.19 febrero, 2019

“Tuve que convertirme en adulto a los 13 años”, cuenta Marek, agredido sexualmente por un cura en Polonia cuando era un niño. Después de una larga batalla judicial, su agresor fue “suspendido” durante tres años y condenado a “presentarle disculpas”, algo que nunca hizo.

Jacques fue víctima de un sacerdote en Suiza a los 14 años y luchó sin descanso para que la Iglesia católica reconociera la gravedad del abuso.

José Andrés Murillo ayudó a denunciar a un influyente sacerdote que abusó de él, un escándalo que hizo temblar a toda la Iglesia chilena. Su lucha es contra el abuso en la Iglesia, no contra la Iglesia.

La vida de ellos cambió para siempre tras los abusos que sufrieron, pero tuvieron que esperar años para obtener algo de justicia.

Durante años, la Iglesia católica se ha resistido a cualquier cambio, pero ha comenzado a ceder frente a la presión de las víctimas, los medios y el alejamiento de los fieles.

“O me suicidaba o lo denunciaba”, cuenta Jacques, ahora de 70 años, que fue abusado sexualmente entre los 14 y 20 años. “Fue una larga lucha”, añade este suizo que en 2009 terminó por salir del silencio para obtener “justicia”.

Tuvieron que pasar cinco años para que los responsables de la congregación de su agresor “entendieran la gravedad” de su acto, y “reconocieran la responsabilidad moral de la institución”.

“Un cura me violó cuando tenía 17 años”, cuenta Denise, una jamaiquina a ahora de 57. “Me dejó embarazada” y “me hizo abortar”. “Después de eso, no pude tener hijos”.

Pese a que Denise Buchanan luchó durante años y escribió cartas directamente al papa, su agresor nunca fue condenado.

Este martes órdenes religiosas católicas de todo el mundo se disculparon por no responder cuando sus sacerdotes violaron a niños, reconociendo que hubo negaciones y encubrimientos inaceptables.

Esas disculpas son insuficientes, sin embargo, hay una luz a partir de este jueves cuando el papa Francisco sea anfitrión de una cumbre de cuatro días para prevenir el abuso sexual del clero, una reunión con muchas expectativas cuya intención es que los obispos sepan que el problema es mundial y que el encubrimiento tendrá consecuencias.

La reunión se realiza en un momento crítico para la Iglesia y el papado de Francisco, tras la explosión del escándalo en Chile del año pasado y una renovada indignación en Estados Unidos ante décadas de encubrimiento que salieron a la luz en Pensilvania.

Los pecados han sido enormes, la penitencia debe ser aún mayor...