Bryan Castillo.11 febrero
Don Luis contactó a la mayoría de los niños que fotografió. Foto: Rafael Pacheco.
Don Luis contactó a la mayoría de los niños que fotografió. Foto: Rafael Pacheco.

Ludwig Thalheimer es un italiano de origen alemán de 57 años que en julio de 1986, cuando tenía 25, visitó Costa Rica.

Él no pensaba venir, cayó de chiripa, pues por su profesión como fotógrafo quería hacer un reportaje en Cuba, sin embargo, lo expulsaron de ese país. El primer vuelo que salía iba hacia Panamá, lo tomó y de ahí se vino para Costa Rica por tierra.

Luis, como lo llaman muchos por no saber pronunciar su nombre, cuenta que con su cámara en mano y con varios rollos, se fue al centro de San José para sacar algunas fotos.

Estando ahí le llamó mucho la atención la gran cantidad de niños vendiendo periódicos, chicles, limpiando zapatos y hasta cantando en los buses para ganarse algo de platica, algunos acompañados por sus padres y otros solitos.

Fue así como decidió fotografiarlos mientras hacían esas actividades.

“Primero hablé con ellos, les pregunté qué hacían, de dónde eran, algunos estaban con sus papás y les pedí permiso para tomarles las fotos, otros estaban solos. Ellos estaban felices porque seguramente nunca les habían tomado fotos”, detalló.

“Yo los llamo ‘mis niños’, son como otra familia para mí”. Ludwig Thalheimer, fotógrafo italiano

En total sacó 30 fotos a bebés y a niños de diferentes edades, sin saber que 30 años después, o sea, en el 2016, le iba a entrar la espinita por buscarlos.

Su idea era encontrarlos para publicar un libro contando la historia de estas personas tres décadas después.

“En octubre del dos mil dieciséis pensé que podía buscar a estos niños, que ya son personas grandes para saber qué fue de sus vidas, hice unos llamadas a Costa Rica, me dieron el contacto de la periodista Mercerdes Agüero y ella me ayudó a encontrarlos, sin ella este trabajo no hubiera sido posible hacerlo”, contó.

En diciembre de ese año llegó nuevamente al país con la idea de rencontrarse con todos los que pudiera.

Entre ese mes y enero del 2017 se vio con la mayoría y para sorpresa de él, algunos lo recordaron.

“Algunos lloraron cuando me vieron, yo no lloré porque me cuesta mucho, pero me emocioné, fue una alegría enorme para mí corazón, nos reímos juntos al ver las fotos de ellos cuando eran niños. Fue difícil encontrarlos, algunos no tenían teléfono, otros tenían desconfianza y otros me dejaron plantado, pero al final sí nos reunimos”, explicó.

María de los Ángeles Calvo Méndez tenía 7 años cuando la fotografiaron. Foto: Reproducción.
María de los Ángeles Calvo Méndez tenía 7 años cuando la fotografiaron. Foto: Reproducción.
Superación, cárcel, drogas y muerte

“Luis” se enteró que muchos de sus “hijos" tuvieron que pulsearla para salir adelante.

“Me vi con unos que estuvieron entre diez y quince años en la cárcel, otros tuvieron historias difíciles que superaron, me dijeron que uno murió y otros mejoraron su calidad de vida, la mayoría tiene hijos y a su manera son felices”, comentó.

Lo más complicado para él fue entablar contacto con uno que vivía en Washington, Estados Unidos.

“Fui allá y hablé con él, le tomé una foto y conversamos sobre cómo ha sido su vida, me dijo que se superó y que es muy feliz”, aseguró.

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Entérese mañana como cambió Costa Rica para este italiano.

Para él lo más valioso fue volverlos a ver y aunque algunos no lo recordaron de primera entrada, él les guarda mucho cariño. Don “Luis” no tiene hijos.

“Yo los llamo ‘mis niños’, son como otra familia para mí, estar con ellos después de tanto tiempo fue algo que tocó mi corazón, los quiero como si fueran mis hijos”, explicó.

Los reunió

El jueves anterior, en el auditorio del colegio Hulmboldt, en Pavas, don Luis presentó su libro y contó con la presencia de 15 de los 30 protagonistas.

Ahí compartió con estudiantes de este centro educativo privado y tuvo tiempo para presentarles a ellos cada una de las historias.

“Ellos no se conocen, son mis niños pero sus historias son diferentes, aquí se vieron por primera vez y ya se hablaron. Para mí es emocionante tenerlos conmigo porque significan mucho para mí”, mencionó.

Tras semejante esfuerzo económico y físico para buscarlos, para él lo más importante fue saber lo que había pasado con ellos 33 años después.

El librito cuesta 25 rojitos y si usted lo quiere puede llamar al número de teléfono 8394-3525.