Eduardo Vega.3 septiembre

La Librería Lehmann tendrá que dejar el histórico edificio donde está desde hace 103 años, en la avenida central, a partir del próximo primero de octubre, como una consecuencia, aunque usted no lo crea, de la Segunda Guerra Mundial.

La Librería Lehmann seguirá abierta, como lo ha estado desde su nacimiento hace 123 años, porque es dueña de un edificio hermano, pero su entrada ahora será por calle tres, es decir, 150 al norte del Teatro Nacional, a la vueltita de donde ha estado toda la vida.

Desde hace 103 años esta entrada por avenida central ha sido la principal de la librería Lehmann. Cortesía.
Desde hace 103 años esta entrada por avenida central ha sido la principal de la librería Lehmann. Cortesía.

El histórico edificio dejó de ser de la familia Lehmann después de la Segunda Guerra Mundial, cuando nuestra Costa Rica persiguió, encarceló y le arrebató propiedades, dinero y joyas a los alemanes, luego de declararles la guerra, y pasó la propiedad a manos de la Asociación Hogar Carlos María Ulloa.

¿Qué pasó?

La Segunda Guerra Mundial se peleó entre 1939 y 1945. Enfrentó a lo que se llamó Aliados, los cuales comenzaron con Francia e Inglaterra y después se le unieron Estados Unidos, Rusia y decenas de países más, contra las llamadas Potencias del Eje, que básicamente fueron Alemania, Italia y después se les unió Japón.

En 1941, siendo presidente del país, Rafael Ángel Calderón Guardia, Tiquicia le declara la guerra a las Potencias del Eje, a partir de ese momento el gobierno costarricense comenzó a vigilar a los alemanes, italianos y japoneses que vivían en el país, sin importar cuánto tiempo tenían en Costa Rica.

A los ciudadanos de esos tres países o los que se hubiesen nacionalizado ya costarricenses, se les limitó su libertad de trasladarse libremente de un lugar a otro cuando así lo querían o necesitaban, les confiscaron todo tipo de armas o lo que se podía considerar sistemas de comunicación.

Incluso, muchos alemanes, japoneses e italianos que vivían en Costa Rica para 1941, fueron detenidos y llevados a un campo de concentración que el país ubicó en donde hoy está la municipalidad de San José, sobre avenida 10.

Desde los años en que las carretas de caballos eran el transporte normal en el centro de San José, ya la Lehmann estaba abierta. Cortesía.
Desde los años en que las carretas de caballos eran el transporte normal en el centro de San José, ya la Lehmann estaba abierta. Cortesía.
Detrás de los más platudos

Las propiedades de las familias con más plata de esos países fueron las que más rápido confiscó el Estado tico. Los alemanes que tenían negocios productivos en el azúcar, café, o bien que tuvieran grandes fincas o propiedades privilegiadas ya fuese por su tamaño o ubicación se vieron afectados. También el país congeló las cuentas bancarias de los alemanes y los que tenían propiedades hipotecadas, inmediatamente pasaron a manos del Estado.

Uno de los primeros ticos que se plantó duro y denunció las condiciones, según él mismo dijo, inhumanas en que tenían a los alemanes, italianos y japoneses, en ese campo de concentración fue José Figueres Ferrer, en un anuncio radial que hizo, pero cuando estaba haciendo la denuncia, a medio palo, fue detenido por la policía, llevado a la cárcel y luego lo expulsaron del país.

A la familia Lehmann el país le aplicó todo tipo de persecución, incluso, fueron detenidos, pero no los enviaron al campo de concentración de avenida 10, sino que fueron enviados, como prisioneros de guerra, al campo de concentración que estaba en Miami, Estados Unidos, en octubre de 1942.

Antonio Lehmann, el bisnieto de la familia que ahora es gerente general y está a cargo de la empresa que nació hace 123 años. Foto Eduardo Vega Arguijo.
Antonio Lehmann, el bisnieto de la familia que ahora es gerente general y está a cargo de la empresa que nació hace 123 años. Foto Eduardo Vega Arguijo.
Intentaron salvar sus bienes

Antonio Lehmann Gutiérrez, el bisnieto de Antonio Lehmann Merz (el fundador de la librería) y actual gerente general, nos explicó, con documentos en mano, que su familia antes de irse al campo de concentración en Miami, le traspasaron el terreno de la librería Lehmann al sacerdote alemán Enrique Kern, quien estaba en Costa Rica, para que se los cuidara y las acciones de la empresa al doctor de la familia, Antonio Peña Chavarría, también para que se las cuidara mientras acababa la guerra.

“Hicimos hasta lo imposible para mantenernos en el edificio que toda la vida el costarricense ha conocido, pero no logró un acuerdo, es una lástima”. Antonio Lehmann, gerente general de la librería Lehmann.

El problema del terreno de la Librería Lehmann se agravó porque el gobierno de Calderón Guardia hizo algo que jamás nadie se imaginó, detuvo al sacerdote católico Enrique Kern y lo mandó al campo de concentración en Miami.

Antes de irse a Miami, el sacerdote no tuvo más remedio que pasarle el terreno a su más fiel colaboradora, una muchacha llamada María Ramírez (quien falleció en 1997), con el entendido que ella cuidaría de la propiedad de los Lehmann tal y como el cura lo venía haciendo, y se las devolviera al final de la guerra, ella aceptó.

Terminó la guerra y comenzó otra

Cuando acabó la Segunda Guerra Mundial, en 1945, los alemanes en el campo de concentración de Miami fueron liberados. Los Lehmann y el sacerdote regresaron a Tiquicia y María le devolvió el terreno al sacerdote… ¡Todos felices!

Si usted pasa hoy por la Lehmann se dará cuenta que ya pusieron rótulos de despedida en sus ventanas y también rótulos saludando al nuevo local al que se podrá entrar a la vueltita. Foto Mayela López.
Si usted pasa hoy por la Lehmann se dará cuenta que ya pusieron rótulos de despedida en sus ventanas y también rótulos saludando al nuevo local al que se podrá entrar a la vueltita. Foto Mayela López.

Las acciones que le dieron al doctor Antonio Peña no corrieron la misma suerte, porque, según explica Antonio Lehmann, el doctor pidió platales para devolverlas.

“Eso obligó a nuestra familia a buscar un préstamo y así volver a ganarse lo que con tanto sacrificio durante años se había ganado, pero que después de la guerra ya no se lo querían devolver”, afirmó don Antonio.

Mientras los Lehmann hacían de tripas chorizo buscando un préstamo, algo que ocupó muchos meses, tuvieron la mala suerte de que el padrecito alemán, Kern, se murió, pero como él ya sabía que estaba malito de salud y buscando no dejar un gran barrial con el tema del terreno, le volvió a pasar la propiedad a María Ramírez.

“Fue durante ese segundo período que María tuvo en su poder el terreno de la librería Lehmann, que ella hizo lo que era normal en esa época, darle un gran donativo a alguna obra de caridad para, según creían, ganarse el cielo, y le traspasó los 850 metros cuadrados del edificio de la librería Lehmann al Hogar Carlos María Ulloa.

“Eso fue en 1951. Todo fue legal, eso debe quedar claro. Ella era la dueña legal del terreno y lo traspasó; sin embargo, nada de eso fue ni es moral, porque ella sabía que quien sudó y pagó esa tierra fueron los Lehmann, ella solo debía cuidar esa propiedad hasta que se arreglara la situación con las acciones… pero no lo hizo”, explica don Antonio.

A la Lehmann ahora solo se puede entrar por este lado, es al frente de Trigo Miel, en calle 3. Cortesía.
A la Lehmann ahora solo se puede entrar por este lado, es al frente de Trigo Miel, en calle 3. Cortesía.
Pagarán todo. Hoy día los Lehmann pagan mensualmente cinco millones y medio de colones por el alquiler del edificio que les arrebató la Segunda Guerra Mundial, eso sí, tienen seis meses de no pagar la renta. “Vamos a pagar, a partir del primero de octubre nos pondremos al día, siempre lo hemos hecho, una empresa que tienen 123 años de existir no lo hace por mantenerse amarrando perros, pagaremos hasta el último cinco”, confirmó don Antonio.

En 1979 es cuando los Lehmann casi se mueren de la impresión porque se dan cuenta que el terreno, que ellos creían todavía María tenía en su poder, había sido traspasado al Carlos María Ulloa.

Se dieron cuenta porque les llegó el primer contrato de alquiler por 25 mil colones, lo que provocó las broncas, por aumentos de alquiler cada cinco años, que terminan este 2019 con el cierre de puertas del edificio que toda la vida conocimos como Librería Lehmann, a partir del próximo primero de octubre.