(con un ejército) muy difícilmente tendrían eso, el ejército consume recursos muy necesarios para que otras instituciones puedan desarrollarse y cumplir sus misiones.

“A un militar de alto rango le pagan casa, carro, guardaespalda, alimentación, estudios de los hijos, viáticos…el salario le queda limpio”, Roberto Samcam, exmilitar nicaragüense.

“El presupuesto del próximo año en Nicaragua asigna 77,3 millones de dólares para sostener al ejército, una institución que no aporta absolutamente nada a la producción nacional”, explicó.

Hoy en Costa Rica saben leer y escribir 98 de cada 100 personas, tienen agua potable 93 de cada 100, dos datos que se desearían naciones que prefieren mantener ejércitos que apostar por las personas.