Yenci Aguilar Arroyo.16 junio
Elizabeth Meléndez (blusa azul) extraña cada minuto a sus papás Álvaro y Dionisia. Cortesía.
Elizabeth Meléndez (blusa azul) extraña cada minuto a sus papás Álvaro y Dionisia. Cortesía.

En cuestión de año y cuatro meses, Elizabeth Meléndez perdió a sus padres. Primero falleció don Álvaro, a los 90 años y luego doña Dionisia, a los 83.

Han pasado casi 3 años desde la muerte de papá, como ella le dice y las heridas aún no sanan. Y en ciertas fechas, como el Día del Padre, es inevitable sentir dolor y el vacío que dejó su partida.

“Las fechas siempre marcan, independientemente de la clase de hijo que uno fue. Hay un vacío, no tienes a esa persona físicamente. Es duro, porque hay días en que uno está bien y otros no tanto”, aseguró.

¿Cómo pedir ayuda? Asistir a las terapias grupales del Centro Nacional del Dolor es gratis. Si desea mayor información, puede llamar al 2203-9600, extensión 1004.

A diferencia del año pasado, Elizabeth visitará la tumba de su papá, en el Cementerio Obrero y le sembrará geranios de colores, sus flores favoritas.

“El año pasado no quise ir al cementerio. La verdad es que uno nunca supera la muerte de un ser querido y en mi caso, yo me dedicaba al cuido de mis papás y por eso, el no tenerlos conmigo aún me duele tanto, porque compartimos muchísimos momentos juntos”, añadió.

¿Cómo levantarse?

Elizabeth manifestó que no había superado la muerte de su papá, cuando tuvo que afrontar la muerte de su madre.

“Con la muerte de Papá no pude vivir el tiempo de duelo como debía, ya que tenía que cuidar a mamá. Una vez que pierdo a ambos me enfrento a una situación terrible, no tenía un norte, me sentía desorientada y no sabía qué hacer”, dijo.

En enero empezó a participar de las terapias grupales que realiza el Centro Nacional del Dolor, para las personas en procesos de duelo. Durante 10 sesiones aprendió a sobrellevar la situación y le ayudó a entender algunas cosas.

“El dolor nunca se va a ir, la ausencia de mis papás tampoco, pero me ayudó a salir de ese sentimiento de ira, de resentimiento contra alguien o algo en lo que uno cree”, expresó.

Las terapias grupales permiten que las personas expresen su sentir y se apoyen entre ellas. Con el paso de los años, cada vez más familiares quieren asistir. shutterstock.com.
Las terapias grupales permiten que las personas expresen su sentir y se apoyen entre ellas. Con el paso de los años, cada vez más familiares quieren asistir. shutterstock.com.
Una manita

Hace 20 años se fundaron las terapias grupales en el Centro Nacional del Dolor.

Carolina González, coordinadora de las terapias expresó que estos grupos se crearon para atender a familiares de pacientes terminales, pero con el paso de los años reciben a personas cuyos familiares murieron de repente.

“Abrimos tres grupos al año y durante diez sesiones guiamos a los asistentes en temas como el retomar la vida sin esa persona, cómo aprender a vivir con el dolor de la ausencia y se le enseña a decidir sobre cuestiones cómo si debo guardar la ropa, si puedo ir a una fiesta, sobre la forma de comportarme”, añadió.

González expresó que en los primeros años se recibían en promedio 6 personas por grupo, pero actualmente conforman grupos con hasta 25 asistentes. La mayoría logra culminar las 10 sesiones de trabajo, otros las dejan por diversos motivos.

“Al finalizar las sesiones, las mismas personas nos dicen que se sienten mejor, logran hacer un cambio en la forma de ver las cosas. El que una persona esté consciente no quiere decir que lo acepta, pero por lo menos logran entender que deben seguir”, indicó.

El acompañamiento de la persona en el momento de dolor es importante, sin embargo, no limite las emociones del doliente. shutterstock.com
El acompañamiento de la persona en el momento de dolor es importante, sin embargo, no limite las emociones del doliente. shutterstock.com
Saber consolar

En la actualidad, muchos profesionales trabajan con las recomendaciones del especialista estadounidense William Worden, quien sugiere 4 tareas básicas para que la persona doliente puede acatar para salir adelante.

La sicóloga Lucía Mora expresó que esas tareas buscan que paralelo al proceso de duelo, la persona siga llevando su vida lo más normal posible.

“Acá es importante asumir la realidad de la pérdida, expresar las emociones, adaptarse al medio donde el fallecido está ausente y continuar viviendo”, manifestó.

Mora también se refirió al proceso de acompañamiento de la persona que perdió a su ser querido. Destacó la importancia de saber apoyar al amigo, al familiar, pero también permitiendo que viva su proceso de dolor.

“Muchas veces le decimos a la persona que no llore, pero no podemos hacerlo. El proceso de duelo no puede prolongarse mucho tiempo y ahí es donde se podría recomendar ayuda profesional, pero al inicio hay que permitir que la persona manifieste su sentir”, explicó.

La especialista recalcó la necesidad de continuar la vida, dejando de lado la culpa que eso pueda generar.

“El mayor miedo es creer que olvidaremos a la persona cuando nos desprendemos de algo que le pertenecía”, finalizó.