Profesores y estudiantes del Liceo San Carlos, en Ciudad Quesada, se fajaron haciendo pupitres desde febrero y entre reparar y restaurar ya tienen listos unos 800.
Como las clases estuvieron suspendidas casi dos años, cuando los estudiantes regresaron a las aulas se dieron cuenta que el comején había hecho fiesta y arruinó parcial o totalmente unos 650 pupitres.
En el centro educativo aprenden unos 1.200 estudiantes y en febrero de este año prácticamente la mitad recibía clases sentados en el suelo. Así de mal estaban las cosas.
Luis Guillermo Arias, profesor de artes industriales, cuenta que ante semejante problemón hubo que mover cielo y tierra para ver cómo lo solucionaban.
La falta de pupitres va más allá de una incomodidad e incluso puede causar que estudiantes tomen la decisión de pasarse de liceo o dejar los estudios botados.
Resulta que algunas de las oficinas del ministerio de Educación Pública que estaban en Plaza Rofas, San José (frente a la entrada de emergencias del Hospital San Juan de Dios) se pasaron (en setiembre del 2021) a Torre Mercedes (pisos 5, 7 y 10), en paseo Colón.
Como en uno de los pisos que ocupaba en Plaza Rofas el MEP había pagado las divisiones y otras paredes, ese material era del Estado, así que el ministerio lo retiró y donó esa madera a diferentes direcciones regionales.
En la lista estaba la de Ciudad Quesada y en febrero comenzó a llegar ese material al Liceo San Carlos.
“Teníamos un problema y había que darle solución, por eso desde febrero estamos haciendo pupitres. Los profesores y todos los estudiantes se han comprometido. Se dan las clases normales y aprovechamos al máximo el tiempo para ir haciendo.
“Ha sido una perfecta y muy bonita identidad de los estudiantes, ahora ellos cuidan demasiado cada pupitre. Se dieron cuenta lo que cuesta reparar o restaurar un pupitre, por eso no dejan que nadie los ande rayando”, explica el profesor Arias.
La institución lucha para lograr alcanzar el objetivo de tener un pupitre en perfecto estado para cada colegial (y va por buen camino).
“Hasta el día de hoy no se dejan de hacer pupitres con la madera que nos regaló el MEP. Hemos podido ver que algunos alumnos hasta compiten a ver quién hace más. El hacer estas labores en artes industriales nos sirvió para fortalecer valores de trabajo, unión de grupo y cuidado de la infraestructura colegial”, agregó el educador.
En el MEP nos explicaron que también la regional de Nicoya y la de Sulá (en Limón) recibieron madera, pero no la destinaron a pupitres sino a mejoras en aulas.




