La Conferencia Episcopal hizo llegar un sentido mensaje de Navidad por medio de José Manuel Garita Herrera, obispo de Ciudad Quesada, al mensaje lo denominaron Navidad que nos salva.
“Feliz y santa Navidad... Llegue este saludo a toda nuestra querida Nación: ¡Que el Niño que nos ha nacido llene de amor y regocijo los corazones de todos! Conscientes del significado profundo que tiene la Navidad, porque nos sabemos salvados por el misterio de la encarnación, del Dios con nosotros, del Dios que se acerca a cada persona, vivamos esta fiesta con auténtico regocijo, llenos de fe y esperanza, porque nos sabemos partícipes de la naturaleza divina que nos comparte el Señor.
“La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre (Jn. 1, 9)”.
Este texto evangélico nos alcanza hasta nuestros días para decirnos que nuestra vida tiene sentido en Aquél que nos ama; que se hizo hombre como nosotros, y que quiere para nosotros la vida eterna.
La Navidad, tiempo que nos recuerda el misterio de nuestra salvación, nos permita manifestar, con gestos y acciones, el amor que Dios nos ha dado a través del Niño que nace. Que ese amor nos permita transformar poco a poco la realidad que vivimos.
En este tiempo de Navidad, permitamos que el Señor Jesús haga su voluntad en cada uno de nosotros y pidamos que traiga prosperidad para Costa Rica; que nos acompañe y nos permita caminar juntos por el bien de todos. Y pidamos que traiga justicia, paz, alegría y fortaleza en nuestro caminar solidario. Iniciamos este tiempo de gracia, que hemos aguardado por cuatro semanas, y al cual nos hemos preparado para recibir a Jesús en nuestras vidas.
No permitamos que este tiempo se diluya cuando se apaguen las luces artificiales; la luz que debe permanecer encendida es la verdadera luz que siempre nos guía: Cristo el Señor. Demos espacio en nuestro mundo a esa luz para que no se extinga; que nuestro testimonio nos lleve a vivir una verdadera Navidad con la presencia del Niño Dios nacido en Belén.
Sin Jesús, no podremos vivir la Navidad. Sin fe y sin amor, no tendremos verdadera Navidad. “Una auténtica fe —que nunca es cómoda e individualista— siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo, de transmitir valores, de dejar algo mejor detrás de nuestro paso por la tierra”, nos decía el papa Francisco (Lumen Fidei, n. 183).
Que esta Navidad nos renueve este deseo y nos haga arder en el amor que ha nacido para nuestra salvación. Elevamos nuestra oración por la paz en todo el mundo, y especialmente en nuestros países centroamericanos.
Pedimos la intercesión de la Virgen María, que ha dicho sí al plan salvífico de Dios, para que nos cuide con su maternal protección. San José nos inspire con su fe, silencio y prudencia.

