Una experta en consumo de electricidad en los hogares nos explicó que la freidora de aire, contrario a lo que en muchas casas piensan, puede convertirse en un verdadero “monstruo traga electricidad” si no se sabe utilizar bien.
La freidora de aire se convirtió en un electrodoméstico infaltable en los hogares ticos, pero pocos saben que puede ser un dolor de cabeza cuando llega el recibo de electricidad.
Andrea Zúñiga Montero, ingeniera electromecánica y jefa de la Oficina de Control de Instalaciones Eléctricas del Colegio Federado de Ingenieros y Arquitectos (CFIA), asegura que mucha gente cree que este aparato es muy económico, pero la realidad puede terminar siendo otra.
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“Una freidora de aire, en promedio, consume 1.200 watts y la mayoría de las personas la usa por 20 o hasta 30 minutos. Eso significa que en media hora ya volamos casi el 22% de un kilowatt hora, que es la medida que nos cobran en el recibo de luz”, explicó.
Para ponerlo en contexto, un microondas también consume cerca de 1.200 watts, pero normalmente, lo usamos tres o cuatro minutos y no más. En cambio, con la freidora la costumbre es dejarla prendida un buen rato, incluso, para papas fritas que ocupan mínimo 15 minutos a la máxima potencia.
Si traducimos ese gasto en plata, cada vez que usamos la freidora por unos 20 minutos, nos cuesta alrededor de ¢250 en electricidad. Si la encendemos todos los días ese mismo tiempo, solo ese aparato nos representaría unos ¢7.500 al mes en el recibo.
La experta recalca que no se trata de satanizar a la freidora, sino de aprender a usarla de manera inteligente. “El primer responsable del ahorro es la cultura del usuario. La gente muchas veces la precalienta sin necesidad o mete comida congelada directamente, lo que hace que el aparato trabaje y consuma más”, explicó.
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Otro error común es cocinar porciones pequeñas durante mucho tiempo. “Si alguien quiere preparar cinco porciones de carne en la freidora, puede tardar 40 minutos. En ese caso, un horno convencional podría hacer el mismo trabajo en 20 minutos. Entonces no siempre la freidora es la opción más eficiente”, señaló Zúñiga.
El problema es que muchos vemos la freidora como un electrodoméstico ligero, cuando en realidad su gasto es equivalente al de 12 bombillos incandescentes de 100 watts encendidos al mismo tiempo, o unas 240 lámparas led de cinco watts.
La ingeniera recordó que en Costa Rica hay aparatos mucho más pesados en consumo, como la secadora de ropa (4.500 watts) o la ducha eléctrica (4.000 watts), pero eso no quita que el mal uso de una freidora también dispare el recibo.
En su lista de consumidores fuertes también entran la plantilla eléctrica tipo plancha, que gasta bastante, y el coffee maker, que a veces se deja encendido por más de tres horas.
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¿Cómo se puede entonces reducir el gasto en la casa? La recomendación es comprar electrodomésticos de buena calidad, que aseguren un consumo eficiente y, sobre todo, cambiar los hábitos.
“Entramos a un cuarto, salimos y dejamos la luz encendida porque ahora son leds y creemos que no importa, pero ese consumo constante también pesa al final del mes”, advirtió.
La cultura del ahorro energético es clave: aprovechar la función de centrífuga en la lavadora para que la secadora trabaje menos, no usar agua demasiado caliente en la ducha eléctrica y regular las temperaturas de la freidora para que no siempre trabaje a máxima potencia.
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En resumen, la freidora de aire no es un enemigo, pero tampoco es tan económica como se cree. Usarla de manera consciente, evitar el precalentamiento innecesario y planear bien los tiempos de cocción pueden marcar la diferencia. El bolsillo lo agradecerá cuando llegue el próximo recibo de la luz.