Ante los ojos de la presidenta de la República, Laura Fernández, diputados, jerarcas de gobierno y cientos de costarricenses que asistieron a la solemne misa del 2 de agosto en Cartago, monseñor José Manuel Garita aprovechó la homilía para enviar un mensaje directo a quienes tienen en sus manos el rumbo del país: Costa Rica necesita menos violencia, menos corrupción y más diálogo, honestidad, oportunidades y unidad.
Aunque nunca mencionó a una autoridad en particular, el obispo de Ciudad Quesada aprovechó la homilía para describir el país en el que viven miles de familias y el que, a su juicio, debería construirse desde el servicio público.
“Costa Rica continúa experimentando desafíos que no podemos ignorar: la violencia sigue sembrando dolor en muchos hogares, la criminalidad hiere profundamente el tejido social, el narcotráfico continúa destruyéndonos; la corrupción sigue causando daño, injusticia y escándalo; numerosas familias viven con incertidumbre frente al futuro; la pobreza sigue golpeando a muchos hermanos que carecen de oportunidades dignas”, afirmó.
Lejos de quedarse en enumerar problemas, hizo un llamado a quienes toman decisiones para que le den prioridad a la unión por encima de las diferencias.
“Necesitamos fortalecer la comunión, abrir espacios de diálogo sincero, cultivar el respeto mutuo y buscar juntos el bien común por encima de los intereses particulares”, expresó.
El obispo insistió en que el país necesita volver a encontrarse y dejar de lado las divisiones que impiden avanzar.
“Por ello, necesitamos redescubrir el valor de la unidad. Unidad que no significa pensar todos igual, sino aprender a reconocernos como hermanos, aceptando que cada uno puede aportar al todo, a la verdad y a los fines que buscamos”, dijo.
Misión con honestidad
Garita fue todavía más claro al referirse al tipo de liderazgo que necesita Costa Rica.
“Nuestro país necesita hombres y mujeres capaces de escucharse y de respetarse, incluso, cuando piensan distinto, de trabajar juntos por la justicia, la paz y el desarrollo integral de todos. Necesita... gobernantes y servidores públicos que ejerzan su misión con honestidad, altura y espíritu de servicio”, manifestó.
Para el obispo, la Virgen de los Ángeles sigue recordándole al país que “la verdadera unidad no consiste en pensar todos igual”, sino en reconocerse como hermanos y construir acuerdos que beneficien a toda la población.
La Virgen nos acerca
“La Virgen siempre nos reúne y nos acerca unos a otros; Ella quiere suscitar entre nosotros armonía, fraternidad, tolerancia y entendimiento que nos unan verdaderamente como hermanos, para sacar adelante a Costa Rica en medio de sus desafíos, preocupaciones y urgencias que nos afectan a todos”, dijo.
En la parte final de su mensaje, dejó una frase que resumió el país que desea ver.
“Nuestra Señora de los Ángeles ha sido, a lo largo de nuestra historia, factor indiscutible de identidad y de unidad nacional. Cuando el país ha vivido momentos difíciles, el pueblo ha vuelto sus ojos hacia la Madre.
“Ella nos recuerda que somos una sola familia y que el futuro de Costa Rica solo podrá construirse desde la armonía, el entendimiento y la búsqueda honesta de intereses y metas comunes que garanticen el bienestar integral de todos“.
Para concluir, aseguró: “La verdadera corona será una Costa Rica reconciliada consigo misma, una nación donde disminuya la violencia porque crece el respeto por la vida, donde haya más oportunidades para los pobres, donde los jóvenes puedan recuperar la esperanza y las familias vuelvan a encontrarse; un país donde prevalezca la cultura del encuentro, la unidad y la paz”, concluyó.
