Eduardo Vega.7 abril

El pasado 18 de marzo, a las 4:15 de la tarde, el país recibió con mucho dolor la noticia oficial del primer fallecido por el coronavirus.

“Un adulto de 87 años que estaba ingresado en el Hospital de Alajuela”, fue todo lo que comunicó el Ministerio de Salud en ese entonces.

Poco a poco los medios de comunicación fueron ampliando detalles, primero el nombre, Roberto Galva Jiménez, después que fue doctor pediatra, luego se supo que trabajó muchos años para la Caja Costarricense de Seguro Social, institución en la que dejó huellas profundas por las labores que desempeñó.

La Teja conversó con Alexandra Galva, una hija de los 13 retoños que tuvo, al complirse un mes de iniciada la guerra contra el COVID-19.

Ella nos contó que su papá no era de esos adultos mayores que pasan sentados en un sillón, no tenía muchos problemas de salud ni tampoco arrastraba alguna enfermedad crónica.

El doctor Galva estaba pura vida de salud hasta que se contagió de coronavirus. Cortesía.
El doctor Galva estaba pura vida de salud hasta que se contagió de coronavirus. Cortesía.

El doctor Roberto Galva estaba bien pochotón y con una salud física que se la desean la mayoría de jóvenes de 20 años de hoy día, de hecho, en setiembre del año pasado salió pura vida de los exámenes médicos que año a año se hacía.

¿Su papá tenía estaba muy afectado de salud y por eso el coronavirus le ganó la batalla?

Mi papá siempre fue un hombre muy saludable, hacía ejercicio. Era una persona que tenía su espacio en la casa para ejercitarse, cumpliendo siempre sus rutinas.

¿Se alimentaba bien?

Era de mantenerse siempre comiendo frutas y semillas, de cuidar cómo se alimentaba, buscaba siempre comer bien, saludable. Mi papá desayunaba muy completo, era una comida que él hacía muy saludable, muy fuerte; almorzaba caseramente, no era de comidas rápidas, por el contrario, era de comidas al estilo de antes: sopitas, espinacas, picadillos, todo hecho en casa, la cena era suavecita, también hecha en casa.

¿Cuidaba su salud?

Hablamos de un señor muy pendiente de su salud. Él era un roble, le puedo asegurar que la mayoría de los jóvenes del país no cuidan lo que comen, ni se ejercitan tanto como lo hacía mi papá.

Siempre fue un papá y un abuelo muy cariñoso y así lo demostraba como en la foto con su nieta Verónica Galva. Cortesía.
Siempre fue un papá y un abuelo muy cariñoso y así lo demostraba como en la foto con su nieta Verónica Galva. Cortesía.

¿Su salud estaba bien recientemente?

En setiembre del año pasado, después de asistir a la boda de su nieto Juan José Andino, en San Diego, California, se sometió al chequeo médico anual, algo en lo que era muy estricto, no fallaba, y el doctor le dijo que estaba muy bien.

También se hacía exámenes semestrales. El doctor Andrés Acuña Román, que le hizo los exámenes, le dijo que él mismo deseaba llegar a 87 años con tanta salud, porque ahora estar tan bien es prácticamente un sueño. Yo nunca lo vi fumar, pero sí comentaba haberlo hecho en su juventud. ¿Tomador? En realidad, disfrutaba muchísimo unos tintos en familia.

¿Era de pasar sentado sin hacer casi nada?

Era un motor, el motor de la familia con una mente lúcida y prodigiosa. Siempre pendiente de todos sus nietos, de las actividades de la familia, cumpleaños, bodas, graduaciones, era el que más motivaba a todos. Hacía rafting e iba al polígono con sus nietos, quienes siempre dijeron que él les llevaba el ritmo como si tuviese quince años, no se cansaba fácilmente. Física y anímicamente era un quinceañero más al compartir con nosotros y sus nietos.

¿Vivía el día a día nada más?

Audrey, su nieta menor, cumple quince años y su celebración será en Puerto Rico y él estaba, como siempre, de organizador para la reunión familiar, no dudo que hasta el tiquete haya comprado. Era superordenado y todo lo tenía agendado con gran anticipación. Era una energía pura.

¿El 31 de diciembre le dijo algo sobre lo que esperaba del 2020?

Él veía el 2020 con mucho optimismo, muy esperanzado que sería un buen año, tenía una gran ilusión por la llegada en enero de un bisnieto más, Luca. Y porque vería a la gran mayoría de sus seres queridos en Puerto Rico para el quinceaños en julio y la pasaría muy bien en familia.

Este semestre era lo que lo tenía ilusionado y entretenido con la lista de los que viajarían. Siempre programaba sus actividades con suficiente tiempo, le gustaba cumplir con lo que se proponía.

El doc cuidaba su dieta y hacía ejercicio de forma constante incluso compartiendo con la familia. En la foto con sus nietas Nani y Claudia Penabad Galva. Cortesía.
El doc cuidaba su dieta y hacía ejercicio de forma constante incluso compartiendo con la familia. En la foto con sus nietas Nani y Claudia Penabad Galva. Cortesía.

¿Él recordaba sus años en el Hospital de Niños?

Le voy a responder más bien con lo que la gente recordaba de él, porque hasta el día de hoy las personas me deja saber las buenas cosas que papá hizo con ellos o con sus hijos. La gente lo quería mucho, él se entregó con todo su amor al Hospital de Niños. En realidad, a todo lo que le interesaba le ponía mucha pasión.

Hay personas que recuerdan que papá les cosió alguna herida y que mientras lo hacía les contaba un cuento y les decía que les estaba haciendo una trencita muy linda en la cabeza. Era muy chineador… muy chiquillero.

Hay una muchacha que me dijo que jamás olvidará que ella tenía un tumor y que papá se lo extirpó y que cuando ella despertó, en la cama del hospital, papá estaba dormido, arrecostado en la cama de ella.

Él era ese tipo de médico que se entregaba por completo al paciente, él no dejaba a sus pacientes hasta que se recuperaran totalmente. Como hijos eso nos da mucha paz y felicidad, porque fue una persona que realmente se dio en cuerpo y alma a su profesión, a ayudar a la gente.

¿Cuántos hijos tuvo?

Tuvo 8 hijos biológicos y 5 políticos, a quienes amó y trató como a cualquiera de nosotros y siempre se esmeró porque todos fuéramos estudiosos, responsables, respetuosos y muy unidos, siempre luchó porque reinara el amor en la familia.

Apasionado de la medicina. Todo lo que hizo en sus 50 años como médico tiene su huella de pasión por ser doctor, trabajó como jefe del servicio de Cirugía de Corazón en la Caja, institución a la que ingresó en 1962. Se destacó, entre otras cosas, por sus años de trabajo en el Hospital de Niños, de hecho, estuvo en el grupo de médicos que lo fundó, además, como pasó tantos años cuidando de nuestros hijos, también fue uno de los doctores que contribuyó a la creación del primer documento en Costa Rica que sirvió para identificar si un niño era agredido física, sexual o emocionalmente en casa u otro lugar: “Normas para el estudio integral del niño agredido”, se llamó aquel escrito.

¿Se enfermó de un pronto a otro?

Sí. El roble de toda la vida en una semana se enfermó. Al país se vino el tema del coronavirus y a la otra semana él comenzó con síntomas, fue un cambio total, él estaba bien en su casa y comenzaron los síntomas. Empezó con dolor de cabeza, siguió el dolor de cuerpo, luego se sentía como engripado hasta llegar al punto de sentirse afectado de la respiración y después siguió todo lo demás.

En setiembre pasado el doctor Galva se hizo todos los exámenes médicos anuales y salió perfecto. Cortesía.
En setiembre pasado el doctor Galva se hizo todos los exámenes médicos anuales y salió perfecto. Cortesía.

¿Dijo algo estando enfermo?

A mi hijo Marco, es doctor y fue a ver cómo estaba la situación de su abuelo al Hospital de Alajuela, le dijo que él veía que la cosa estaba muy complicada, se lo dijo por teléfono porque estaba aislado, pero se lograban ver por un ventanal al hablar.

“La cosa es muy seria”, le dijo. Y por último con mis hermanas, Mary, a quien le dijo sentir gran dificultad para respirar… Luego con Margie, a quien le dejó instrucciones claras de sus asuntos personales para que en su ausencia pudiera dirigir.

“La salud de papi era envidiable por eso pienso mucho en toda esa gente con problemas crónicos y que no hacen ejercicio”, Alexandra Galva, hija del doctor Galva.

¿Cómo lo recordará siempre?

Como el mejor papá que la vida pudo darme, chineador, alegre, bromista, estrictísimo, responsable y muy comunicativo, con mi papá se podía hablar de todo, una mente superamplia, más aún para sus 87 años. Estamos muy en paz en la familia porque vivió siempre lleno de amor, era un apasionado de la vida y la vivió intensamente gracias a Dios, a su manera, como la clásica melodía de Frank Sinatra que era su preferida.