Eladio Alberto Alvarado Robles, conocido por todos como Lalo, salió de su natal Rivas de Pérez Zeledón en 1999 con una maleta cargada de sueños rumbo a Estados Unidos.
Se estableció en Trenton, Nueva Jersey, donde en aquel tiempo ver a otro costarricense era casi una rareza. Allá conoció a su esposa, Yesenia Fuentes, formó su familia y montó su negocio, pero siempre con la espinita de mantener vivas las raíces ticas, entre ellas, el desfile de faroles.
“Hacemos los faroles desde hace 24 años. Nos unimos con la líder comunitaria Laura Mora cuando éramos muy poquitos, ni seis personas éramos. Íbamos en un parquecito que le decían el ‘parque de los italianos’ con una bandera y tres faroles”, recuerda Lalo sobre aquellos primeros desfiles.
Ese arranque modesto dejó anécdotas que hoy guardan con cariño y risas, aunque en su momento parecieron una locura para los locales.
“Nunca se me olvida que Laurita iba cantando el Himno Nacional y cuando gritó tres veces ¡Viva Costa Rica!, una señora en el corredor de una casa le gritó: ‘¡Cállese, vieja loca!’. Gritó eso porque éramos solo seis gatos tratando de celebrar la independencia. Ahora nos acordamos de eso y nos da gracia”, cuenta entre risas.
Con los años, la semilla dio frutos gigantescos. La celebración creció a tal punto que debieron trasladarla al Rancho Bonanza, en New Egypt, una propiedad familiar y libre de alcohol donde Lalo y los suyos cultivan las raíces ticas.
“Ayer (el pasado domingo 13 de setiembre) reunimos unas 400 personas. Otros años, sin tantas restricciones migratorias, han llegado hasta 700.
“Blanca Madrigal es la que nos ayuda a convocar a la gente; ella es como aquellos mensajes que llegaban a caballo en la independencia, pero ahora informando a todos los ticos de los alrededores”, comentó.
“Tuvimos la presencia de la cónsul de Costa Rica, que nos dio un mensaje hermoso, y compartimos de todo: arroz con pollo, tamales de elote y maicena, copos y elotes con mantequilla. Todo traído por la misma gente”, agregó.
Para Lalo, todo este esfuerzo de más de dos décadas tiene un norte clarísimo que va mucho más allá de la comida o la nostalgia.
“El objetivo siempre son los niños ticos nacidos acá. La unión de la familia por los faroles es única; es el momento en que los papás se sienta con su hijo a pegar la ventanita en el farol y hablan de lo que es ser costarricense y amar la patria.
“Los que vivimos eso en Costa Rica lo recordamos con amor, pero si dejamos que esto se caiga, los niños de acá no van a tener esa oportunidad”, explicó.
El objetivo siempre ha sido que se mantenga vivo el fervor patrio en todos los ticos, incluso los nacidos allá.
“Somos embajadores para que ellos sientan ese orgullo y se les pongan los pelos de punta cuando oigan el Himno Nacional”, concluyó Lalo con el corazón lleno de patria", aseguró.


















