Una familia trabajó desde las 8 de la noche del martes 17 de febrero hasta las 6 de la mañana del Miércoles de Ceniza (18 de febrero) y después salió corriendo para llegar puntual a la misa de 6:30 de la mañana en la Catedral Metropolitana en San José centro.
Pudimos comprobar como la familia josefina participó en toda la celebración de la misa con tremenda fe y devoción por eso al final los buscamos.
Nos atendió doña Rosalba González, quien tiene 50 años, quien estaba muy alegre por haber recibido la ceniza en su cabeza.
“Esta es una misa que nosotros como familia no nos perdemos. Siempre venimos a pesar del cansancio”, nos comentó.
Cuando le preguntamos por qué a pesar del cansancio, nos aclaró que llegaron a la iglesia con diez horas de trabajo encima.
“No importan las horas de trabajo, lo realmente importante es que pudimos cumplirle a nuestro Dios con la presencia en la iglesia. Terminamos renovados y hasta con más energía. Se le olvida a uno que trabajó tantas horas de noche”, reconoce doña Rosalba.
Con ella estaban su hija, Katherine Contreras, el esposo de la hija, Giancarlo Caballero y la hija de ambos, nieta de doña Rosalba, Mebe Contreras, de 6 años.
“Era importante para nosotros traer a la nieta a misa para que se vaya formando en la fe. Queremos enseñarle que a pesar del cansancio y el trabajo se tiene que venir a misa con respeto y fe”, asegura la vecina de barrio Escalante.
Ellos trabajan en la muy conocida soda Yogui de Gravilias de Desamparados, por eso tuvieron que pegarse tremenda carrera para estar puntuales a las 6:30 a.m. en la catedral josefina. La pequeñita fue la única que, lógicamente, no trabajó toda la noche y llegó bien descansadita a misa.
“Uno tiene mucho que pedirle a Dios. Esta misa del Miércoles de Ceniza me sirvió para pedir por la salud de mi esposo, quien esta enfermo, además, por la salud de toda la familia. Pedimos fuerza para salir adelante con todo y trabajo.
“Personalmente, pedí mucho por el país, para que se acabe tanto crimen, por no más asesinatos en nuestras calles. Hay demasiada violencia y nuestros hijos y nietos merecen un país sin violencia, sin balas”, comenta la mamá y abuelita.
Fuera de la iglesia les preguntamos ¿directo a desayunar y acostarse?
“Sí. Pero estoy tan cansada que cuidado me acuesto sin desayunar, prefiero dormir”, comenta doña Rosalba. “Lo importante es que ya le cumplimos a nuestro Diosito, eso nos alegra”, comentó don Giancarlo.
Como trabajan de lunes a sábado toda la noche, explica la abuelita que es normal para ellos ir a misa después de, como se dice popularmente, una palmada trabajando.
“Para Dios uno siempre tiene que encontrar tiempo, así esté cansado. Cuando comienza la misa se acaba el cansancio”, aseguró doña Rosalba.
La dirección hacia Jesús
Monseñor José Manuel Garita, obispo de Ciudad Quesada, celebró misa en la catedral sancarleña y explicó que el evangelio del Miércoles de Ceniza tiene la dirección exacta para llegar hasta Jesús.
“El evangelio según San Mateo nos ofrece las coordenadas concretas para vivir este camino espiritual: la limosna, la oración y el ayuno. Jesús no las presenta como prácticas opcionales, sino como expresiones normales de una vida de fe.
“Sin embargo, nos advierte con claridad sobre el riesgo de la hipocresía religiosa: hacer el bien para ser vistos, orar para recibir aplausos, ayunar para exhibir sacrificios.
“El criterio decisivo es la relación con el Padre, ‘que ve en lo secreto’. La Cuaresma nos invita a purificar nuestras motivaciones, a vivir nuestra fe desde la verdad y la humildad más profundas”.
Sin agresiones
El papa León XIV recordó que el Miércoles de Ceniza enmarca el inicio de la Cuaresma, un tiempo de preparación, oración y ayuno.
“Me gustaría invitarles a una forma de ayuno muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias.
“Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz”.














