Karen Fernández.2 junio, 2018
El San Pablo era un barco carguero que hundió en el muelle nacional en 1942. Foto: Archivo
El San Pablo era un barco carguero que hundió en el muelle nacional en 1942. Foto: Archivo

El próximo 2 de julio se cumplirán 76 años de la tragedia en el muelle limonense que enlutó a 23 familias caribeñas, por eso el historiador Axel Alvarado se dio a la tarea de buscar que las autoridades de Japdeva conmemoren nuevamente la fecha con un homenaje anual que les permita a los habitantes de la provincia, conocer parte de la historia.

Ese día, se hundió el barco San Pablo, una embarcación carguera que se encontraba en el muelle nacional descargando los sacos de harina con la que los panaderos preparaban sus productos.

Se produjeron dos explosiones que acabaron con la vida de Antonio Mora Chavez (39 años), Miguel Méndez Vargas (67), Samuel Jones De Cushine (32), Leslie Herman Clarke Wright (41), Gerardo Brown McDaniel (44), William Lapsley Martin (50), Ernesto Sinclair Wade (57), Alfonso Notice Williams (31), Thomas Evans (30), Alfredo Colville Lunan (59), Clifford Powell Smith (45), Gonzalo Quesada Quesada (54), Albert Haye Carr (24), Edwin Diamond Lafuente (56), Edwin Charles Lewis Pinckney (24), Carlos Pearson Sawyers (27), David Banton Mullins (49), Félix Sebe Lewis (34), Augusto Holmes Mathew (49), Stanford Morris Sewell (30), Jacob Robinson Greenage (61), Egbert Henry Gordon (24), Percibal Heslop Saunders y Clem Burns ambos de 47 años de edad.

Existen dos versiones de lo ocurrido ese día en el muelle caribeño, la primera y apoyada por Alvarado es que la embarcación fue atacada por dos torpedos lanzados por un submarino alemán durante la Segunda Guerra Mundial.

La segunda indica que la explosión vino de la parte interna del San Pablo y pudo ser producida por el sobrecalentamiento de la caldera.

Pese a que la tragedia ocurrió en nuestro país, gran parte de las víctimas eran de origen extranjero, lo que ha complicado la identificación de familiares que cuenten lo ocurrido, el único que se ha interesado en esa parte de la historia es don Ernesto Sinclair, nieto del hombre del mismo nombre.

"Mi abuelita Beatrice Wade no me contó nada de mi abuelo, solo de vez en cuando decía, ‘si mi esposo estuviera vivo,’ con un tono de nostalgia. Mi tío Vernon Sinclair (qdDg) fue el que me comentó como había muerto, pero tampoco conocía muchos detalles, pues era el menor de sus hijos y estaba muy pequeño cuando pasó. Lo que sí me contó mi tío fue que ellos corrieron para ponerse a salvo", explicó Sinclair, quien es profesor de Matemáticas y director del centro de capacitación de Japdeva.

Agregó que su abuelo trabajaba en el muelle, amarrando y desamarrando los barcos y que se encontraba trabajando cuando ocurrió la tragedia.

Como muestra de que en algún momento las autoridades portuarias conmemoraron la lamentable fecha, existe una placa con los nombres de los fallecidos, pero que recientemente, para efectos turísticos, según le explicaron a Alvarado, se trasladó al muelle de Moín.

El historiador caribeño, pide no solo que se vuelvan a organizar actos en su memoria, como hacían hace 46 años en presencia de invitados especiales y familiares, sino que se coloque el monumento en el lugar de los hechos y se agregue un resumen de lo ocurrido en español e inglés para que los turistas la conozcan la historia.

Ernest Sinclair, nieto de una de las víctimas del San Pablo. Foto: Cortesía
Ernest Sinclair, nieto de una de las víctimas del San Pablo. Foto: Cortesía

"Ese traslado que hicieron es como que se trajeran la Casona de Santa Rosa para San José para que sea más admirada y visitada por la población", contó Alvarado.

También pidió corregir el nombre de algunas víctimas en la placa y que si el monolito sobre el que lo colocaron no tiene relación con el San Pablo, se construya un monumento alusivo a la historia real

"Es parte de la historia de nuestro país y de Limón, por eso debemos incluirla como una efeméride más", afirmó Alvarado.

Solo le puedo asegurar que , aunque los historiadores respetados de nuestro país no lo reconozcan, hubo un antes y un después en la historia de Costa Rica con el hundimiento del San Pablo.

Cacería de alemanes e italianos

Luego de ese ataque, las autoridades ticas comenzaron la persecusión contra las familias de origen alemán e italiano, como una forma de "cobrarles" el dolor causado por sus coterráneos, muchos fueron expulsados y despojados de sus propiedades.

"Existe mucha especulación respecto a lo ocurrido, por eso me dediqué a investigar y me di cuenta que el submarino U161 había llegado a puerto y disparado ambos torpedos, según la bitácora de la misma que nos hicieron llegar las autoridades estadounidenses.

Todo el mundo se aprovechó de ese suceso, los comerciantes le subieron el precio a la harina, los corruptos se apoderaron de las propiedades de alemanes, italianos y japoneses. Mientras que políticos desconocidos se aprovecharon de la coyuntura para salir a la luz pública.

Otros consideraron que el ataque al San Pablo fue un montaje de los norteamericanos para enfurecer a las masas contra los alemanes costarricenses como Guillermo Niehaus.

Axel Alvarado, historiador limonense pide que la placa conmemorativa se vuelva a ubicar en el muelle donde ocurrieron los hechos y no en Moín como está ahora. Foto: Cortesía Axel Alvarado
Axel Alvarado, historiador limonense pide que la placa conmemorativa se vuelva a ubicar en el muelle donde ocurrieron los hechos y no en Moín como está ahora. Foto: Cortesía Axel Alvarado

El diario La Tribuna de Panamá seis días después de la tragedia explicó que la explosión parecía que se dio de adentro hacia afuera porque quienes llegaron a prestar su ayuda, llevaban dinamita con ellos para disipar el olor a muerto que inundaba el muelle.

"La extracción de los cuerpos tardó más de dos semanas, interminables para sus familias", indicó el historiador de la UCR.

Los días siguientes al ataque los limonenses vivían con miedo por el temor a otro ataque. En el aeropuerto y la Isla Uvita se instalaron cañones.