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Infarto fue incapaz de vencer al espíritu atlético de don Oscar

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El 11 de marzo del 2007 cambió la vida de don Oscar Fernández Venegas. Un infarto lo obligó a hacer un alto en el camino y a reflexionar sobre sus hábitos.

Hoy, a los 74 años, se alista para una competencia atlética más de las que 44 que ha hecho en los últimos 15 años: la llamada “Por una carrera de alto desempeño”, organizada por el Sindicato Nacional de Enfermería.

Cerca del Día Mundial del Corazón, este 29 de setiembre, les traemos su testimonio para que, ojalá, muchos no deban pasar por lo que enfrentó don Oscar para tomar la decisión de mantener estilos de vida saludables.

Cuando le dio el infarto, a don Oscar lo atendieron de emergencia en el hospital Calderón Guardia, le pusieron un “stent” (especie de malla metálica que expande la arteria) para que aguantara hasta el 13 de agosto de aquel mismo 2007, cuando lo operarían.

Que le diera un infarto es comprensible. “Mi condición era terrible, tenía seis arterias bloqueadas a un 90 o 95% y mucho estrés porque estaba metido en tres cosas a la vez y eso me pasó factura. Estaba iniciando como trabajador independiente como contador, pertenecía a la dirigencia del Movimiento de Cursillos de Cristiandad y me había involucrado de lleno en política”, enumera.

Gran consejo

Luego de la operación, el cirujano Elliot Garita le recomendó meterse en el Programa de Rehabilitación Cardíaca, dirigido por la Escuela de Ciencias del Deporte de la Universidad Nacional (UNA) y lo hizo. Quince años después del sustazo está más que recuperado y podría haberse salido, pero nada, para él es como una fraternidad desde la cual puede ayudar a otros.

Cambio de vida. Desde setiembre del 2007, cuando se incorporó al programa de rehabilitación, don Oscar va religiosamente tres veces por semana.

“Me enamoré de ese grupo, empecé a tomarle el gusto y a hacer ejercicios de lleno al punto de impresionar a todo mundo. Me animé a decirles a los responsables del programa que yo había participado antes del infarto en carreras y pregunté si podía retomarlas; dado mi buen rendimiento, me dieron el visto bueno y hasta me acompañaron”, explica.

Antes de la pandemia participaba en al menos cinco carreras al año: la Chepe corre, en marzo; en mayo, la del Colegio de Contadores (ambas de 11 kilómetros); la Carrera de la leche en julio (10 kilómetros), la de la Fundación Anna Ross, en octubre, y cerraba el año con la San Silvestre, el 31 de diciembre.

“No soy un corredor de élite a estas alturas de mi vida, pero participo con gente que pueden ser mis nietos y me queda la satisfacción de que saco buenos resultados y cuando llego a la meta, vuelvo a ver atrás y aún faltan muchos más por llegar”.

Para llegar hasta donde está debió ser disciplinado y siguió las recomendaciones que le dieron, como mantener una buena nutrición, evitar las emociones fuertes, tanto positivas como negativas, no estresarse y seguir siendo muy activo.

“Yo le añadí un ingrediente a la formula y es tomarlo con alegría. La gente que llega a ese programa llega con la autoestima muy baja porque estuvo a un paso de la muerte y llegamos a tratar de recuperarnos. Todos lo hacemos en la misma condición, pero rápido tenemos que sobrepasar eso. Les digo que somos de los mismos y doy el testimonio de que sí se puede. Siempre hay una luz al final del túnel, es cuestión de buscarla”, dice.

Más adelante, aunque a un ritmo menor, se animó a hacer participar en programas de radio y en charlas, compartiendo su testimonio; además cumplir un sueño de niño, escribir un libro, (y ya lleva tres).

Noble propósito

Su próxima carrera será el 23 de octubre y esta tiene algo más allá de lo deportivo, su meta.

La competencia tiene como fin recaudar fondos para ayudar a los habitantes de la calle y como homenaje a los trabajadores del campo de la salud, que dieron su mayor esfuerzo durante la pandemia.

Cuando era niño (entre los 8 y los 9 años), este atleta ejemplar fue pregonero en las avenidas Central y Segunda de San José; es decir, creció en las calles, por eso su identificación con la causa y desea apoyarla.

“En aquellos tiempos la sociedad era más sana, no había tanta drogadicción, ni abuso infantil como ahora. Se podía estar en la calle, hoy en día es imposible para un niño trabajar en la calle”, reflexiona.

Inscríbase

Día: 23 de octubre 2022

Hora: 6 a.m.

Salida: Costado este Ministerio de Salud, hacia Avenida 10, parque Nacional y termina en el mismo punto.

Valor: ¢8.000 por el mes de setiembre. Precio regular: ¢16.000

Inscripciones al SINPE: 8947-2916

Distancias: 5 Kms. y 10 Kms.

Pasará por hospitales y clínicas públicos y privados.


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