Bryan Castillo.22 septiembre, 2019
El Pueblo se convirtió en un lugar desolado. Foto: Rafael Paheco.
El Pueblo se convirtió en un lugar desolado. Foto: Rafael Paheco.

El centro comercial El Pueblo, ubicado en San Francisco de Goicoechea, fue puesto en venta y será demolido para convertirse en un moderno edificio de 10 pisos.

Este conocido lugar que tiene una arquitectura colonial fue inaugurado en 1977 por Carlos Lachner y un grupo de empresarios, que hicieron de este negocio un bum.

Por su caminos, algunos de cemento y otros adoquinados, sus visitantes construyeron miles de historias.

Los locales que albergaron negocios exitosos también son fieles testigos de momentos mágicos e imborrables.

““Aquí hubo tres muertos (entre el 2011 y 2017), eso conllevó a que dueños de negocios cerraran porque no se sentían seguros”. Marlon Medina, gerente administrativo de El Pueblo.

Desde sus inicios y hasta el 2007, El Pueblo era uno de los lugares más visitados por las familias costarricenses y los turistas, quienes encontraban buenos restaurantes, discotecas, tiendas para comprar recuerdos y en algún momento un salón de patines, una cancha y hasta espacios que servían como peluquerías y oficinas.

La razón por la que este sitio pasará a la historia, es por el cambio radical que tuvo a partir del 2008, cuando pasó de ser un hermoso pueblo a un espacio donde se dieron algunos hechos violentos.

El Pueblo fue inaugurado por el entonces presidente Daniel Oduber. Foto: Cortesía.
El Pueblo fue inaugurado por el entonces presidente Daniel Oduber. Foto: Cortesía.

Marlon Medina, jefe administrativo de El Pueblo, explicó que a partir de ese año, algunos bares cambiaron su estilo y empezaron a poner reguetón.

“Cuando se da ese cambio, lo que ocurre es que los bares se llenaban más, eso era bueno porque tenían muchas ganancias, pero lo malo fue que la gente que antes visitaba El Pueblo y que lo hizo grande, decidieron no venir más, porque se convirtió en un ambiente pesado y violento”, detalló Medina.

Durante las décadas de los 70, 80 y 90, este quiosco fue el lugar donde muchos artistas vendían cuadros. Foto: Rafael Pacheco.
Durante las décadas de los 70, 80 y 90, este quiosco fue el lugar donde muchos artistas vendían cuadros. Foto: Rafael Pacheco.

“Había muchas promociones y eso facilitaba que la gente tomara más y que se generaran más problemas, además, los bares de El Pueblo eran los que más tarde cerraban, entonces nos visitaba gente que venía de otros lugares con unos tragos de más”, explicó.

Según Medina, antes del 2008, tenían aproximadamente 100 locales alquilados de 150, ese número disminuyó con los años, hasta tener en la actualidad solo 39 ocupados.

“Aquí hubo tres muertos (entre el 2011 y 2017), eso llevó a que dueños de negocios cerraran porque no se sentían seguros y afectó mucho la imagen del lugar”, mencionó.

Para echarle más sal a la herida, Medina confirmó que en el 2009, el departamento de Estado de Estados Unidos, publicó en su página web una alerta sobre lugares turísticos peligrosos, El Pueblo, figuraba en la lista.

“Eso fue un golpe bastante duro porque durante muchos años este lugar fue visitado por los turistas, es que esto en realidad era una atracción en donde se encontraba de todo, la gente de aquí y los que venían de afuera quedaban maravillados”, añadió.

Algunas partes de la estructura lucen así por el pasar de los años. Foto: Rafael Paheco.
Algunas partes de la estructura lucen así por el pasar de los años. Foto: Rafael Paheco.
Venta en $9 millones

La violencia y el cambio de El Pueblo, hicieron que los 20 propietarios del lugar valoraran en el 2018 la venta, pero fue hasta febrero de este año cuando lo hicieron oficial.

Su precio es de $9 millones (poco más de cinco mil millones de colones) y la extensión es de 11.823 metros cuadrados.

“En este momento hay un grupo de inversionistas interesados. Aquí no se pueden construir apartamentos, esta parte está habilitada para construir un edificio de máximo 10 pisos con tres de sótano”, detalló.

Los lugares más recordados
Lukas
Papa Pez
La Cocina de Leña
El Fogón de Leña
Infinito
Bongos
La Estancia
Coco Loco

Medina aclaró que de momento están en negociaciones con este grupo y no hay una fecha estimada de venta, aunque el objetivo de los propietarios es que se concrete al finalizar el 2019.

“Los arrendatarios ya saben sobre la venta, a ellos se les va a respetar el contrato que tengan. Una de las opciones que tienen es negociar con los nuevos dueños porque el piso uno va a tener locales para alquilar, la otra es buscar un nuevo lugar”.

“Antes era otra cosa”

Yamileth García, de 42 años, visitaba con frecuencia este lugar, especialmente a los restaurantes.

Ella iba con su esposo y su hija, le gustaba mucho ir a comer al restaurante Lukas los sábados por la noche.

“Antes era otra cosa, el ambiente era muy sano, había restaurantes muy buenos y bares con buen ambiente, todo era muy diferente”, dijo esta vecina de San Antonio de Escazú.

Según contó, dejó de ir a este centro comercial en el 2010, cuando saliendo de este lugar su esposo tuvo un enfrentamiento con un joven, que según describió, andaba repleto de cadenas y con ropa que le quedaba holgada.

“El problema fue porque este muchacho no nos dio campo para pasar con el carro, estaba estorbando, mi esposo le dijo que por favor le diera campo, pero en vez de quitarse se puso malcriado, no respetó que veníamos con una niña.

“Esa noche nos quedamos en shock porque nos dimos cuenta que la gente que antes iba a pasar un buen rato dejó de ir a El Pueblo porque empezaron a ir otras personas con un estilo de vida diferente”, expresó.

Allan Valverde, de 31 años, fue otro visitante de este sitio, a sus 25 vueltas conocía El Pueblo como la palma de su mano.

Los bares eran su punto débil, pues la vida nocturna en estos lugares era bastante movida y contaban con buenas promociones.

“Cuando iba se vacilaba mucho y se disfrutaba, pero conforme pasaba la noche el ambiente se ponía más pesado. Dicen que antes era muy bonito, yo honestamente solo conocí este lugar de noche. Mis papás comentan que era algo familiar, pero cuando yo iba no tenía nada de familiar”, confesó.

Tanto para Yamileth como para Allan, es una lástima que un lugar como este cierre sus puertas, ya que guarda miles de recuerdos.

Pasillos como este guardan miles de historias. Foto: Rafael Paheco.
Pasillos como este guardan miles de historias. Foto: Rafael Paheco.