En el Tecnológico de Costa Rica (TEC), un grupo de estudiantes trabaja con sus propias manos en un rover (un vehículo) que, aunque nunca viajará al espacio, sirve para probar los algoritmos (los programas de computadora) que algún día podrían ayudar a vehículos de exploración a moverse de forma autónoma sobre la superficie lunar.
El proyecto se llama Olympus y nació en el Laboratorio de Sistemas Espaciales del TEC (SETEC-Lab), donde el vehículo fue construido desde cero con recursos de la institución y con la participación de estudiantes de diferentes carreras.
Fabián Gómez, egresado de ingeniería electrónica y responsable de la especificación inicial del proyecto, recuerda que una de las cosas más valiosas fue precisamente demostrar que podían hacerlo.
“Todo se hizo con cosas del laboratorio, que al fin y al cabo son cosas del TEC. Es algo muy valioso; sí se puede y sí tenemos la capacidad de crear cosas desde cero”, afirmó.
El rover no está diseñado para volar ni para convertirse en el próximo vehículo que recorra la Luna. Su misión, por ahora, es mucho más cercana: servir como una plataforma de pruebas para los investigadores y estudiantes.
“La idea de este rover es que sea una plataforma para probar algoritmos de navegación autónoma”, explicó Johan Carvajal Godínez, coordinador del Laboratorio de Sistemas Espaciales del TEC.
Una Luna en pequeño
El vehículo cuenta con sensores ultrasónicos y de profundidad, cámaras y mecanismos de movimiento similares a los utilizados por los rovers de exploración de la NASA.
“Un rover es, en esencia, un vehículo de exploración que se traslada por el terreno para realizar pruebas, extraer muestras y explorar el ambiente. Funciona como un sistema de asistencia para los astronautas, ya que les permite operar y cumplir sus misiones en el espacio”, explicó Carvajal.
La tecnología se relaciona con las necesidades del programa Artemis, un proyecto de exploración lunar dirigido por la NASA que busca llevar nuevamente a seres humanos a la Luna.
Uno de los grandes retos está en zonas como el polo sur de la luna, donde se calcula que existen depósitos de agua y donde las condiciones pueden ser especialmente difíciles para los astronautas.
“Este tipo de robots nos permiten y nos asisten con instrumentación especial para que los astronautas puedan tener datos más precisos de lo que tienen en el campo”, indicó Carvajal.
Probar, fallar y volver a intentar
Melisa Mora, estudiante de tercer año de ingeniería mecatrónica, participó en el desarrollo mecánico del rover y se encargó de fabricar piezas mediante impresión 3D.
“La impresión 3D nos permite ir desarrollando piezas a un bajo costo y pudiendo precisamente hacer eso, probar piezas y descartarlas, e ir mejorando poco a poco la tecnología que estamos desarrollando”, explicó.
Para ella, el proyecto también permitió llevar los conocimientos de las aulas a una situación real, trabajando junto con estudiantes de otras carreras y con el acompañamiento de profesores.
El SETEC-Lab es el único laboratorio de su categoría en Costa Rica y uno de los referentes de la región. En 2018 participó en el lanzamiento del primer satélite centroamericano.



