Yenci Aguilar Arroyo.9 febrero
Si algo hace feliz a esta joven herediana, es disfrutar de una tacita de café con sus abuelos Antonia y Eladio. Cortesía.
Si algo hace feliz a esta joven herediana, es disfrutar de una tacita de café con sus abuelos Antonia y Eladio. Cortesía.

A Catalina González, el café la acompaña todos los días a cualquier lugar al que vaya.

“Cuando estaba más joven y me iba de fiesta, llegaba a mi casa en la madrugada y lo primero que hacía era comerme un buen gallopinto con una taza de café, que me sabían a gloria”, recordó.

Esta joven, de 31 años y vecina de Belén, en Heredia, comentó que desde los cinco años se acostumbró a tomar café y que su gusto por la tradicional bebida aumentó con el paso de los años.

“El café del desayuno es el más importante para mí. Es esa fuente de energía para empezar bien el día. Esa bebida calientita y ese olor que me dan tranquilidad". Catalina González, cafetera.

“Cuando era niña me lo tomaba muy ralo, tenía mucha leche y poca azúcar. Ya en la escuela y en el colegio, para mí era necesario tomarme el café bien fuerte. Me puedo tomar más de tres tazas al día sin ningún problema”, agregó.

Esta cafetera hace el yodo chorreado, gracias a un chorreador que le hizo su abuelito, Eladio, hace dos años y las bolsas se las hace su abuela, Antonia, cada tres meses.

A Valeria, la hija de Catalina, ya le están inculcando el hábito de tomar café. Cortesía.
A Valeria, la hija de Catalina, ya le están inculcando el hábito de tomar café. Cortesía.
Su recarga

Para Catalina, su día no puede empezar sin una taza de café.

“El café del desayuno es el más importante para mí. Es una fuente de energía para empezar bien el día con esa bebida calientita y ese olor que me da tranquilidad. A media mañana me tomo una tacita, luego del almuerzo recargo pilas con otra taza y cuando llego donde mi abuela, a eso de las cinco de la tarde están algunos familiares degustando el café que ella hace”, añadió.

Catalina vive con su pareja y con su hija Valeria, de un añito y ocho meses.

“A la par de la casa de mi abuelita hay un negocio familiar y entonces desde las cuatro de la tarde el percolador está lleno para que cualquier conocido disfrute de un cafecito. Allí compartimos anécdotas, risas y comentamos cómo estuvo el día”, comentó.

Todos los días, después de las 4 p.m. la familia de Catalina se reúne para conversar en medio de café y pancito. Cortesía.
Todos los días, después de las 4 p.m. la familia de Catalina se reúne para conversar en medio de café y pancito. Cortesía.
No puede vivir sin el yodo

Esta joven recordó que hace un tiempo viajó a Perú y para ella fue una tortura, porque durante casi un mes le faltó el cafecito que se toma después del almuerzo.

“Aquí se consigue café a cualquier hora y en cualquier lugar, pero allá no, prácticamente tomaba café cuando estaba en la casa de mi amiga y ese mes fue terrible para mí, porque todos los días tenía dolores de cabeza”, aseguró.

Catalina confesó que cuando no tiene café lo intenta suplir con otra bebida, aunque no es lo mismo.

“Afortunadamente, en el trabajo siempre hay café, entonces no sufro por eso. Por dicha me lo puedo tomar solito o acompañado. Por ejemplo, a media mañana y después de almuerzo me tomo las tazas solitas, en la mañana lo acompaño con el desayuno y para la tarde lo disfruto con alguna repostería”, afirmó.

González celebró que el café se declaró símbolo nacional y fue enfática al decir que no imagina su vida sin café.

“Creo que culturamente ya lo tenemos arraigado, tal vez no estaba declarado en un papel, pero uno llega a cualquier lugar y hay gente de todas las edades tomando café. Para mí es sorprendente cuando conozco gente que dice que no toma café, porque yo no puedo imaginar mi vida sin el café, no puedo explicar cómo pasaría mis días”, agregó.