La Copa Mundial 2026 empieza mucho antes del pitazo inicial y termina mucho después del silbatazo final.
Se juega en las calles, en los aeropuertos, en los parques, entre desconocidos que se abrazan como viejos amigos y en quienes recorren miles de kilómetros con una bandera al hombro para sentirse un poquito más cerca de casa.
Eso fue lo que descubrió John Durán, fotógrafo de La Teja, quien viajó hasta Ciudad de México para cubrir la máxima fiesta del fútbol y terminó encontrando un Mundial diferente, uno donde los protagonistas casi nunca aparecen en la transmisión de televisión.
Mucho más que un partido
Todo comenzó en el aeropuerto tico entre cámaras, lentes y gran expectativa. Después vino el aterrizaje en Ciudad de México, el recorrido hasta el Estadio Azteca para recoger la acreditación y un tránsito complicado por cierres de calles y manifestaciones.
“Todo comenzó en el aeropuerto Juan Santamaría, con una maleta cargada de equipo, ilusión y la responsabilidad de contar, a través de mis fotografías, uno de los eventos más grandes del planeta.
“Desde ese primer despegue sabía que no iba únicamente rumbo a México, iba rumbo a una experiencia que marcaría mi carrera y mi vida como fotoperiodista.
“No fue un recorrido sencillo, pero así es este oficio: adaptarse, resistir y seguir adelante, porque detrás de cada dificultad siempre hay una imagen que vale la pena buscar”, recordó.
La inauguración entre México y Sudáfrica (el pasado 11 de junio) fue el inicio de una aventura que le permitió entrar al estadio, preparar su equipo y compartir espacio con colegas de todas partes del mundo.
El fútbol que pocos ven
Sin embargo, algunas de las mejores fotografías no nacieron dentro del estadio, mucho menos dentro del rectángulo de zacate.
Las encontró caminando por la ciudad, observando a miles de aficionados convertir parques, plazas y monumentos en una fiesta donde no importaba el idioma ni la nacionalidad.
“Ser fotoperiodista en un Mundial no es solamente tomar fotos. Es estar atento a la emoción más mínima, al gesto más humano, al abrazo, al grito, a la lágrima, a la euforia, a todo aquello que convierte un partido en una historia. Esta travesía ha sido una prueba de resistencia, disciplina y amor por este oficio.
“Detrás de cada fotografía hay kilómetros recorridos, madrugadas, tráfico, cansancio y presión, pero también la recompensa inmensa de congelar para siempre un instante que millones de personas están viviendo al mismo tiempo”, contó.
Uno de esos escenarios fue la Aldea Global 2026, instalada en el bosque de Chapultepec, donde familias enteras, turistas y aficionados sin boleto vivían la Copa del Mundo entre música, gastronomía, actividades y pantallas gigantes.
Más tarde llegó el turno del Ángel de la Independencia, que por varias horas dejó de ser un monumento mexicano para convertirse en un rincón de Colombia, gracias a cientos de aficionados vestidos de amarillo que llenaron el lugar de tambores, humo, abrazos y canciones ante el triunfo colombiano 3-1 ante Uzbequistán el pasado 17 de junio. John, uno más, porque es colombiano.
Historias que no salen en la transmisión
Pero el lente de John también encontró escenas inesperadas. En las calles de Ciudad de México observó cómo algunas personas acudían a chamanes y realizaban rituales entre humo, hierbas y rezos para pedir buena suerte antes de los partidos.
“El fútbol aquí también se mezcla con las creencias, con las costumbres populares y con esa espiritualidad urbana que hace parte de la esencia de la ciudad. Era posible ver personas buscando buena energía, protección o simplemente la esperanza de un buen resultado.
“Era otra forma de vivir el Mundial, no solo desde la emoción del juego, sino también desde la tradición, la superstición y la necesidad humana de creer”, explicó.
Mientras el mundo sigue cada gol, John continúa buscando esas imágenes que muchas veces pasan inadvertidas, pero que terminan contando la historia más completa del Mundial: la de la gente que hace del fútbol una celebración capaz de unir culturas, idiomas y corazones, incluso cuando el balón no está rodando.












