Nacional

Locura por conocer Coco de Rasta, la soda que nació con el bono Proteger

Este fin se semana los pedidos de comida caribeña subieron montones y el local pasó lleno

Ariel Espinoza y su esposa, Zarella Canizales, están que no caben de la felicidad porque este fin de semana su negocio tuvo un gran aumento en las ventas.

Mucha gente leyó la nota que salió el sábado en La Teja sobre cómo ellos y sus hijos, en media pandemia, usaron el bono Proteger para empezar a venderle rice and beans a sus conocidos y un año después hasta lograron abrir su propio local de comidas caribeñas.

Ariel nos contó que el sábado el movimiento fue tal, que a las 8 de la noche no se habían podido ni sentar a desayunar en forma porque todo el día recibieron pedidos.

Después de un día durísimo de trabajo, terminaron de hacer la limpieza del local a las 2 de la madrugada del domingo y luego de descansar unas horas regresaron para ponerle bonito de nuevo al trabajo.

“La nota ayudó demasiado, la gente empezó a llamarnos, a pedir el menú, a ver de dónde éramos, cómo llegaban al lugar. Obviamente por las restricciones es muy limitado el espacio, pero prácticamente el local estuvo lleno todo el día, eso sí, siempre respetando el aforo permitido.

“Salía una persona y llegaba otra, así estuvo esto toda la tarde. Llegó gente de Heredia, de Ciudad Colón, por ahí amantes del rice and beans que llegaban a ver qué tal era la cuchara de “La Negra” (Zarella), estuvo muy bonito en realidad”, contó el pulseador.

Cadena de ayudas

Esta familia cuenta que después de haber vivido la preocupación de no tener trabajo a causa de la pandemia, cuando empezaron su negocito decidieron ayudar a otras personas que también la estaban viendo bien fea.

“Los mensajeros que nos ayudan a llevar los pedidos a domicilio son personas que perdieron el trabajo por la pandemia. Los proveedores a los que les compramos lo que necesitamos para el local son nacionales, eso también nos permite ayudar a muchas personas que se han visto afectadas por la crisis económica”, explicó Zarella.

Ella dice que, desde el principio, sus hijos y los de Ariel se pusieron la camiseta y les ayudan muchísimo hasta con la cocinada. Ellos se turnan para ir a la soda y hacer lo que haga falta, ya que saben que del éxito del local depende la estabilidad económica de su familia.

La empunchada mamá dice todos en su casa han hecho sacrificios enormes porque el proyecto exige entrega y mucho trabajo, por eso no se quejan cuando deben madrugar o tienen que quedarse trabajando hasta tarde, más bien lo hacen con amor.

Si quiere probar las delicias de Coco de Rasta puede visitar el local que está localizado 700 metros al este de la iglesia católica de Concepción de Tres Ríos.

También puede ver el menú, así como fotos del local y de los deliciosos platillos, en la página de Facebook de Coco de Rasta.

Rocío Sandí

Periodista de la Universidad Internacional de las Américas, con experiencia en Sucesos y Judiciales. Antes trabajó en La Nación y ADN Radio.