Si alguna vez ha notado que un perro comienza a ladrar, se inquieta o busca refugio instantes antes de que usted sienta un temblor, no necesariamente se trata de una coincidencia.
La ciencia ha estudiado esta particular reacción de los animales y existe una explicación relacionada con la forma en que se propagan las ondas sísmicas.
Según información del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), los animales pueden percibir la llegada de ciertas ondas antes que las personas. Eso, sin embargo, es muy diferente a tener la capacidad de anticipar un terremoto con horas o días de antelación.
¿Qué sienten los perros antes de un temblor?
Cuando se produce un sismo, desde su origen comienzan a propagarse diferentes ondas. Las primeras en llegar son las denominadas ondas P o primarias, que viajan más rápido que las ondas asociadas con buena parte de la sacudida fuerte.
Es ahí donde los perros pueden llevar cierta ventaja.
Su oído altamente desarrollado y sensibilidad a las vibraciones pueden hacer que perciban sonidos de baja frecuencia o pequeños movimientos que para una persona todavía resultan imperceptibles.
Por esa razón, mientras alguien permanece tranquilo sin saber lo que está sucediendo, su mascota podría comenzar repentinamente a mostrar un comportamiento diferente.
Estas señales pueden llamar la atención
Entre las reacciones que pueden presentar algunos perros están: ponerse nerviosos o inquietos, ladrar o aullar sin una causa evidente, intentar esconderse, acercarse insistentemente a sus dueños o buscar escapar del lugar.
No obstante, ninguno de estos comportamientos significa por sí mismo que esté a punto de sentirse un terremoto. Un perro puede actuar de esa manera por numerosas razones.
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El USGS señala que las observaciones de comportamientos anormales en animales antes de terremotos existen desde hace mucho tiempo, pero establecer una conducta consistente y confiable que permita predecirlos es otra historia.
El Centro Alemán de Geociencias (GFZ) y científicos vinculados al Instituto Max Planck han estudiado las alteraciones del comportamiento reportadas en animales alrededor de movimientos sísmicos.
La clave está en no confundir detección con predicción.
Que un perro perciba las primeras ondas significa que el fenómeno sísmico ya comenzó. La diferencia de velocidad entre las ondas puede permitir que el animal reaccione segundos antes de que las personas sientan con claridad la sacudida.
Eso no equivale a que pueda saber durante la mañana que habrá un terremoto por la noche, por ejemplo.
Por ello, un perro inquieto no debe interpretarse como un método de alerta sísmica.


