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Mamá alajuelense: “Gracias al Covid-19 descubrí mi mejor versión de mujer”

Lucía, una mamá y esposa de Alajuela, se envalentonó y abrió su propio negocio para hacerle frente a la pandemia

Lucía Miranda Quesada, a sus 30 años, con tres de casada y casi 3 de ser mamá, logró, gracias a la pandemia, descubrir todas sus capacidades y vencer sus complejos.

“Siempre me vi como una empleada de alguien, trabajando para otros, eso lo tenía claro, lo mío era trabajar en una empresa y punto. Al nacer mi hija (Victoria), pues como me despidieron embarazada, me dediqué a ser mamá las 24 horas, mi trabajo fue de ama de casa.

“Hasta febrero de este año todo lo tenía claro: ama de casa y mi esposo trabajando para sacar adelante la familia. Punto. A partir de marzo todo cambió, mi esposo tuvo que cerrar el negocio, se quedó sin ingresos y fue así, gracias al covid-19 que descubrí mi mejor versión de mujer”.

Es el resumen que hace doña Lucía Miranda Quesada, vecina de El Roble de Alajuela, quien, a sus 30 años, con tres de casada y casi tres de ser mamá, logró, gracias a la pandemia, descubrir todas sus capacidades y vencer sus complejos.

Lucía Miranda Quesada, a sus 30 años, con tres de casada y casi 3 de ser mamá, logró, gracias a la pandemia, descubrir todas sus capacidades y vencer sus complejos.

“Antes del covid-19 estaba en una comodidad bastante fea. Como mi hija fue prematura (nació a las 27 semanas, eso son 6 meses), en sus 2 años y 8 meses que tiene ella, mi maternidad era de terapias de lenguaje y citas en el Hospital de Niños, el México y el de Alajuela. Nada más. Dejé de hacer lo que a mí me gustaba”, confesó.

Llegó la pandemia

Doña Lucía está casada con don Felipe Baez, quien es peluquero de profesión y alquilaba un local pagando puntual hasta marzo pasado, al llegar la pandemia todo cambió porque las restricciones sanitarias cerraron por muchas semanas los comercios del país, incluidas las barberías.

“Justo cuando se cerró todo, a partir de Semana Santa, nosotros teníamos encima el pago del alquiler de la casa y de la barbería, además, los recibos de la casa y el local, fue entonces cuando llegamos al límite, hubo que tomar decisiones o comíamos o pagábamos recibos, esa situación me hizo despertar y darme cuenta del don que Dios me dio y que no estaba aprovechando.

Lucía Miranda Quesada, a sus 30 años, con tres de casada y casi 3 de ser mamá, logró, gracias a la pandemia, descubrir todas sus capacidades y vencer sus complejos. En la foto con su hija, Victoria.

“Primero se me ocurrió hacer empanaditas de chiverre y de piña para vender. Después me metí a un curso de decoración de queques, pero se quedó a medio palo por los cierres de la segunda ola; sin embargo, la profe y el Internet me ayudaron mucho para afinar lo que no vi en clases y así me tiré al agua haciendo queques y todo tipo de reposterías”, recordó.

Cuando la restricción vehicular no era tan dura, el matrimonio salía a repartir la repostería, pero al llegar los martillazos más duros ya no pudieron salir a repartir porque Alajuela es cantón naranja y solo pueden salir dos días a la semana, fue ahí donde una amiga le pegó una gran salvada.

“Me prestaron una bicicleta para ir a repartir. Usted no sabe cómo me monté yo a esa bici el primer día. Es que yo siempre tuve mi autoestima muy baja, nunca me creí capaz de nada, siempre me convencí que lo mío era ser empleada de alguien, nada más”, dijo.

Lucía Miranda Quesada, a sus 30 años, con tres de casada y casi 3 de ser mamá, logró, gracias a la pandemia, descubrir todas sus capacidades y vencer sus complejos.

El día que le tocó ponerse un bolso gigantesco en la espalda y comenzar a pedalear se llenó de vergüenza y miedo, sentía que iba a fracasar y que la gente al verla se iba a burlar porque, según ella, se veía muy ridícula.

“Tuve que luchar muy duro contra esos pensamientos negativos, contra esa derrota interna y comprender que no debe importarme nada”, reconoció.

Una nueva mujer

“Nada de la repostería que hago ahora sabía hacerla antes del covid-19. La pandemia me demostró todo de lo que soy capaz y me permite, gracias a Dios, poder pagar mis deudas, incluso las más altas y así quitarle un gran peso de encima a mi esposo, con lo cual, hay más plata para la familia y así ganamos todos, por eso no me importa hornear de madrugada o trabajar mucho, vale la pena porque soy mi propia jefe”, dice con orgullo.

Lucía Miranda Quesada, a sus 30 años, con tres de casada y casi 3 de ser mamá, logró, gracias a la pandemia, descubrir todas sus capacidades y vencer sus complejos.

No se apura, entiende que el conocer todo su potencial necesita tiempo, además, disfruta cada pasito positivo que va dando.

“Ya entendí que no tengo límites y que puedo hacer realidad mis sueños; siempre soñé con tener una cafetería, pues bien, hacia ahí apunto ahora mis objetivos.

“Si usted me hubiese preguntado el 31 de diciembre pasado cómo pensaba que iba a ser mi 2020, le hubiese dicho que igual al de una mamá de 24 horas. Nunca me imaginé que iba a tener mi propio emprendimiento”.

Si bien a muchas personas el coronavirus le trajo situaciones negativas, a doña Lucía, como ella misma dice, le sirvió para empoderarse.

Lucía Miranda Quesada, a sus 30 años, con tres de casada y casi 3 de ser mamá, logró, gracias a la pandemia, descubrir todas sus capacidades y vencer sus complejos.

“Hace cinco años estudiaba gastronomía en la Universidad Técnica Nacional y tuve que dejarla por falta de dinero, cursé dos años en la carrera de Administración Gastronómica y Hotelera, me faltan como cuatro más para graduarme de chef profesional, bueno, ahora esta nueva Lucía ya no tiene excusas, ese título está en mi horizonte”, dijo con gran pasión una doña Lucía que día con día le crece la clientela.

Si usted quiere hacerle pedidos de su rica cuchara, puede buscarla en Facebook como “Lulu’s Bakeri Pastelería Artesanal” o bien llamarla al 7052-6549″.

Lucía Miranda Quesada, a sus 30 años, con tres de casada y casi 3 de ser mamá, logró, gracias a la pandemia, descubrir todas sus capacidades y vencer sus complejos.