Monseñor José Manuel Garita Herrera.16 febrero

El pasado lunes 11 de febrero celebramos la Fiesta en honor de Nuestra Señora de Lourdes. Como bien sabemos, su advocación hace referencia a las 18 apariciones de la Virgen María que Bernardita Soubirous afirmó haber presenciado en la gruta de Massabielle, a orillas del río Gave, en las afueras de la población de Lourdes, Francia, en 1858. Ya en vida de Bernardita, multitud de católicos creyeron en las apariciones de la Virgen María, y el papa Pío IX autorizó al obispo local para que permitiera la veneración de la Virgen María en Lourdes en 1862.

Monseñor José Manuel Garita Herrera, obispo de Ciudad Quesada. Cortesía.
Monseñor José Manuel Garita Herrera, obispo de Ciudad Quesada. Cortesía.

Ante la reiterada petición de Bernardita de que le dijera su nombre, el 25 de marzo de 1858 (en su decimosexta aparición) la señora le dijo: “Yo soy la Inmaculada Concepción”.

La Iglesia siempre consideró a la Virgen María como una figura íntimamente próxima a todo sufrimiento humano, desde aquel momento en que contemplamos a María dolorosa, al pie de la cruz, episodio descrito por el Evangelio de San Juan. A partir de los hechos testimoniados por Bernardita, la Iglesia consideró a la Virgen María, en su advocación de Nuestra Señora de Lourdes, la patrona de los enfermos, por ello, desde 1992, San Juan Pablo II instituyó en esta fecha la Jornada Mundial de los Enfermos.

María es “santa e irreprochable ante Dios”, como hemos de serlo también todos nosotros en virtud de nuestro bautismo y de nuestra vocación a la santidad.

Pidamos responder con generosidad a lo que el Señor nos pide, como lo hizo María diciendo “Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”. Aprendamos de María su obediencia y docilidad a la gracia de Dios.